Mientras el pueblo trabajador sigue condenado a la pobreza, varias de las empresas más poderosas del mundo realizan excelentes negocios en Argentina, facturando millones de dólares, favorecidos por las políticas proempresarias del gobierno kirchnerista.
El último informe cambiario realizado por el Banco Central, alertaba sobre el aumento de la “fuga de capitales” durante 2010. Este proceso, de por sí característico de países dependientes como Argentina, se ha agudizado durante los años de gestión kirchnerista, como consecuencia de sus políticas marcadamente proempresarias y proimperialistas, y tiene su base en los miles de millones de dólares que la clase capitalista obtiene en el país, a través de la explotación de la clase trabajadora, del saqueo de los recursos naturales y de la usura, y que luego son invertidos en alguna banca extranjera o engordan los ingresos de las casas matrices de las multinacionales. Sobre este último punto, según el mismo informe del Banco Central, la transferencia de ganancias durante el segundo trimestre fue récord, llegando a los u$s2.125 millones, evidencia más que contundente de los grandes negocios que los principales pulpos capitalistas realizan en el país.
En nuestro número anterior de El Revolucionario, citamos, por ejemplo, los casos de la canadiense Barrick Gold, que se enriquece con la explotación de los recursos mineros nacionales, y de la empresa alimenticia Pepsico, dónde uno de sus máximos representantes insistía en una entrevista sobre la “excelente” situación de sus negocios.
Es claro, pues, que las empresas multinacionales facturan millonarias ganancias aprovechando los bajos salarios que le garantizan de conjunto el gobierno kirchnerista y la burocracia sindical, las condiciones de flexibilización laboral, donde son moneda corriente los contratos temporarios, por agencia y la tercerización, y un sinnúmero de leyes y prácticas proempresarias impulsadas desde el estado.
Y Pepsico y Barrick Gold, desde luego, son sólo dos de los tantos ejemplos. En el mes de agosto, se reunieron directivos de ocho de las empresas yanquis más importantes que operan en el país para debatir sobre sus negocios en Argentina. Como muestra de su poderío, basta con mencionar que, según calculó el diario La Nación, estas “ocho compañías norteamericanas (…) suman entre sí una facturación anual que duplica el PBI argentino”. Dentro de ese grupo, se cuentan empresas como Ford, General Motors, 3M, General Electric, Microsoft y Motorola.
De la misma forma que el directivo de Pepsico, todos ellos destacaron, luego de la reunión, los excelentes resultados de sus negocios en el país en los últimos años y confesaron que esperan que el panorama continúe siendo altamente positivo en 2011. “Nuestra actividad industrial va a ser alta el año que viene, probablemente un poco más que este año.”, destacó el presidente local de Ford, Enrique Alemany, sintetizando el pensamiento de los demás directivos.
Y, claro está, tienen sus motivos para celebrar y para ser optimistas sobre el futuro de sus negocios. Es que, además del saldo ampliamente favorable de sus balances, el kirchnerismo les ha dado sobradas demostraciones de su carácter proempresario.
“Tenemos una estructura de costos que nos permite competir”, aseguró el presidente de Ford, haciendo innegable referencia a los bajos salarios, que, como ya señaláramos, representa una de las ventajas más importantes que les ofrecen el kirchnerismo y la burocracia sindical a los capitalistas de todo tipo.
También contaron con la colaboración del gobierno y la burocracia cuando lanzaron despidos y suspensiones a mansalva durante los momentos críticos de la crisis económica en 2008, que golpearon fuerte, entre otros, a los trabajadores de la industria automotriz. Y, por si no fuera suficiente, mientras todo esto sucedía, Cristina Fernández aportaba millonarios subsidios a empresas como General Motors, asegurando que de esa forma se garantizaban los puestos de trabajo.
Idéntico rol proempresario y proimperialista que se verificó el año pasado, durante el conflicto en la multinacional Kraft, cuando el gobierno avaló decenas de despidos y, a pedido de la patronal y de la embajada yanqui, descargó toda la represión que fue necesaria sobre los trabajadores que luchaban contra la arbitrariedad de la empresa.
No tienen, por lo tanto, motivos para dudarlo. El gobierno peronista de los Kirchner continuará haciendo todo lo que sea preciso para garantizar que las multinacionales yanquis o europeas continúen disfrutando de extraordinarias ganancias en Argentina, a través de la explotación del pueblo trabajador y el saqueo de los recursos del país.