EL SILENCIO DE LOS NADA INOCENTES

El Revolucionario Nº19 (Noviembre 2006)


Dicen que cuando el río suena, algo trae. Pero en la política argentina, a veces hay silencios verdaderamente atronadores. Y lo más llamativo, otras veces, es el silencio de los habituales opinadores y comentaristas mediáticos sobre ciertos silencios gubernamentales. Al revés de lo ocurrido con el ominoso silencio oficial sobre la derrota misionera, que motivó que durante días ese fuera el tema favorito de los formadores de opinión, ni uno ha abierto la boca sobre el profundo, cerrado y total silencio que siguió a la difusión pública, a través de documentos de la época, de las aceitadas relaciones que el hoy autodenominado “presidente de los DDHH” tuvo en su momento con el régimen militar dictatorial.
Los materiales difundidos por la revista Noticias, y que sólo algún diario menor reprodujo, no dejan mayor espacio para la discusión: en dos fotos tomadas de archivos de diarios de Río Gallegos se ve al entonces joven Kirchner, en 1982, junto al general Oscar Enrique Guerrero, comandante de la XI Brigada de Infantería Mecanizada del Ejército, hombre de Galtieri y sucesor de Camps como jefe de la bonaerense. El título de una de las notas es bien explícito: “Amplio apoyo de las fuerzas vivas a las FFAA”. Para que se entienda: las “fuerzas vivas” de la foto, que apoyaban a los milicos genocidas (y todo el mundo sabía que lo eran en 1982 y que encima estaban en retirada) eran Néstor Kirchner y varios peronistas más, entre ellos el actual ministro de gobierno de Santa Cruz. El resto de la documentación revela que, aunque las fotos son de abril de 1982, no se trató de un fugaz acercamiento producto de la “euforia patriótica” que intoxicó a tantos (incluso parte de la izquierda) cuando el agónico régimen militar quiso usar como mascarilla de oxígeno el reclamo argentino sobre las Islas Malvinas. Néstor Kirchner y su mujer Cristina Fernández tuvieron vínculos, como tanto peronista y como la mayoría de la clase política argentina, con el gobierno militar. Así, por ejemplo, en 1981 el matrimonio publicó una solicitada en un diario de Río Gallegos agradeciendo al intendente, a un ministro provincial y al jefe de la policía provincial su actuación en relación a un hecho delictivo que habían padecido en su estudio jurídico, y celebraban vivir… en un Estado de Derecho. Es que el grupo peronista que los Kirchner integraban apostaba al acuerdo político con los militares para hacer un gobierno de concertación. En la nota del periódico Correo del Sur el presidente decía entonces: “es fundamental el reencuentro” y destacaba “nuestro espíritu de conciliación y unión nacional”.
No se trata, como creen los “analistas” de Noticias, de que un tardío ataque de culpa hizo que Kirchner revisara su posición, sino de la reubicación permanente de un cuadro de la burguesía, que se pone del lado que sus patrones le mandan estar en cada etapa. Entonces dando su apoyo cívico a los milicos, hoy señalando sus crímenes con hipócritas y ampulosos gestos.
Pero lo más notable de todo, insistimos, no son las fotos, ni los textos descubiertos. Es el silencio, el silencio de los que dieron a Kirchner su bendición, lo ungieron como su hijo dilecto y lo proclamaron el “presidente de los DDHH”. El silencio de Hebe Pastor de Bonafini, por ejemplo, cuyos hijos fueron vistos con vida por última vez en alguno de los chupaderos bonaerenses que el general Guerrero comandó en 1981, y que seguro visitaba antes de eso. El silencio de los que no son nada inocentes, y que suena, más bien, como el balido vergonzante del obediente.