¡VIVA EL EJEMPLO DE LA REVOLUCIÓN CUBANA!

1959 – 1º DE ENERO – 2007

El Revolucionario Nº20 (Diciembre de 2006)

“El revolucionario, motor ideológico de la re­volución dentro de su partido, se consume en esa actividad ininterrumpida que no tiene más fin que la muerte, a menos que la construcción se logre en escala mundial. Si su afán de revo­lucionario se embota cuando las tareas más apremiantes se ven realizadas a escala local y se olvida del internacionalismo proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra, aprovechada por nuestro enemigo irreconcilia­ble, el imperialismo, que gana terreno. El internacionalismo proletario es un deber pero también es una necesidad revolucionaria. Así educamos a nuestro pueblo”.
(Ernesto Che Guevara, El socialismo y el hombre en Cuba)

A 48 años del triunfo de la revolución en Cuba, brindamos nuestro profundo homenaje a un pueblo y sus dirigentes revolucionarios que lucharon incansablemente para tumbar a la burguesía y el imperialismo, y forjar en su país una sociedad socialista.
A continuación reproducimos un relato del proceso revolucionario desde el desembarco del Granma hasta la toma del poder en enero de 1959. Ha sido tomado del texto Notas para el estudio de la ideología de la revolución cubana escrito un año después de la toma del poder por el más alto ejemplo de la revolución, el Comandante Ernesto Che Guevara.

Para mejor comprensión del movimiento re­volucionario cubano, hasta el primero de enero, habría que dividirlo en las siguientes etapas: antes del desembarco del Granma; desde el des­embarco del Granma hasta después de las vic­torias de la Plata y Arroyo del Infierno; desde estas fechas hasta el Uvero y la constitución de la Segunda Columna guerrillera; de allí hasta la constitución de la Tercera y la Cuarta y la invasión hacia Sierra de Cristal y establecimien­to del Segundo Frente; la huelga de abril y su fracaso; el rechazo de la gran ofensiva; la inva­sión hacia Las Villas.
Cada uno de estos pequeños momentos his­tóricos de la guerrilla va enmarcando distintos conceptos sociales y distintas apreciaciones de la realidad cubana que fueron contorneando el pensamiento de los líderes militares de la revo­lución, lo que, con el tiempo, reafirmaría tam­bién su condición de líderes políticos.
Antes del desembarco del Granma, predomi­naba una mentalidad que hasta cierto punto pudiera llamarse subjetivista; confianza ciega en una rápida explosión popular, entusiasmo y fe en poder liquidar el poderío batistiano por un rápido alzamiento combinado con huelgas revolucionarias espontáneas y la subsiguiente caída del dictador. El movimiento era el here­dero directo del Partido Ortodoxo y su lema cen­tral: "Vergüenza contra dinero". Es decir, la honradez administrativa como idea principal del nuevo gobierno cubano.
Sin embargo, Fidel Castro había anotado en "La historia me absolverá", las bases que han sido casi íntegramente cumplidas por la revo­lución, pero que han sido también superadas por ésta, yendo hacia una mayor profundización en el terreno económico, lo que ha traído parejamente una mayor profundización en el te­rreno político, nacional e internacional.
Después del desembarco viene la derrota, la destrucción casi total de las fuerzas, su reagrupamiento e integración como guerrilla. Ya el pequeño número de sobrevivientes y, ade­más, sobrevivientes con ánimo de lucha, se ca­racteriza por comprender la falsedad del esque­ma imaginado en cuanto a los brota espontá­neos de toda la isla, y por el entendimiento de que la lucha tendrá que ser larga y deberá con­tar con una gran participación campesina. Aquí se inician también los primeros ingresos de los campesinos en la guerrilla y se libran dos en­cuentros, de poca monta en cuanto al número de combatientes pero de gran importancia psi­cológica debido a que borró la susceptibilidad del grupo central de esta guerrilla, constituido por elementos provenientes de la ciudad, contra los campesinos. Estos, a su vez desconfiaban del grupo y, sobre todo, temían las bárbaras represalias del gobierno. Se demostraron en esta etapa dos cosas, ambas muy importantes para los factores interrelacionados: a los campesinos, que las bestialidades del ejército y toda la per­secución no serían suficientes para acabar con la guerrilla, pero sí serían capaces dé acabar con sus casas, sus cosechas y sus familias, por lo que era una buena solución refugiarse en el seno de aquélla, donde estaban cubiertas sus vidas; a su vez, aprendieron los guerrilleros la necesidad cada vez más grande de ganarse a las masas campesinas, para lo cual, obviamen­te, había que ofrecerles algo que ellos ansiaran con todas sus fuerzas: y no hay nada que un campesino quiera más que la tierra.
Prosigue luego una etapa nómada en la cual el Ejército Rebelde va conquistando zonas de influencia. No puede todavía permanecer mu­cho tiempo en ellas pero el ejército enemigo tam­poco logra hacerlo y apenas puede internarse. En diversos combates se va estableciendo una especie de frente no bien delimitado entre las dos partes
El 28 de mayo de 1957 se marca un hito, al atacar en el Uvero a una guarnición bien arma­da, bastante bien atrincherada y con posibili­dades de recibir refuerzos rápidamente: al lado del mar y con aeropuerto. La victoria de las fuerzas rebeldes en este combate, uno de los mas sangrientos llevado a cabo, ya que quedó un treinta por ciento de las fuerzas que entra­ron en combate fuera de él, muertas ó heridas, hizo cambiar totalmente el panorama; ya había un territorio en el cual el Ejército Rebelde campeaba por sus respectos, de donde no se fil­traban hacia el enemigo las noticias de ese ejér­cito y de donde podía, en rápidos golpes de mano, descender a los llanos y atacar puestos del ad­versario.
Poco después, se produce ya la primera se­gregación y se establecen dos columnas comba­tientes. La segunda lleva, por razones de enmascaramiento bastante infantiles, el nombre de 4a. Columna. Inmediatamente dan mues­tras de actividad las dos y, el 26 de julio, se ataca a Estrada Palma y, cinco días después, a Bueycito, a unos treinta kilómetros de este lu­gar. Ya las manifestaciones de fuerza son más importantes, se espera a pie firme a los represores, se les detiene en varias tentativas de subir a la sierra y se establecen frentes de lucha con amplias zonas de tierra de nadie, vul­neradas por incursiones punitivas de los dos bandos pero manteniéndose, aproximadamente, los mismos frentes.
Sin embargo, la guerrilla va engrosando sus fuerzas con sustancial aporte de los campesi­nos de la zona y de algunos miembros del Mo­vimiento en las ciudades, haciéndose más combativa, aumentando su espíritu de lucha. Parten en febrero del año 58, después de sopor­tar algunas ofensivas que son rechazadas, las columnas de Almeida, la 3, a ocupar su lugar cerca de Santiago y la de Raúl Castro, que reci­be el numero 6 y el nombre de nuestro héroe Frank País, muerto pocos meses antes. Raúl realiza la hazaña de cruzar la carretera central los primeros días de marzo de ese año; inter­nándose en las lomas de Mayari y creando el Segundo Frente Oriental Frank País.
Los éxitos crecientes de nuestras fuerzas re­beldes se iban filtrando a través de la censura y el pueblo iba rápidamente alcanzando el climax de su actividad revolucionaria. Fue en este momento que se planteó, desde La Haba­na, la lucha en todo el territorio nacional me­diante una huelga general revolucionaria que debía destruir la fuerza del enemigo, atacándola simultáneamente en todos los puntos.
La función del Ejército Rebelde sería, en este caso, la de un catalizador o, quizás, la de una "espina irritativa" para desencadenar el movi­miento. En esos días nuestras guerrillas au­mentaron su actividad, y empezó a crear su le­yenda heroica Camilo Cienfuegos, luchando por primera vez en los llanos orientales, con un sentido organizativo y respondiendo a una di­rección central.
La huelga revolucionaria, sin embargo, no estaba planteada adecuadamente, pues desco­nocía la importancia de la unidad obrera y no se buscó el que los trabajadores, en el ejercicio mismo de su actividad revolucionaria, eligie­ran el momento preciso. Se pretendió dar un golpe de mano clandestino, llamando a la huel­ga desde una radio, ignorando que el secreto del día y la hora se había filtrado a los esbirros pero no al pueblo. El movimiento huelguístico fracasó, siendo asesinado inmisericordemente un buen y selecto número de patriotas revolucio­narios.
Como dato curioso, que debe anotarse algu­na vez en la historia de esta revolución, Jules Dubois, el correveidile de los monopolios norte­americanos, conocía de antemano el día en que se desencadenaría la huelga.
En este momento se produce uno de los cam­bios cualitativos más importantes en el desa­rrollo de la guerra, al adquirirse la certidumbre de que el triunfo se lograría solamente por el aumento de las fuerzas guerrilleras, hasta de­rrotar al ejército enemigo en batallas campales.
Ya entonces se han establecido amplías rela­ciones con el campesinado: el Ejército Rebelde ha dictado sus códigos penales y civiles, imparte justicia, reparte alimentos y cobra impues­tos en las zonas administradas. Las zonas ale­dañas reciben también la influencia del Ejérci­to Rebelde, pero se preparan grandes ofensivas que, en dos meses de lucha, arrojan un saldo de mil bajas para el ejército invasor, totalmente desmoralizado, y un aumento en seiscientas ar­mas de nuestra capacidad combatiente.
Está demostrado ya que el ejército no puede derrotarnos, definitivamente no hay fuerza en Cuba capaz de hacer doblegar los picachos de la Sierra Maestra y todas las lomas del Segundo Frente Oriental Frank País; los caminos se tor­nan intransitables en Oriente para las tropas de la tiranía. Derrotada la ofensiva, se encarga a Camilo Cienfuegos, con la Columna No. 2, y al autor de estas líneas, con la Columna No. 8 Ciro Redondo, el cruzar la provincia de Camagüey, establecerse en Las Villas cortar las comunicaciones del enemigo. Camilo debía lue­go seguir su avance para repetir la hazaña del héroe cuyo nombre lleva su columna, Antonio Maceo: la invasión total de Oriente a Occiden­te.
La guerra muestra en este momento una nue­va característica; la correlación de fuerzas se vuelca hacia la revolución, dos pequeñas colum­nas de ochenta, y ciento cuarenta hombres, cru­zarán durante mes y medio los llanos de Camagüey, constantemente cercados o acosados por un ejército que moviliza miles de soldados, llegarán a Las Villas e iniciarán la tarea de cortar en dos la isla.
A veces resulta extraño, otras veces incom­prensible y, algunas más, increíble el que se puedan batir dos columnas de tan pequeño tamaño, sin comunicaciones, sin movilidad, sin las más elementales armas de la guerra moder­na, contra ejércitos bien adiestrados y sobrearmados. Lo fundamental es la característica de cada grupo; cuanto más incómodo está, cuanto más adentrado en los rigores de la na­turaleza, el guerrillero se siente más en su casa, su moral más alta, su sentido de seguridad más grande. Al mismo tiempo, en cualquier cir­cunstancia ha venido a jugar su vida, a tirarla a la suerte de una moneda cualquiera y, en líneas generales, del resultado final del comba­te importa poco el que el guerrillero-individuo salga vivo o no.
El soldado enemigo, en el ejemplo cubano que nos ocupa, es el socio menor del dictador, el hombre que recibe la última de las migajas que le ha dejado el penúltimo de los aprovechados, de una larga cadena que se inicia en Wall Street y acaba en él. Está dispuesto a defenderlos, en la misma medida en que ellos sean importan­tes. Sus sueldos y sus prebendas salen algunos sufrimientos y algunos peligros, pero nunca va­len su vida; si el precio de mantenerlos debe pagarse con ella, mejor es dejarlos, es decir, re­plegarse frente al peligro guerrillero. De estos dos conceptos y estas dos morales surge la di­ferencia, que haría crisis el 31 de diciembre de 1958.
Se va estableciendo cada vez más claramen­te la superioridad del Ejército Rebelde y, ade­más, se demuestra, con la llegada a Las Villas de nuestras columnas, la mayor popularidad del Movimiento 26 de Julio sobre todos los otros: El Directorio Revolucionario, el Segundo Frente de Las Villas, el Partido Socialista Popular y algunas pequeñas guerrillas de la Organiza­ción Auténtica. Esto era debido en mayor parte a la personalidad magnética de su líder, Fidel Castro, pero también influía la mayor justeza de la línea revolucionaria.
Aquí acaba la insurrección, pero los hombres que llegan a La Habana después de dos años de ardorosa lucha en las sierras y los llanos de Oriente, en los llanos de Camagüey y en las montañas, los llanos y ciudades de Las Villas, no son, ideológicamente, los mismos que llegaron a las playas de Las Coloradas, o que se incorporaron en el primer momento de la lucha. Su desconfianza en el campesino se ha conver­tido en afecto y respeto por las virtudes del mismo, su desconocimiento total de la vida en los campos se ha convertido en un conocimiento absoluto de las necesidades de nuestros guajiros; sus coqueteos con la estadística y con la teoría han sido anulados por el cemento que es la prác­tica.(…)
Pudimos sentir cómo esa interacción iba madurando, enseñando no­sotros la eficacia de la insurrección armada, la fuerza que tiene el hombre cuando, para defen­derse de otros hombres, tiene un arma en la mano y una decisión de triunfo en las pupilas; y los campesinos, mostrando las artimañas de la sierra, la fuerza que es necesaria para vivir y triunfar en ella, y las dosis de tesón, de capacidad de sacrificio que es necesario tener para poder llevar adelante el destino de un pueblo.
Por eso, cuando bañados en sudor campesi­no, con un horizonte de montañas y de nubes, bajo el sol ardiente de la isla, entraron a La Habana el jefe rebelde y su cortejo, una nueva "escalinata del jardín de invierno, subía la his­toria con los pies del pueblo".