NADA PARA CELEBRAR

El Revolucionario Nº48 (Julio de 2009)

La noche del 28 de junio, algunos burgueses festejaron su triunfo, como De Narváez, Macri y Solá, que bailaron frenéticos. Otros lloraron su derrota mientras calculaban los negocios que dejarían de hacer. Pero, ganaran o perdieran, todos expresaron su satisfacción por una nueva “jornada histórica”, la de la “fiesta de la democracia”. Todos celebraron que al día siguiente, sin importar demasiado cuál de sus fracciones hubiera sacado más votos, siguiera intacto, y consolidado, el poder de los empresarios, de los explotadores, de la burguesía.
Para los trabajadores, en cambio, no hubo nada que celebrar. Al día siguiente del ritual electoral, también sin importar quién salió primero o segundo, cada trabajador volvió a viajar como ganado en los trenes suburbanos, a padecer la híper explotación en su trabajo, si es que todavía lo tiene, a sufrir los aumentos de precio de los productos más necesarios…
Es que en una sociedad dividida en clases, la democracia tiene un claro contenido. Es el instrumento de la clase explotadora para ejercer su poder. Es el andamiaje que garantiza la dominación, porque la legitima.