Los negocios del Bicentenario

Mientras el gobierno se resiste a invertir lo mínimo necesario para mejorar un poco la situación de los millones de trabajadores, despilfarró una enorme fortuna en las celebraciones organizadas, con la excusa del Bicentenario, para fortalecerse y lanzar su campaña electoral.

Según el secretario de cultura, se gastaron 15 millones de pesos en la construcción y espectáculos del Paseo del Bicentenario. Sin embargo, en la mayoría de los medios se evaluó, como cifra más cercana a la realidad, la de 40 millones de pesos. Creíble, si se considera que sólo por la limpieza de la Av. 9 de Julio, el gobierno nacional le tuvo que transferir dos millones al gobierno de la ciudad.

En el Centenario se construyó el Palacio de Correos, que ahora fue remodelado y convertido en Centro Cultural del Bicentenario. ¿El costo? Cuando esté terminado, se habrán gastado 900 millones. ¿Cuántas viviendas populares se podrían construir con ese dinero?

Sólo cien millones, pero de dólares, se fueron en la restauración del Teatro Colón, mientras en el Hospital Garrahan revientan las cloacas en la sala de guardia, repleta de niños inmunodeprimidos, y, en el mismo Colón renovado, prosigue el conflicto con los trabajadores, por las malas condiciones laborales y 138 de ellos que fueron desplazados a la administración pública comunal.

Los gobiernos provinciales no dejaron de hacer lo suyo. En San Luis, por ejemplo, el gobernador Rodríguez Saá hizo construir una nueva casa de gobierno, en forma de pirámide luminosa, que remite al antiguo Egipto y costó 350 millones. El 25, durante su inauguración, los docentes en lucha repartían volantes denunciando: “el pueblo debe pagar los delirios del faraón”.

En Neuquén se inauguró la Plaza del Bicentenario, a un costo de un millón de pesos, y, en Tucumán, Néstor Kirchner en persona cortó la cinta inaugural del moderno y nuevo edificio del PJ, en pleno centro, que costó 2.700.000 pesos y seguramente no se pagó con los aportes de los afiliados.

Un verdadero despilfarro, sin olvidar los formidables pagos a los artistas que participaron. Pero la fiesta no terminó. A lo largo del año, siempre con la excusa del Bicentenario, están previstas inauguraciones a lo largo y ancho del país, que, en cada oportunidad, darán la plataforma a un acto de campaña no declarado y al deslizamiento de los dineros correspondientes a los bolsillos de empresarios y funcionarios, los únicos que se benefician, mientras la inflación se come los salarios y el pueblo trabajador vive cada vez peor.