LA CRISIS ES INOCULTABLE

El Revolucionario Nº48 (Julio de 2009)

En Argentina se profundiza la crisis capitalista signada por una sostenida caída en la actividad económica general, con su correlato de recorte salarial, suspensiones y despidos. Y, sin embargo, el kirchnerismo intenta ocultar lo inocultable.
Son inmensos los esfuerzos realizados por el gobierno peronista para ocultar las dimensiones de la crisis capitalista en Argentina. Las cifras oficialistas del INDEC junto a las declaraciones triunfales de los funcionarios gubernamentales sobre recaudación, producción y consumo, por ejemplo, intentan presentar una realidad que, simplemente, no existe. Para un público infantil parecían hechos los spots publicitarios del oficialismo: en un mundo gris y triste en el que se cierran fábricas y los trabajadores quedan en la calle, se encuentra una Argentina radiante y alegre generando trabajo y sorteando la crisis mundial; en una PyME, el patrón, generando un suspenso novelesco y ante la preocupación de los trabajadores, anuncia el blanqueo de sus empleados gracias a las facilidades que ofrece el gobierno, hecho que desata la emoción entre los obreros...
Pero lo cierto es que la economía argentina atraviesa una crisis generalizada que, muchas veces, ni las estadísticas falsas pueden esconder. Así las cosas: cae la actividad industrial, cae la producción agropecuaria, bajan los volúmenes del comercio exterior, retrocede el consumo, se suceden las quiebras y los salvatajes, las compras y las ventas de empresas, crecen la desocupación, la inflación y la pobreza...
Esta crisis, que para algunos sectores del empresariado puede significar un simple descenso en sus ganancias, a la clase trabajadora le asesta un fuerte golpe. Allí siguen incrementándose los recortes salariales, las suspensiones y los despidos.
Mientras el gobierno y un sinnúmero de economistas afines pregonan la salida de la crisis, diciendo que lo peor ya pasó, la situación de cientos de miles de trabajadores que ven caer su poder de compra diariamente, debido a la constante inflación, y quedan en el más absoluto desamparo frente a la desocupación, indica todo lo contrario.
Y el futuro no es muy prometedor. Ahora que ya pasaron las elecciones, desatan las llamadas medidas “anticrisis”, que van desde la devaluación impulsada por las cámaras exportadoras, con su inevitable cuota de inflación, hasta el incremento de la desocupación con el desenfreno de más suspensiones y despidos.
El rumbo de la crisis promete recargar aún más la pesada mochila que llevan los trabajadores sobre sus espaldas, con el fin de resguardar los negocios y las ganancias empresarias.


CÍRCULO VICIOSO
Después del “veranito” económico de los primeros años del kirchnerismo, sobrevino la inevitable crisis. Hoy, la producción está estancada, las fábricas están cerrando y los obreros, quedando sin trabajo.
En el mundo entero toda la actividad económica atraviesa una crisis, sólo comparable con la de 1930. Nada de todo esto es novedoso en la historia del capitalismo.
“Desde 1825, año en que estalla la primera crisis general, no pasan diez años seguidos sin que todo el mundo industrial y comercial, la producción y el intercambio (...) se salga de quicio”, explicaba Engels, en “Del socialismo utópico al socialismo científico”.
Las crisis económicas son intrínsecas al sistema capitalista. Hasta que la clase trabajadora no eche por tierra este sistema anárquico, el capitalismo se maquillará un poco, retomará su desenfrenada marcha y se encaminará hacia una nueva crisis general, reproduciendo, así, su círculo vicioso.