La crisis general del capitalismo se desarrolla, inevitablemente, también en Argentina. El impacto sobre la industria, el comercio, el tipo de cambio, la inflación, el desempleo..., todo, golpea en primer lugar y con más violencia a la clase trabajadora.
El Revolucionario Nº41 (Noviembre de 2008)
Son solamente ilusiones y mentiras los discursos que hablan del “blindaje argentino”. Argentina no puede escapar a la crisis capitalista. El entrelazamiento económico del país con el resto del mundo es tan potente e inevitable que resulta falso referirse a la crisis como patrimonio de tal o cual país. En el orden capitalista mundial, Argentina ocupa un lugar bien definido en lo fundamental: proveedor de materias primas, como soja o maíz; mercado para las manufacturas industriales, como las de telefonía o computación; y sucursal de grandes multinacionales, como Fiat o Mercedes Benz. La crisis actual, es una crisis del sistema capitalista en su conjunto, del que Argentina forma parte inseparable.
Como consecuencia de las dimensiones de la actual crisis en países centrales como EEUU o los de la Unión Europea (UE), se produce, fundamentalmente, un estancamiento y paralización en la producción industrial, una significativa caída en los mercados financieros y una seria disminución del comercio internacional. Esta realidad, inocultable pese a los denodados esfuerzos de los gobiernos del mundo entero, se manifiesta de variadas formas en Argentina.
Crisis en toda la economía
La Unión Industrial Argentina (UIA) ha explicado que existe “...una notable caída de las ventas y de la producción nacional”. Varias son las ramas afectadas según la cámara empresarial. La industria alimenticia mermó su crecimiento y con ella, cayó la producción de envoltorios y cajas. La textil también congeló su actividad y espera una disminución para 2009. Por su parte, los sectores plástico y metalúrgico vieron caer sensiblemente su producción. La actividad maderera en Misiones, la papelera en Jujuy, la minera y azucarera en Salta, la pesquera en el sur, la vitivinícola en Cuyo, entre otras, disminuyeron las exportaciones y las ventas internas. Además, y siempre según la UIA, se desaceleraron la construcción, la industria citrícola, la de maquinaria agrícola y la turística. La industria metalmecánica se ve especialmente afectada. Las automotrices, que mayoritariamente están en manos de capitales extranjeros y que ensamblan piezas para armar vehículos y exportarlos, perdieron más de un tercio de sus ventas externas. Asimismo, han paralizado la producción en varias de sus plantas.
Por otro lado, el estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU y algunos países de la UE, como España, con la seguidilla de quiebras y salvatajes de bancos y empresas, salpicó a todos los mercados del mundo. Semana tras semana se sucedieron los llamados “días negros”, aquellos en los que las bolsas caían vertiginosamente. En Argentina, el índice del MerVal no se mostró indiferente y experimentó importantes caídas, alcanzando el nivel más bajo del año, sólo comparable con las cifras de 2001.
La retracción del comercio internacional también muestra sus síntomas en el país. En el mercado mundial, como dijimos, Argentina se ubica, fundamentalmente, como vendedor de materias primas, granos especialmente. Sus principales exportaciones son la soja, el maíz, el trigo y el girasol. Pues bien, la cotización de la soja alcanzó su piso más bajo en un año, a tan sólo cuatro meses de haber logrado su techo histórico. De los u$s600 de julio, a los u$s300 de octubre. En tres meses, la caída promedio de todas estas exportaciones, que aportan el 50% de las divisas y contribuyen con el 15% a las arcas fiscales, fue del 45%. Es la caída más importante en 50 años.
Los problemas que vienen
Uno de los golpes más importantes para la economía Argentina se ubica en el terreno comercial. La rápida caída del precio de los commodities que exporta el país, como consecuencia de la apreciación del dólar, de la menor demanda de biocombustibles y el llamado enfriamiento de la economía, genera, ya, una erosión paralela en el superávit de la balanza comercial y, con ella, en los ingresos fiscales del gobierno, vía retenciones. Concretamente, peligra el sostenimiento del superávit fiscal, bandera clave de este gobierno(1).
Por otra parte, la devaluación de las monedas en los principales destinatarios de las exportaciones argentinas, como Brasil, México, Chile y la UE, pone sobre la mesa la discusión de la devaluación en Argentina, la paridad entre el peso y el dólar. En eso están el gobierno, las cámaras empresariales de la industria y el agro y la CGT. La amenaza puntual consiste en una invasión, más grande aún, de productos brasileños, agravando considerablemente la ya delicada situación de la industria local. La contracara de la devaluación del peso, es más y más inflación.
Evidentemente, con la crisis capitalista, se acaba la época de “vacas gordas” para los kirchneristas y sus amigos.
La crisis recae sobre el pueblo trabajador
Como bien señaló la presidenta Cristina Fernández, el superávit es un “credo” para ella. Ante la amenaza de su desaparición, el gobierno no dudará en seguir implementando un ajuste, solapado pero ajuste al fin, sobre áreas como salud, educación o asistencia social. Para garantizarlo, las cuentas deben cerrar bien. Ésta es la exigencia de los acreedores de la deuda argentina y, como hemos visto durante todos estos años de gestión kirchnerista, es la primera tarea que lleva adelante y se encarga de hacer cumplir, cueste lo que cueste.
Por su parte, el estancamiento y la paralización de la producción y el comercio golpean directa y más fuertemente a la clase trabajadora. Los obreros metalúrgicos, mecánicos, textiles, de la construcción, los empleados bancarios, de comercio... son sólo algunos de los más vulnerables a la embestida de la crisis. Son la primera variable de ajuste para los empresarios, que no se demoran en recurrir a los despidos, suspensiones, reducción y eliminación de horas extras o adelantos de vacaciones(2).
A todo esto se suma, el acuerdo con la UIA para devaluar gradualmente el peso frente al dólar(3) y, así, mantener la continuidad del proceso inflacionario, ya que al tiempo que aumenta el dólar, aumentan los insumos, todos importados, que van desde fertilizantes hasta cartón.
De este modo, el gobierno y los empresarios van a paliar su crisis, una vez más, sobre las espaldas del pueblo trabajador.
...
NOTAS:
1) Para 2009, se estima una merma de $6.000 millones en concepto de retenciones en relación al presente año.
2) Renault en Córdoba, por ejemplo, ya cesanteó a 300 obreros, sobre un total de 1.400. Es decir, redujo su personal en más del 20%. General Motors, Peugeot-Citroen, Mercedes Benz e Iveco suspendieron, en distintas escalas, su producción durante este mes y todas negocian con los sindicatos la estabilidad laboral de cientos de obreros. La situación es similar en el supermercado Easy y entre los bancarios. Según la UOCRA, ya se suspendieron 60.000 obreros de la construcción.
3) La cotización de la moneda estadounidense llegó a $3,40, por encima de los $3,19 proyectados para 2009, a pesar de la más grande intervención del gobierno, desde 2002, para regular su ascenso.
El Revolucionario Nº41 (Noviembre de 2008)
Son solamente ilusiones y mentiras los discursos que hablan del “blindaje argentino”. Argentina no puede escapar a la crisis capitalista. El entrelazamiento económico del país con el resto del mundo es tan potente e inevitable que resulta falso referirse a la crisis como patrimonio de tal o cual país. En el orden capitalista mundial, Argentina ocupa un lugar bien definido en lo fundamental: proveedor de materias primas, como soja o maíz; mercado para las manufacturas industriales, como las de telefonía o computación; y sucursal de grandes multinacionales, como Fiat o Mercedes Benz. La crisis actual, es una crisis del sistema capitalista en su conjunto, del que Argentina forma parte inseparable.
Como consecuencia de las dimensiones de la actual crisis en países centrales como EEUU o los de la Unión Europea (UE), se produce, fundamentalmente, un estancamiento y paralización en la producción industrial, una significativa caída en los mercados financieros y una seria disminución del comercio internacional. Esta realidad, inocultable pese a los denodados esfuerzos de los gobiernos del mundo entero, se manifiesta de variadas formas en Argentina.
Crisis en toda la economía
La Unión Industrial Argentina (UIA) ha explicado que existe “...una notable caída de las ventas y de la producción nacional”. Varias son las ramas afectadas según la cámara empresarial. La industria alimenticia mermó su crecimiento y con ella, cayó la producción de envoltorios y cajas. La textil también congeló su actividad y espera una disminución para 2009. Por su parte, los sectores plástico y metalúrgico vieron caer sensiblemente su producción. La actividad maderera en Misiones, la papelera en Jujuy, la minera y azucarera en Salta, la pesquera en el sur, la vitivinícola en Cuyo, entre otras, disminuyeron las exportaciones y las ventas internas. Además, y siempre según la UIA, se desaceleraron la construcción, la industria citrícola, la de maquinaria agrícola y la turística. La industria metalmecánica se ve especialmente afectada. Las automotrices, que mayoritariamente están en manos de capitales extranjeros y que ensamblan piezas para armar vehículos y exportarlos, perdieron más de un tercio de sus ventas externas. Asimismo, han paralizado la producción en varias de sus plantas.
Por otro lado, el estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU y algunos países de la UE, como España, con la seguidilla de quiebras y salvatajes de bancos y empresas, salpicó a todos los mercados del mundo. Semana tras semana se sucedieron los llamados “días negros”, aquellos en los que las bolsas caían vertiginosamente. En Argentina, el índice del MerVal no se mostró indiferente y experimentó importantes caídas, alcanzando el nivel más bajo del año, sólo comparable con las cifras de 2001.
La retracción del comercio internacional también muestra sus síntomas en el país. En el mercado mundial, como dijimos, Argentina se ubica, fundamentalmente, como vendedor de materias primas, granos especialmente. Sus principales exportaciones son la soja, el maíz, el trigo y el girasol. Pues bien, la cotización de la soja alcanzó su piso más bajo en un año, a tan sólo cuatro meses de haber logrado su techo histórico. De los u$s600 de julio, a los u$s300 de octubre. En tres meses, la caída promedio de todas estas exportaciones, que aportan el 50% de las divisas y contribuyen con el 15% a las arcas fiscales, fue del 45%. Es la caída más importante en 50 años.
Los problemas que vienen
Uno de los golpes más importantes para la economía Argentina se ubica en el terreno comercial. La rápida caída del precio de los commodities que exporta el país, como consecuencia de la apreciación del dólar, de la menor demanda de biocombustibles y el llamado enfriamiento de la economía, genera, ya, una erosión paralela en el superávit de la balanza comercial y, con ella, en los ingresos fiscales del gobierno, vía retenciones. Concretamente, peligra el sostenimiento del superávit fiscal, bandera clave de este gobierno(1).
Por otra parte, la devaluación de las monedas en los principales destinatarios de las exportaciones argentinas, como Brasil, México, Chile y la UE, pone sobre la mesa la discusión de la devaluación en Argentina, la paridad entre el peso y el dólar. En eso están el gobierno, las cámaras empresariales de la industria y el agro y la CGT. La amenaza puntual consiste en una invasión, más grande aún, de productos brasileños, agravando considerablemente la ya delicada situación de la industria local. La contracara de la devaluación del peso, es más y más inflación.
Evidentemente, con la crisis capitalista, se acaba la época de “vacas gordas” para los kirchneristas y sus amigos.
La crisis recae sobre el pueblo trabajador
Como bien señaló la presidenta Cristina Fernández, el superávit es un “credo” para ella. Ante la amenaza de su desaparición, el gobierno no dudará en seguir implementando un ajuste, solapado pero ajuste al fin, sobre áreas como salud, educación o asistencia social. Para garantizarlo, las cuentas deben cerrar bien. Ésta es la exigencia de los acreedores de la deuda argentina y, como hemos visto durante todos estos años de gestión kirchnerista, es la primera tarea que lleva adelante y se encarga de hacer cumplir, cueste lo que cueste.
Por su parte, el estancamiento y la paralización de la producción y el comercio golpean directa y más fuertemente a la clase trabajadora. Los obreros metalúrgicos, mecánicos, textiles, de la construcción, los empleados bancarios, de comercio... son sólo algunos de los más vulnerables a la embestida de la crisis. Son la primera variable de ajuste para los empresarios, que no se demoran en recurrir a los despidos, suspensiones, reducción y eliminación de horas extras o adelantos de vacaciones(2).
A todo esto se suma, el acuerdo con la UIA para devaluar gradualmente el peso frente al dólar(3) y, así, mantener la continuidad del proceso inflacionario, ya que al tiempo que aumenta el dólar, aumentan los insumos, todos importados, que van desde fertilizantes hasta cartón.
De este modo, el gobierno y los empresarios van a paliar su crisis, una vez más, sobre las espaldas del pueblo trabajador.
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NOTAS:
1) Para 2009, se estima una merma de $6.000 millones en concepto de retenciones en relación al presente año.
2) Renault en Córdoba, por ejemplo, ya cesanteó a 300 obreros, sobre un total de 1.400. Es decir, redujo su personal en más del 20%. General Motors, Peugeot-Citroen, Mercedes Benz e Iveco suspendieron, en distintas escalas, su producción durante este mes y todas negocian con los sindicatos la estabilidad laboral de cientos de obreros. La situación es similar en el supermercado Easy y entre los bancarios. Según la UOCRA, ya se suspendieron 60.000 obreros de la construcción.
3) La cotización de la moneda estadounidense llegó a $3,40, por encima de los $3,19 proyectados para 2009, a pesar de la más grande intervención del gobierno, desde 2002, para regular su ascenso.