El gobierno de los Kirchner es el que más fielmente cumple con el pago de la deuda. Sin embargo, a pesar de las millonarias cifras que desembolsa, la deuda crece.
El Revolucionario Nº39 (Septiembre de 2008)
Muchos fueron y son los artilugios kirchneristas para mostrar una política “soberana”, “independiente”, en torno al problema de la deuda pública.
Entre ellos, contamos con la célebre frase: “No pagaré la deuda a costa del hambre del pueblo”, esgrimida por Néstor Kirchner durante sus primeros días de gestión. Otra de sus propagandizadas medidas ha sido “la quita”, “la negociación más exitosa de la historia”, como la llamaron, dirigida por el ex ministro de economía Roberto Lavagna. La fórmula: “Desendeudarnos para ser libres”, que tuvo como acto supremo el desembolso en efectivo, y por adelantado, de casi u$s10.000 millones al FMI, coronaba toda esta política gubernamental.
Por estos tiempos, el argumento oficial preferido es el que algunos economistas han denominado “default selectivo”. Los analistas explican que la manipulación de los datos del IPC, elaborado por el INDEC, limita el crecimiento de la deuda atada a la inflación, al CER. Por eso se quejan, porque se estaría estafando a los acreedores. Por su parte, los kirchneristas emplean los mismos argumentos para decir que “el estado argentino se ahorra varios miles de millones de dólares”, con lo que quedaría justificada la intervención del instituto de estadísticas.
Pero la realidad detrás de todo el palabrerío muestra que, pese a todos los pagos, la deuda crece. Varias son las razones que explican este incremento. Casi la mitad de la deuda se encuentra en pesos y ajustada por el CER, que sigue al IPC. Hoy, por cada punto de inflación, engorda más de u$s500 millones. Una considerable porción de la deuda en moneda extranjera, está sujeta al crecimiento del PBI. Por esta razón, el incremento en 2007 superó los u$s1.000 millones. Por su parte, los vencimientos que no logra satisfacer el superávit fiscal son refinanciados o cancelados mediante la colocación de nueva deuda a tasas cada vez más altas, como las que cobra el gobierno venezolano(1). Como si esto fuera poco, la apreciación del euro, la libra y el yen frente al dólar y al peso también hace crecer la deuda contraída en aquellas monedas, que representa más de la décima parte. Por último, los intereses no pagados se capitalizan, engendrando una nueva espiral de endeudamiento ascendente. Como consecuencia de todo esto, en el primer semestre, habiendo cumplido con todos los compromisos, la deuda se incrementó u$s5.396 millones. Y desde “la quita”, aumentó u$s23.300 millones. De este modo, la deuda actual ronda los u$s200.000 millones(2).
En el horizonte no se vislumbran cambios en esta situación. El gobierno hará todos los ajustes necesarios para no entrar en una nueva cesación de pagos. Según el ministerio de economía, en lo que resta del año vencen u$s3.900 millones. “Los fondos para esos pagos ya los tenemos...”, afirman desde el gobierno, para continuar: “...ahora estamos pensando en aliviar los pagos del 2009”. Es que durante el próximo año, los compromisos llegarían a u$s18.339 millones, casi u$s2.000 millones más que este año. La lógica de una deuda pensada para ser eterna se mantiene inexorablemente. Según estimaciones, del total de los vencimientos, el estado podría cancelar u$s10.339 con sus propios recursos, quedando u$s8.000 millones en la necesidad de ser refinanciados(3), es decir, generación de nueva deuda a tasas altísimas y capitalización de intereses. Sumando a esto el incremento generado por el IPC y el PBI, la rueda del endeudamiento seguirá su rumbo cada vez con una velocidad mayor.
El gobierno se volvió a encargar de aclarar que esta historia continuará. Las palabras del jefe de gabinete, Sergio Massa, ante el Consejo de las Américas, no pueden ser más claras: “...la Argentina va a cumplir con todos y cada uno de sus compromisos internacionales de este año, utilizando todas las herramientas disponibles”. Para eso, la fórmula de siempre, que en esa oportunidad la explicó el ministro de economía Carlos Fernández, ante el mismo auditorio: “Se mantendrán los superávit gemelos como los principales pilares de la política económica”, dijo. Es decir, más superávit fiscal, claro sinónimo de ajuste.
Habrá que decirlo otra vez: más deuda equivale a más ajuste; más ajuste, a menos recursos para salarios, salud, educación y asistencia social. Sin embargo, el peronismo se siente orgulloso de “honrar” la deuda. Sigue haciendo los mismos negocios, quiere tener las cuentas en orden para que le sigan prestando y sea su clase quien disfrute del dinero fresco. La clase obrera y el pueblo son los que siempre pagan.
DEUDA SÍ, SALARIOS NO
Ante una simple comparación, las prioridades del gobierno peronista quedan a la vista de todo el mundo.
La deuda no pierde valor por la inflación, ya que aumenta con ella. Está indexada. Los salarios, no.
La deuda crece cuando al país le va bien. Se ajusta con el incremento del PBI. Los salarios, no.
Si se retrasa su pago, se refinancia o se capitaliza y el acreedor termina cobrando más. Cuando los salarios no se pagan en término, al obrero se le pide paciencia y, con suerte, los pagan unos meses después, sin ningún tipo de interés, claro.
Según el presupuesto 2008, para la deuda se destinan 19.200 millones de pesos. Para salud, $6.100 millones; para educación, $11.200 millones; para asistencia social, $4.000 millones; para viviendas, $3.100 millones.
Como vemos, para el gobierno de los Kirchner, la deuda es la privilegiada y se ubica por encima de cualquier otra necesidad.
...
NOTAS:
1) La fuente más importante de financiamiento actual es Venezuela, que presta a una tasa del 15%, cifra que triplica el promedio internacional.
2) 149.847 millones de dólares admite el ministerio de economía y u$s30.612 es la deuda en default, con intereses incluidos. A estas cifras hay que agregar la llamada “deuda implícita” (la generada por indexación) que Prat Gay ubica en el orden de u$s20.000 millones y las deudas provinciales que nadie sabe exactamente a cuánto ascienden.
3) Proyección de Ecolatina sobre la base de datos del ministerio de economía.
Muchos fueron y son los artilugios kirchneristas para mostrar una política “soberana”, “independiente”, en torno al problema de la deuda pública.
Entre ellos, contamos con la célebre frase: “No pagaré la deuda a costa del hambre del pueblo”, esgrimida por Néstor Kirchner durante sus primeros días de gestión. Otra de sus propagandizadas medidas ha sido “la quita”, “la negociación más exitosa de la historia”, como la llamaron, dirigida por el ex ministro de economía Roberto Lavagna. La fórmula: “Desendeudarnos para ser libres”, que tuvo como acto supremo el desembolso en efectivo, y por adelantado, de casi u$s10.000 millones al FMI, coronaba toda esta política gubernamental.
Por estos tiempos, el argumento oficial preferido es el que algunos economistas han denominado “default selectivo”. Los analistas explican que la manipulación de los datos del IPC, elaborado por el INDEC, limita el crecimiento de la deuda atada a la inflación, al CER. Por eso se quejan, porque se estaría estafando a los acreedores. Por su parte, los kirchneristas emplean los mismos argumentos para decir que “el estado argentino se ahorra varios miles de millones de dólares”, con lo que quedaría justificada la intervención del instituto de estadísticas.
Pero la realidad detrás de todo el palabrerío muestra que, pese a todos los pagos, la deuda crece. Varias son las razones que explican este incremento. Casi la mitad de la deuda se encuentra en pesos y ajustada por el CER, que sigue al IPC. Hoy, por cada punto de inflación, engorda más de u$s500 millones. Una considerable porción de la deuda en moneda extranjera, está sujeta al crecimiento del PBI. Por esta razón, el incremento en 2007 superó los u$s1.000 millones. Por su parte, los vencimientos que no logra satisfacer el superávit fiscal son refinanciados o cancelados mediante la colocación de nueva deuda a tasas cada vez más altas, como las que cobra el gobierno venezolano(1). Como si esto fuera poco, la apreciación del euro, la libra y el yen frente al dólar y al peso también hace crecer la deuda contraída en aquellas monedas, que representa más de la décima parte. Por último, los intereses no pagados se capitalizan, engendrando una nueva espiral de endeudamiento ascendente. Como consecuencia de todo esto, en el primer semestre, habiendo cumplido con todos los compromisos, la deuda se incrementó u$s5.396 millones. Y desde “la quita”, aumentó u$s23.300 millones. De este modo, la deuda actual ronda los u$s200.000 millones(2).
En el horizonte no se vislumbran cambios en esta situación. El gobierno hará todos los ajustes necesarios para no entrar en una nueva cesación de pagos. Según el ministerio de economía, en lo que resta del año vencen u$s3.900 millones. “Los fondos para esos pagos ya los tenemos...”, afirman desde el gobierno, para continuar: “...ahora estamos pensando en aliviar los pagos del 2009”. Es que durante el próximo año, los compromisos llegarían a u$s18.339 millones, casi u$s2.000 millones más que este año. La lógica de una deuda pensada para ser eterna se mantiene inexorablemente. Según estimaciones, del total de los vencimientos, el estado podría cancelar u$s10.339 con sus propios recursos, quedando u$s8.000 millones en la necesidad de ser refinanciados(3), es decir, generación de nueva deuda a tasas altísimas y capitalización de intereses. Sumando a esto el incremento generado por el IPC y el PBI, la rueda del endeudamiento seguirá su rumbo cada vez con una velocidad mayor.
El gobierno se volvió a encargar de aclarar que esta historia continuará. Las palabras del jefe de gabinete, Sergio Massa, ante el Consejo de las Américas, no pueden ser más claras: “...la Argentina va a cumplir con todos y cada uno de sus compromisos internacionales de este año, utilizando todas las herramientas disponibles”. Para eso, la fórmula de siempre, que en esa oportunidad la explicó el ministro de economía Carlos Fernández, ante el mismo auditorio: “Se mantendrán los superávit gemelos como los principales pilares de la política económica”, dijo. Es decir, más superávit fiscal, claro sinónimo de ajuste.
Habrá que decirlo otra vez: más deuda equivale a más ajuste; más ajuste, a menos recursos para salarios, salud, educación y asistencia social. Sin embargo, el peronismo se siente orgulloso de “honrar” la deuda. Sigue haciendo los mismos negocios, quiere tener las cuentas en orden para que le sigan prestando y sea su clase quien disfrute del dinero fresco. La clase obrera y el pueblo son los que siempre pagan.
DEUDA SÍ, SALARIOS NO
Ante una simple comparación, las prioridades del gobierno peronista quedan a la vista de todo el mundo.
La deuda no pierde valor por la inflación, ya que aumenta con ella. Está indexada. Los salarios, no.
La deuda crece cuando al país le va bien. Se ajusta con el incremento del PBI. Los salarios, no.
Si se retrasa su pago, se refinancia o se capitaliza y el acreedor termina cobrando más. Cuando los salarios no se pagan en término, al obrero se le pide paciencia y, con suerte, los pagan unos meses después, sin ningún tipo de interés, claro.
Según el presupuesto 2008, para la deuda se destinan 19.200 millones de pesos. Para salud, $6.100 millones; para educación, $11.200 millones; para asistencia social, $4.000 millones; para viviendas, $3.100 millones.
Como vemos, para el gobierno de los Kirchner, la deuda es la privilegiada y se ubica por encima de cualquier otra necesidad.
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NOTAS:
1) La fuente más importante de financiamiento actual es Venezuela, que presta a una tasa del 15%, cifra que triplica el promedio internacional.
2) 149.847 millones de dólares admite el ministerio de economía y u$s30.612 es la deuda en default, con intereses incluidos. A estas cifras hay que agregar la llamada “deuda implícita” (la generada por indexación) que Prat Gay ubica en el orden de u$s20.000 millones y las deudas provinciales que nadie sabe exactamente a cuánto ascienden.
3) Proyección de Ecolatina sobre la base de datos del ministerio de economía.