El Revolucionario Nº48 (Julio de 2009)
Terminó la campaña y pasaron las elecciones. Distintas expresiones patronales ganaron y perdieron. Ahora viene el reacomodo, al compás de los votos que cada uno metió en su bolsa. El PJ se reorganiza y diluye su perfil kirchnerista, para ofrecerse como la mejor opción patronal. El macrismo se perfila como posible recambio y para eso estudia su acercamiento a un PJ recauchutado. Y atrás se enfilan también las opciones del radicalismo y la Coalición Cívica , intentando, vanamente, disputarle al peronismo su galardón de mejor defensor de los intereses de la burguesía argentina.
Duhalde, que en 1989 apoyó a Menem, y en 2003 inventó a Kirchner para reemplazarlo, apadrinó desde las sombras a De Narváez y Solá, que, aliados con Macri, le ganaron a Kirchner en la provincia de Buenos Aires, a pesar de que éste hubiera puesto todo su aparato en esta elección. Los intendentes del conurbano, convocados por Kirchner a salir todos a la cancha con las candidaturas testimoniales, cumplieron formalmente, pero usaron las listas espejo y colectoras para poner sus huevos en la canasta de la Unión-PRO. Apenas pudieron disimular que su experimentado olfato les anticipó el cambio, a costa que Kirchner los haya tildado de “traidores”. Como varios gobernadores, todos jugaron su propio juego, minando el dominio kirchnerista en el congreso nacional, y asegurando su futuro en el terruño.
También en la Ciudad de Buenos Aires el macrismo se llevó la tajada más grande, aunque disminuida frente a su anterior elección, y lo hizo no sólo aliado con Solá, actual vocal del PJ, sino ayudado por el peronismo que está integrado al PRO encabezado por Cristian Ritondo. Con ello dejó disminuido al peronismo kirchnerista que se alineó tras el banquero del PC, Carlos Heller.
Así, apenas amaneció el 29 de junio, con los cómputos en la mano, empezó la medición de los “presidenciables” del 2011: los peronistas Das Neves, Reutemann, el PRO-peronista Macri, y el radical Cobos, hoy vicepresidente del gobierno peronista, que aspira a capitalizar los votos de la UCR y la CC. Más atrás quedaron las ambiciones de la espiritual Elisa Carrió, la autodefinida “peronista republicana” que quedó relegada a un tercer puesto en la Ciudad de Buenos Aires.
Con la elección de la ciudad apareció también, como ya lo hizo en épocas de Chacho Álvarez, Ibarra y Fernández Meijide, la variante “nacional y popular” del peronismo algo pintada de zurda, representada por Pino Solanas. Esta pata “progresista” y hoy “no pejotista” del peronismo aspira con Pino Solanas y el aparato de la CTA a conformarse como una fuerza que, siguiendo el ejemplo de la Alianza , pueda presentarse en 2011 luego de aliarse con los que considere “menos peores” de la paleta política.
Pino Solanas, recordemos, rompió con Menem cuando le negó el manejo de las Galerías Pacífico que el cineasta pretendía convertir en un gran centro de las artes. Ese conflicto de intereses, disfrazado de “defensa del patrimonio nacional”, hizo que entonces Solanas se convirtiera en enemigo del gobierno al que había apoyado eufórico hasta ese momento. Debutó luego como candidato a senador por el Frente del Sur, impulsado por el peronista Luis Brunatti. Enseguida se unió con el también peronista Chacho Álvarez en el Frente Grande, pero se quedó afuera cuando éste se juntó con el no menos peronista Octavio Bordón, creando el FREPASO. Después coqueteó con Elisa Carrió, y volvió al cine, hasta que formó Proyecto Sur con otros ex peronistas, como Claudio Lozano, Jorge Cardelli, Alcira Argumedo y Luis Brunatti, apenas sazonado de “izquierda” con los “socialistas” Mario Mazzitelli, Jorge Selser y Fabio Basteiro. Y ahora, después de las elecciones, con el argumento de “enfrentar la derecha macrista”, la gente de Solanas y el FPV capitalino discuten futuros acuerdos. Poco novedosa, por cierto, la “sorpresa” de las elecciones legislativas 2009.
Pasado el 28, Cristina Kirchner habló de una derrota “por poquito”, elogió a Solanas y llamó al diálogo y la negociación “para garantizar la gobernabilidad”. Como gesto, se sacó de encima al secretario de transportes Jaime. Su marido renunció a la presidencia del PJ y lo primero que hizo su sucesor, Daniel Scioli, fue convocar a la reunificación del partido. Reutemann y De Narváez, palabras más, palabras menos, contestaron “así no, ahora nos toca a nosotros”. Y Duhalde volvió de Europa para ponerse a la cabeza del proceso.
Así el PJ se reorganiza, con intendentes, gobernadores y legisladores hasta ayer tildados de “impresentables”. Y como lo ha hecho ya tantas veces (recordemos la incorporación de Alsogaray y la UCD , o la creación de nuevos “dirigentes peronistas” como Scioli, Palito Ortega y Reutemann) el peronismo del PJ buscará integrar a las figuras que puedan hacerle sombra o que necesite para un triunfo seguro, como ya discuten hoy sobre De Narváez y Macri. Por eso, hace unos meses, decíamos: “Ante la necesidad de recambio, el peronismo se apresura a mudar la piel, como la serpiente cuando llega otra estación”. Y agregábamos: “El peronismo, experto en reinventarse a través de “nuevas” versiones de sí mismo, diversifica sus ofertas electorales para seguir siendo el partido que mejor representa los intereses de la burguesía”(1). De hecho también los candidatos del PRO-peronismo saben que sus chances presidenciales están atadas a las posibilidades de integrarse o aliarse con el peronismo o una buena parte de él
Terminó la campaña, se contaron los votos y, sobre la base de la actual relación de fuerzas entre los dirigentes patronales, asomará una nueva fórmula que se articule para garantizar en los próximos años la mejor administración de los negocios de la burguesía.
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NOTAS:
1) Ver “La interna del PJ: Se reacomoda el partido de la burguesía”, en ER N°44, marzo de 2009.
Terminó la campaña y pasaron las elecciones. Distintas expresiones patronales ganaron y perdieron. Ahora viene el reacomodo, al compás de los votos que cada uno metió en su bolsa. El PJ se reorganiza y diluye su perfil kirchnerista, para ofrecerse como la mejor opción patronal. El macrismo se perfila como posible recambio y para eso estudia su acercamiento a un PJ recauchutado. Y atrás se enfilan también las opciones del radicalismo y la Coalición Cívica , intentando, vanamente, disputarle al peronismo su galardón de mejor defensor de los intereses de la burguesía argentina.
Duhalde, que en 1989 apoyó a Menem, y en 2003 inventó a Kirchner para reemplazarlo, apadrinó desde las sombras a De Narváez y Solá, que, aliados con Macri, le ganaron a Kirchner en la provincia de Buenos Aires, a pesar de que éste hubiera puesto todo su aparato en esta elección. Los intendentes del conurbano, convocados por Kirchner a salir todos a la cancha con las candidaturas testimoniales, cumplieron formalmente, pero usaron las listas espejo y colectoras para poner sus huevos en la canasta de la Unión-PRO. Apenas pudieron disimular que su experimentado olfato les anticipó el cambio, a costa que Kirchner los haya tildado de “traidores”. Como varios gobernadores, todos jugaron su propio juego, minando el dominio kirchnerista en el congreso nacional, y asegurando su futuro en el terruño.
También en la Ciudad de Buenos Aires el macrismo se llevó la tajada más grande, aunque disminuida frente a su anterior elección, y lo hizo no sólo aliado con Solá, actual vocal del PJ, sino ayudado por el peronismo que está integrado al PRO encabezado por Cristian Ritondo. Con ello dejó disminuido al peronismo kirchnerista que se alineó tras el banquero del PC, Carlos Heller.
Así, apenas amaneció el 29 de junio, con los cómputos en la mano, empezó la medición de los “presidenciables” del 2011: los peronistas Das Neves, Reutemann, el PRO-peronista Macri, y el radical Cobos, hoy vicepresidente del gobierno peronista, que aspira a capitalizar los votos de la UCR y la CC. Más atrás quedaron las ambiciones de la espiritual Elisa Carrió, la autodefinida “peronista republicana” que quedó relegada a un tercer puesto en la Ciudad de Buenos Aires.
Con la elección de la ciudad apareció también, como ya lo hizo en épocas de Chacho Álvarez, Ibarra y Fernández Meijide, la variante “nacional y popular” del peronismo algo pintada de zurda, representada por Pino Solanas. Esta pata “progresista” y hoy “no pejotista” del peronismo aspira con Pino Solanas y el aparato de la CTA a conformarse como una fuerza que, siguiendo el ejemplo de la Alianza , pueda presentarse en 2011 luego de aliarse con los que considere “menos peores” de la paleta política.
Pino Solanas, recordemos, rompió con Menem cuando le negó el manejo de las Galerías Pacífico que el cineasta pretendía convertir en un gran centro de las artes. Ese conflicto de intereses, disfrazado de “defensa del patrimonio nacional”, hizo que entonces Solanas se convirtiera en enemigo del gobierno al que había apoyado eufórico hasta ese momento. Debutó luego como candidato a senador por el Frente del Sur, impulsado por el peronista Luis Brunatti. Enseguida se unió con el también peronista Chacho Álvarez en el Frente Grande, pero se quedó afuera cuando éste se juntó con el no menos peronista Octavio Bordón, creando el FREPASO. Después coqueteó con Elisa Carrió, y volvió al cine, hasta que formó Proyecto Sur con otros ex peronistas, como Claudio Lozano, Jorge Cardelli, Alcira Argumedo y Luis Brunatti, apenas sazonado de “izquierda” con los “socialistas” Mario Mazzitelli, Jorge Selser y Fabio Basteiro. Y ahora, después de las elecciones, con el argumento de “enfrentar la derecha macrista”, la gente de Solanas y el FPV capitalino discuten futuros acuerdos. Poco novedosa, por cierto, la “sorpresa” de las elecciones legislativas 2009.
Pasado el 28, Cristina Kirchner habló de una derrota “por poquito”, elogió a Solanas y llamó al diálogo y la negociación “para garantizar la gobernabilidad”. Como gesto, se sacó de encima al secretario de transportes Jaime. Su marido renunció a la presidencia del PJ y lo primero que hizo su sucesor, Daniel Scioli, fue convocar a la reunificación del partido. Reutemann y De Narváez, palabras más, palabras menos, contestaron “así no, ahora nos toca a nosotros”. Y Duhalde volvió de Europa para ponerse a la cabeza del proceso.
Así el PJ se reorganiza, con intendentes, gobernadores y legisladores hasta ayer tildados de “impresentables”. Y como lo ha hecho ya tantas veces (recordemos la incorporación de Alsogaray y la UCD , o la creación de nuevos “dirigentes peronistas” como Scioli, Palito Ortega y Reutemann) el peronismo del PJ buscará integrar a las figuras que puedan hacerle sombra o que necesite para un triunfo seguro, como ya discuten hoy sobre De Narváez y Macri. Por eso, hace unos meses, decíamos: “Ante la necesidad de recambio, el peronismo se apresura a mudar la piel, como la serpiente cuando llega otra estación”. Y agregábamos: “El peronismo, experto en reinventarse a través de “nuevas” versiones de sí mismo, diversifica sus ofertas electorales para seguir siendo el partido que mejor representa los intereses de la burguesía”(1). De hecho también los candidatos del PRO-peronismo saben que sus chances presidenciales están atadas a las posibilidades de integrarse o aliarse con el peronismo o una buena parte de él
Terminó la campaña, se contaron los votos y, sobre la base de la actual relación de fuerzas entre los dirigentes patronales, asomará una nueva fórmula que se articule para garantizar en los próximos años la mejor administración de los negocios de la burguesía.
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NOTAS:
1) Ver “La interna del PJ: Se reacomoda el partido de la burguesía”, en ER N°44, marzo de 2009.