Frente a la represión, en el congreso de ADOSAC, los maestros santacruceños no dudaron en llamar y organizar el paro provincial, encontrando apoyo y solidaridad en una buena parte del pueblo trabajador de Santa Cruz. Pero el congreso provincial fue por más y le exigió a la CTERA un paro de alcance nacional.
Es un hecho que la represión a los trabajadores de la educación sureños, generó bronca e indignación en todo el país. Pero la burocracia sindical docente, alineada en su inmensa mayoría con el kirchnerismo, se encargó de aplacarla y de encarrilarla emitiendo tibios comunicados y declaraciones, cumpliendo, así, su rol al pie de la letra. Por eso, se negó a llamar a toda la docencia del país a parar en apoyo a los trabajadores en lucha y se limitó a pedir el “esclarecimiento de los hechos”. En la Capital Federal, la dirección celeste de la UTE, en lugar de hacerse eco del reclamo de los docentes del sur, se contentó con declarar el “estado de alerta”. Similar, fue la reacción de la conducción del SUTEBA.
Evidentemente, la burocracia celeste ni siquiera se hace cargo de las palabras de su jefe máximo, Hugo Yasky, quien, cuando el fusilamiento de nuestro compañero Carlos Fuentealba, declaró que “el límite es la represión”. Si ni la CTERA, ni ninguna de las CTA, convoca a la lucha ante estos hechos represivos contra los trabajadores, es evidente que con su política están dando vía libre a la represión de su gobierno. Situación que los hace tan responsables como el gobierno, la policía y la patota sindical.
El aislamiento de la lucha de los docentes de Santa Cruz y la inacción frente a la represión oficialista, es una de las tantas consecuencias directas del alineamiento de la conducción sindical con un gobierno patronal como es el que regentea el kirchnerismo, tanto a nivel nacional con Cristina Fernández al frente, como a nivel provincial con Daniel Peralta. En los hechos, la CTERA está apostando a la derrota de la lucha en el sur del país.