LA RELACIÓN CON EEUU: MARINES Y ENVIADOS DIPLOMÁTICOS PARA GARANTIZAR LA DEPENDENCIA

Mientras la IV Flota patrulla los mares sudamericanos y los marines yanquis desembarcan en nuestras costas bajo la máscara de los “ejercicios conjuntos”, el gobierno recibe con alfombra roja una visita tras otra de enviados del departamento de estado que vienen a asegurarse que la semicolonia esté en orden.
El Revolucionario Nº38 (Agosto de 2008)

La IV Flota de EEUU, creada en 1943 con el argumento de que era necesario patrullar las costas latinoamericanas para controlar el avance de Alemania y Japón, fue desactivada en 1950. Cincuenta y ocho años después fue reactivada, y ya surca nuevamente las aguas de América Latina.
La iniciativa, parte del conjunto de políticas yanquis para la región, es justificada como “misión humanitaria” por los funcionarios del departamento de estado, que, como Thomas Shannon, aseguran que no tiene “capacidad ofensiva” y que su buque más grande es un hospital.
La explicación queda desvirtuada cuando se comprueba que su nuevo comandante, el contralmirante Joseph Kernan, no es un enfermero, sino el ex jefe del Comando de Tácticas Especiales de Guerra Naval, un grupo de elite para operaciones especiales en condiciones adversas, entrenado para misiones, sin dudas, nada “humanitarias”. La flota, integrada por once navíos de guerra, incluyendo un portaaviones, el George Washington, depende del Comando Sur, que desde un primer momento esgrimió la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico y la prevención de “oleadas de refugiados” como los motivos del relanzamiento.
El regreso de la IV Flota no se restringirá a las aguas adyacentes al Caribe y de los países atlánticos de Centro y Sudamérica. Como lo plantea un documento de la Marina de Guerra yanqui de 2007, las fuerzas de tarea navales contarán con nuevos buques de “combate litoral”, en consonancia con los ejercicios anfibios que en estos mismos días se están desarrollando en territorio argentino(1). El comandante de la marina James Stevenson fue bastante más sincero que Shannon, y admitió que sus naves llegarán hasta las “aguas marrones” de nuestro amplio sistema de ríos, desde la cuenca amazónica hasta los mantos subterráneos del Sistema Acuífero Guaraní, la misma zona donde se realizan los ejercicios “Unitas Ribereños” dirigidos por el Pentágono, que con la excusa de impulsar proyectos de ingeniería y entrenamiento médico, realizan tareas de inteligencia, reconocimiento regional y estudios topográficos de importancia geoestratégica.
Mientras la flota se aprestaba para dejar su puerto en Florida, se sucedían en Argentina las visitas de notables yanquis.
En mayo vino el jefe del Comando Sur, James Stavridis, que habló a la prensa de las “excelentes” relaciones entre las fuerzas armadas de su país y de la Argentina. Pero la visita más destacada fue la misión encabezada por el subsecretario de estado para el hemisferio occidental, Shannon, y el subsecretario del tesoro, Brian O’Neill, que fueron recibidos con honores por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Shannon se entrevistó, además, con el canciller, Jorge Taiana; con el ministro de economía, Carlos Fernández; con el ministro del interior, Aníbal Fernández; con los jueces de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, Ricardo Maqueda y Elena Highton de Nolasco, y con el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri. También visitó el Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto para Operaciones de Paz.
O’Neill, para no ser menos, se reunió con banqueros del Citibank, del HSBC, de Prudencial y de American Express, con los que discutió las condiciones de EEUU respecto de la deuda argentina con el Club de París.
Verdaderos virreyes a los que el gobierno kirchnerista se encarga de demostrar, día a día, que sigue siendo su mejor alumno, el del pago compulsivo de la deuda, el de las tropas en Haití, el del saqueo y la entrega.
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NOTAS:
1) Ver recuadro “Desembarco yanqui en Bahía Blanca”.