El Revolucionario Nº23 (Abril de 2007)
En su visita a Bs. As., el presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías dio un extenso discurso en el estadio de Ferrocarril Oeste.
Con su habitual verborragia en la que mezcla frases de personalidades irreconciliables como Eva Perón y Ernesto “Che” Guevara o Cristo y Karl Marx, el presidente de Venezuela vino a continuar con su farsa, con su caricatura de revolución, con su reedición del nacionalismo burgués que ya fuera pregonado, en Argentina, por Juan Domingo Perón. De hecho las palabras del general Perón han ocupado un lugar de preferencia en sus cuantiosas citas.
Haciendo buenos negocios con el petróleo, favorecidos (igual que los de su par argentino, el también ampliamente citado Néstor Kirchner) por un contexto internacional favorable con alta demanda y elevados precios, el gobierno chavista ha impulsado una serie de reformas sociales en salud y educación que, sumadas a su pose de antiimperialista y “neosocialista”, le permiten montar el teatro necesario para mostrarse como un “revolucionario” que encabeza un “proceso revolucionario” en su país y, según dicen, hasta en América Latina.
Pero esto dista tanto de la realidad que, como venimos afirmando desde su asunción, lejos de desarrollar proceso revolucionario alguno, Chávez es el mejor freno para la revolución socialista.
Como Cuba, nada
No son pocas las veces en que los chavistas comparan el llamado proceso bolivariano con la revolución cubana. En su reciente discurso, Chávez declaró falsamente que “...este impulso revolucionario que hoy sacude nuestra América (...) es 100 veces mayor que el que la sacudió en los años 60...”. En estas palabras no hay una sola afirmación verdadera. Aquí, además de la tendenciosa omisión histórica de la revolución cubana y de las organizaciones populares que desarrollaron, y aún hoy desarrollan, la lucha contra el imperialismo y, en muchos casos, por la revolución socialista con las armas en la mano, aparece la falsa idea del proceso revolucionario en América del Sur encabezado por los gobiernos latinoamericanos como el del propio Chávez, Morales, Correa, Lula Da Silva, Tabaré Vázquez y hasta el de Kirchner. Pero algo tanto o más pernicioso que lo anterior es la comparación, y aun la idea de superioridad, de la revolución “bolivariana” con la revolución cubana.
Por empezar, el gobierno venezolano, por boca de sus altos funcionarios, se encarga de declarar permanentemente, para no dejar lugar a dudas, que el “socialismo bolivariano del siglo XXI” respeta la propiedad privada. Las propagandizadas nacionalizaciones no son otra cosa que la compra millonaria de un porcentaje de las compañías en manos privadas. Cómo es sabido, aunque ocultado por la burguesía y los socialdemócratas al estilo Chávez, la revolución cubana llevó a cabo, como primeras medidas, las expropiaciones, sin pago alguno claro, de las multinacionales que operaban en la isla, como la Standard Oil y la United Fruit, y de las tierras de los grandes propietarios. La ausencia de esta sola medida en Venezuela, que traería inmediatamente la ruptura de relaciones con EEUU, muestra a las claras que el gobierno no tiene ninguna intención de realizar medidas socialistas y, por ende, no está encabezando ninguna revolución ni mucho menos.
Además, es inconcebible que un gobierno autodenominado revolucionario reconozca y pague, sin mas, la deuda externa con los organismos internacionales de crédito manipulados por los EEUU. Pero Chávez reconoce y paga la deuda venezolana que asciende a los 50.000 millones de dólares aproximadamente. El planteo más radicalizado que ha hecho el presidente en este sentido ha sido el de pedirle a EEUU que proceda a condonar la deuda, bajo el argumento no de que es ilegítima, sino de que el pueblo ya la pagó más de tres veces. La revolución cubana, en el otro extremo de la bolivariana, rompió y desconoció todo acuerdo con los países imperialistas llegando incluso a enfrentarlos y expulsarlos en Playa Girón.
Venezuela, lejos de romper relaciones con el imperio, mantiene sus excelentes negocios. La venta de petróleo a los EEUU representa el 85% de la producción de crudo del país caribeño y el 30% de las compras del país del norte. Petróleo que amortigua la crisis petrolera que ha obligado al gendarme mundial a invadir Irak. Si estos inmensos negocios no son parte de un TLC, es simplemente porque sus partes no los llaman así.
Como si esto fuera poco, el proyecto bolivariano queda desnudado completamente con la iniciativa del Banco del Sur. Como afirman explícitamente los bolivarianos y sus socios, el Banco del Sur vendría a reemplazar al FMI. Es decir a sustituir una usura descarada y abierta por una menos descarada y menos abierta. Chávez se perfila así, como el gran banquero de los países latinoamericanos sobre la base de mantener a su país en el atraso y la dependencia del petróleo como único artículo de exportación.
El proceso bolivariano, no es más que una farsa. Una farsa que disfraza su antibushismo de antiimperialismo; una farsa que lleva adelante una reestructuración capitalista, pero teñita de rojo. El chavismo no es más que un movimiento burgués con una buena cuota de un limitadísimo y rudimentario nacionalismo burgués, otra de frases grandilocuentes y ruidosas pero inofensivas para las clases dominantes, y una dosis de demagógicos gestos y amagues antiimperialistas.
En su visita a Bs. As., el presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías dio un extenso discurso en el estadio de Ferrocarril Oeste.
Con su habitual verborragia en la que mezcla frases de personalidades irreconciliables como Eva Perón y Ernesto “Che” Guevara o Cristo y Karl Marx, el presidente de Venezuela vino a continuar con su farsa, con su caricatura de revolución, con su reedición del nacionalismo burgués que ya fuera pregonado, en Argentina, por Juan Domingo Perón. De hecho las palabras del general Perón han ocupado un lugar de preferencia en sus cuantiosas citas.
Haciendo buenos negocios con el petróleo, favorecidos (igual que los de su par argentino, el también ampliamente citado Néstor Kirchner) por un contexto internacional favorable con alta demanda y elevados precios, el gobierno chavista ha impulsado una serie de reformas sociales en salud y educación que, sumadas a su pose de antiimperialista y “neosocialista”, le permiten montar el teatro necesario para mostrarse como un “revolucionario” que encabeza un “proceso revolucionario” en su país y, según dicen, hasta en América Latina.
Pero esto dista tanto de la realidad que, como venimos afirmando desde su asunción, lejos de desarrollar proceso revolucionario alguno, Chávez es el mejor freno para la revolución socialista.
Como Cuba, nada
No son pocas las veces en que los chavistas comparan el llamado proceso bolivariano con la revolución cubana. En su reciente discurso, Chávez declaró falsamente que “...este impulso revolucionario que hoy sacude nuestra América (...) es 100 veces mayor que el que la sacudió en los años 60...”. En estas palabras no hay una sola afirmación verdadera. Aquí, además de la tendenciosa omisión histórica de la revolución cubana y de las organizaciones populares que desarrollaron, y aún hoy desarrollan, la lucha contra el imperialismo y, en muchos casos, por la revolución socialista con las armas en la mano, aparece la falsa idea del proceso revolucionario en América del Sur encabezado por los gobiernos latinoamericanos como el del propio Chávez, Morales, Correa, Lula Da Silva, Tabaré Vázquez y hasta el de Kirchner. Pero algo tanto o más pernicioso que lo anterior es la comparación, y aun la idea de superioridad, de la revolución “bolivariana” con la revolución cubana.
Por empezar, el gobierno venezolano, por boca de sus altos funcionarios, se encarga de declarar permanentemente, para no dejar lugar a dudas, que el “socialismo bolivariano del siglo XXI” respeta la propiedad privada. Las propagandizadas nacionalizaciones no son otra cosa que la compra millonaria de un porcentaje de las compañías en manos privadas. Cómo es sabido, aunque ocultado por la burguesía y los socialdemócratas al estilo Chávez, la revolución cubana llevó a cabo, como primeras medidas, las expropiaciones, sin pago alguno claro, de las multinacionales que operaban en la isla, como la Standard Oil y la United Fruit, y de las tierras de los grandes propietarios. La ausencia de esta sola medida en Venezuela, que traería inmediatamente la ruptura de relaciones con EEUU, muestra a las claras que el gobierno no tiene ninguna intención de realizar medidas socialistas y, por ende, no está encabezando ninguna revolución ni mucho menos.
Además, es inconcebible que un gobierno autodenominado revolucionario reconozca y pague, sin mas, la deuda externa con los organismos internacionales de crédito manipulados por los EEUU. Pero Chávez reconoce y paga la deuda venezolana que asciende a los 50.000 millones de dólares aproximadamente. El planteo más radicalizado que ha hecho el presidente en este sentido ha sido el de pedirle a EEUU que proceda a condonar la deuda, bajo el argumento no de que es ilegítima, sino de que el pueblo ya la pagó más de tres veces. La revolución cubana, en el otro extremo de la bolivariana, rompió y desconoció todo acuerdo con los países imperialistas llegando incluso a enfrentarlos y expulsarlos en Playa Girón.
Venezuela, lejos de romper relaciones con el imperio, mantiene sus excelentes negocios. La venta de petróleo a los EEUU representa el 85% de la producción de crudo del país caribeño y el 30% de las compras del país del norte. Petróleo que amortigua la crisis petrolera que ha obligado al gendarme mundial a invadir Irak. Si estos inmensos negocios no son parte de un TLC, es simplemente porque sus partes no los llaman así.
Como si esto fuera poco, el proyecto bolivariano queda desnudado completamente con la iniciativa del Banco del Sur. Como afirman explícitamente los bolivarianos y sus socios, el Banco del Sur vendría a reemplazar al FMI. Es decir a sustituir una usura descarada y abierta por una menos descarada y menos abierta. Chávez se perfila así, como el gran banquero de los países latinoamericanos sobre la base de mantener a su país en el atraso y la dependencia del petróleo como único artículo de exportación.
El proceso bolivariano, no es más que una farsa. Una farsa que disfraza su antibushismo de antiimperialismo; una farsa que lleva adelante una reestructuración capitalista, pero teñita de rojo. El chavismo no es más que un movimiento burgués con una buena cuota de un limitadísimo y rudimentario nacionalismo burgués, otra de frases grandilocuentes y ruidosas pero inofensivas para las clases dominantes, y una dosis de demagógicos gestos y amagues antiimperialistas.