El Revolucionario Nº34 (Abril de 2008)
Juan José Zanola es el secretario general nacional de la Asociación Bancaria (AB), central que nuclea a trabajadores de bancos estatales y privados, y cuya caja esquilma desde hace varias décadas. En 1982, con el gremio intervenido, fue el delegado normalizador de la dictadura. Jamás presentó denuncia alguna por los bancarios desaparecidos, cifra que ronda los 200. A partir de 1983 y hasta la fecha, se enquistó definitivamente como secretario general y titular de la obra social, OSBA “La solidaria” (antes llamada ISSB). Este rentista adscribió a todos y cada uno de los gobiernos, y con especial fervor a los peronistas.
Varios negociados lo tuvieron como protagonista, siempre a costa de entregar las conquistas de sus trabajadores. En los '90, con el ex titular del PAMI, Alderete, vació y traspasó $3.500 millones del ISSB a la obra social privada de los bancarios. Junto a otros gremialistas, desvió u$s285 millones provenientes del banco mundial para el llamado “Programa de Reconversión de las Obras Sociales (PROS)”, de los cuales Zanola se apropió 38 millones. O aquel otro en 2007, cuando lo denunciaron por el desmantelamiento del Policlínico y de la obra social (su pasivo escala a $140 millones, más 80 millones que debe a la AFIP), y por la no realización de los aportes patronales ni personales durante varios años. Todo ello a pesar de descontar religiosamente la cuota a sus representados, incluso a los bancarios que no están afiliados, a quienes les debita compulsivamente el 1% en concepto de “contribución solidaria”, lo que le representa $50 millones anuales.
Entre sus propiedades (imposibles de saber a ciencia cierta), consignamos las cinco casas en Capital Federal a nombre de su mujer, Paula Aballay, actual subdirectora de la obra social. “No sé de dónde sacan esa enorme cantidad, pero quiero aclarar que son propiedades que administro a nombre de mi madre”, se excusaba entonces el dirigente cegetista. Por otra parte, su larga trayectoria le dio tiempo para incursionar, tal como Barrionuevo, en el negocio del fútbol como presidente de Huracán, cuya barra brava le ha servido como fuerza de choque para amedrentar y reprimir a los trabajadores del sector que no comulgan con él, como ocurre en varias comisiones internas.
En 2005, Zanola lanzó su propuesta de crear un polo gremial de apoyo a Kirchner, y tuvo el gran mérito de ser el primer burócrata que apoyó abiertamente la candidatura de Cristina Fernández a senadora nacional por la provincia de Bs. As. Ya en las elecciones nacionales de 2007, apostó fuertemente por “la continuidad del cambio” y sumó enérgica adhesión al “pacto social” propuesto desde la casa rosada, sendero por el que transita hoy día.
Juan José Zanola es el secretario general nacional de la Asociación Bancaria (AB), central que nuclea a trabajadores de bancos estatales y privados, y cuya caja esquilma desde hace varias décadas. En 1982, con el gremio intervenido, fue el delegado normalizador de la dictadura. Jamás presentó denuncia alguna por los bancarios desaparecidos, cifra que ronda los 200. A partir de 1983 y hasta la fecha, se enquistó definitivamente como secretario general y titular de la obra social, OSBA “La solidaria” (antes llamada ISSB). Este rentista adscribió a todos y cada uno de los gobiernos, y con especial fervor a los peronistas.
Varios negociados lo tuvieron como protagonista, siempre a costa de entregar las conquistas de sus trabajadores. En los '90, con el ex titular del PAMI, Alderete, vació y traspasó $3.500 millones del ISSB a la obra social privada de los bancarios. Junto a otros gremialistas, desvió u$s285 millones provenientes del banco mundial para el llamado “Programa de Reconversión de las Obras Sociales (PROS)”, de los cuales Zanola se apropió 38 millones. O aquel otro en 2007, cuando lo denunciaron por el desmantelamiento del Policlínico y de la obra social (su pasivo escala a $140 millones, más 80 millones que debe a la AFIP), y por la no realización de los aportes patronales ni personales durante varios años. Todo ello a pesar de descontar religiosamente la cuota a sus representados, incluso a los bancarios que no están afiliados, a quienes les debita compulsivamente el 1% en concepto de “contribución solidaria”, lo que le representa $50 millones anuales.
Entre sus propiedades (imposibles de saber a ciencia cierta), consignamos las cinco casas en Capital Federal a nombre de su mujer, Paula Aballay, actual subdirectora de la obra social. “No sé de dónde sacan esa enorme cantidad, pero quiero aclarar que son propiedades que administro a nombre de mi madre”, se excusaba entonces el dirigente cegetista. Por otra parte, su larga trayectoria le dio tiempo para incursionar, tal como Barrionuevo, en el negocio del fútbol como presidente de Huracán, cuya barra brava le ha servido como fuerza de choque para amedrentar y reprimir a los trabajadores del sector que no comulgan con él, como ocurre en varias comisiones internas.
En 2005, Zanola lanzó su propuesta de crear un polo gremial de apoyo a Kirchner, y tuvo el gran mérito de ser el primer burócrata que apoyó abiertamente la candidatura de Cristina Fernández a senadora nacional por la provincia de Bs. As. Ya en las elecciones nacionales de 2007, apostó fuertemente por “la continuidad del cambio” y sumó enérgica adhesión al “pacto social” propuesto desde la casa rosada, sendero por el que transita hoy día.