VÍCTOR DE GENNARO

El Revolucionario Nº34 (Abril de 2008)

Víctor De Gennaro ha sabido ganarse un lugar dentro de la burocracia argentina. Desde la constitución formal de la CTA en 1996, fue su secretario general, para pasar, en 2006, a la secretaría nacional de relaciones institucionales.
En 1995 apostó por Bordón-Álvarez y en 1999 por la Alianza, gobierno que ayudó a encumbrar en la casa rosada. En las jornadas de diciembre de 2001, ordenó a sus militantes y afiliados no salir a la calle, según decía, para no “hacerle el juego a las provocaciones”. La misma prohibición hizo cuando la movilización al otro día de la masacre del puente Pueyrredón en 2002. Durante el gobierno duhaldista, so pretexto del avance de la derecha, no realizó ninguna medida seria de lucha, a pesar de que el sector al que representaba sufrió la baja de salario más abrupta debido a la devaluación. En los albores del kirchnerismo, anduvo a los abrazos con el presidente, para terminar brindándole abierto apoyo al binomio Filmus-Heller impulsado por Kirchner en las elecciones a la jefatura porteña.
Aunque no empresario ni millonario, este tipo de burócrata, tal como los otros, coqueteó con los distintos gobiernos, entregó las conquistas de los trabajadores y rifó cada una de las luchas. Su lugar es entre la dirigencia propatronal y progubernamental. Pues, si bien siempre de camisa y jeans, su estilo de vida dista mucho de la del obrero común, partiendo del hecho de que no trabaja, hasta el lujo de viajar por el mundo, como cuando visitó al papa Ratzinger en 2007, entrevista en que le pidió su divina mediación para reclamarle al gobierno la personería jurídica de la central.
La CTA siempre fue una usina proveedora de funcionarios públicos. Presentada como modelo sindical “alternativo, democrático y pluralista”, la central posee una alianza estratégica con las cúpulas de la Federación Agraria Argentina, las patronales de Fedecámaras (representantes de las PyMEs), y el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, el sector del empresariado local que sostiene los contratos de trabajo más negreros, lo que le imprime a la misma un carácter policlasista y pequeño burgués. Dentro de ese marco se inscribe la constitución del FreNaPo en 2001 (frente desde el cual De Gennaro pretendía luchar contra la pobreza, jamás contra la riqueza), como así también los varios e infructuosos intentos por construir un movimiento político al estilo del PT de Brasil.
En síntesis, su política sindical oportunista con los distintos gobiernos se resume en la frase “ni opositores ni oficialistas”, definición que adoptó la central en los últimos años y que señala su papel de burócrata cómplice y conciliador.