A medida que aumentan los despidos y suspensiones por la crisis, y la inflación se come los magros salarios, el gobierno profundiza su política represiva. Con el apoyo de los medios, al compás de la “inseguridad”, endurece el sistema penal para reprimir pobres y trabajadores. Usa sistemáticamente la tortura, el gatillo fácil y las detenciones arbitrarias, reprime a diario las movilizaciones populares y aumenta el número de presos políticos.
El Revolucionario Nº41 (Noviembre de 2008)
“No voy a reprimir con esta policía de gatillo fácil”, dijo Néstor Kirchner cuando no había cumplido un año de mandato. Lejos estamos de aquellas palabras, que cosecharon aplausos entre los defensores del “gobierno de los DDHH”. Ahora, el kirchnerismo ya no precisa ocultar su rostro.
“El tema de la seguridad nos tiene que conmover a todos, porque muchas veces la policía trabaja, detiene, detiene, detiene y la justicia libera y libera y es muy difícil. Es necesario que cada poder del Estado se haga cargo del rol que le corresponde construir”, disparó Cristina Fernández en un ámbito más que adecuado, la Universidad del Salvador, en Pilar. Y continuó: “Los jueces tienen los instrumentos para denegar libertades, excarcelaciones, que los tienen que ejercitar para defender a la comunidad”. Redobló su defensa de la policía y destacó que el gobierno le dio “mucho equipamiento para contribuir al valor seguridad”. Esta reedición de la “tolerancia cero” de Ruckauf, el “meta bala a los delincuentes”, significa gendarmería en barrios y andenes, más gatillo fácil y tortura, en una palabra, más persecución para los pobres, siempre “sospechosos”.
Al otro día, Néstor Kirchner agregó: “La presidenta lo dijo con todas las letras. Por mucho que haga la policía actuando bien, la justicia libera, libera. Es hora de que la justicia se ponga los pantalones largos”. El presidente de la Corte Ricardo Lorenzetti dijo, en el coloquio de IDEA: “los jueces deben entender que el respeto de las garantías constitucionales no tiene nada que ver con la noción de puerta giratoria, como se dice, de que los condenados entren por una puerta y salgan por la otra (...) Hay que respetar el derecho al debido proceso, pero la gente tiene derecho a la seguridad”. Esa misma semana, junto al resto de la Corte, Lorenzetti confirmó la extradición de los campesinos paraguayos presos, que llevaban más de 70 días de huelga de hambre. Así, negando el refugio político, encarcelando y entregando militantes populares a sus verdugos, es como el gobierno argentino entiende la “unidad latinoamericana”. En Jujuy, Salta y Neuquén, distintas manifestaciones de trabajadores fueron reprimidas. En Buenos Aires, la federal cargó contra los docentes, y contra los militantes que repudiaban la extradición de los paraguayos presos. En todos los casos hubo heridos y detenidos.
Los Kirchner, además de defender a la policía, brazo armado de la burguesía, expresaron su apoyo a la campaña del gobernador bonaerense para endurecer aún más la represión penal a los menores y a los pobres. Sin ambigüedad, dejaron en claro que la iniciativa de Scioli, lejos de ser un “desvarío de la derecha”, es, como la avanzada Blumberg, un plan del gobierno nacional.
Sobre el tema, Lorenzetti dudó: “El problema es dónde se lleva a esos chicos”, refiriéndose a los pibes de 12 o 13 años que quieren tratar como adultos. No debiera preocuparse el ministro. Con ese aval del matrimonio presidencial y de la cabeza del poder judicial, la policía se encargará de afinar la puntería para ejecutar la política que sus jefes le están señalando: no tomar prisioneros(1).
Hace justo un año, escribíamos: “Crecerá la miseria, crecerán las luchas, y crecerá la necesidad del gobierno de la nueva presidenta de reprimir a mansalva…(2)”. No pueden ocurrir las cosas de otra manera, con un gobierno que necesita reprimir para garantizar el pago de la deuda y defender las ganancias de los empresarios.
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NOTAS:
1) Desde que Kirchner asumió la presidencia el 25/05/03, alrededor de 1.000 jóvenes pobres fueron fusilados por el gatillo fácil o murieron en la tortura. correpi.lahaine.org
2) Ver “El Traspaso del garrote”, en ER Nº30, noviembre de 2007
El Revolucionario Nº41 (Noviembre de 2008)
“No voy a reprimir con esta policía de gatillo fácil”, dijo Néstor Kirchner cuando no había cumplido un año de mandato. Lejos estamos de aquellas palabras, que cosecharon aplausos entre los defensores del “gobierno de los DDHH”. Ahora, el kirchnerismo ya no precisa ocultar su rostro.
“El tema de la seguridad nos tiene que conmover a todos, porque muchas veces la policía trabaja, detiene, detiene, detiene y la justicia libera y libera y es muy difícil. Es necesario que cada poder del Estado se haga cargo del rol que le corresponde construir”, disparó Cristina Fernández en un ámbito más que adecuado, la Universidad del Salvador, en Pilar. Y continuó: “Los jueces tienen los instrumentos para denegar libertades, excarcelaciones, que los tienen que ejercitar para defender a la comunidad”. Redobló su defensa de la policía y destacó que el gobierno le dio “mucho equipamiento para contribuir al valor seguridad”. Esta reedición de la “tolerancia cero” de Ruckauf, el “meta bala a los delincuentes”, significa gendarmería en barrios y andenes, más gatillo fácil y tortura, en una palabra, más persecución para los pobres, siempre “sospechosos”.
Al otro día, Néstor Kirchner agregó: “La presidenta lo dijo con todas las letras. Por mucho que haga la policía actuando bien, la justicia libera, libera. Es hora de que la justicia se ponga los pantalones largos”. El presidente de la Corte Ricardo Lorenzetti dijo, en el coloquio de IDEA: “los jueces deben entender que el respeto de las garantías constitucionales no tiene nada que ver con la noción de puerta giratoria, como se dice, de que los condenados entren por una puerta y salgan por la otra (...) Hay que respetar el derecho al debido proceso, pero la gente tiene derecho a la seguridad”. Esa misma semana, junto al resto de la Corte, Lorenzetti confirmó la extradición de los campesinos paraguayos presos, que llevaban más de 70 días de huelga de hambre. Así, negando el refugio político, encarcelando y entregando militantes populares a sus verdugos, es como el gobierno argentino entiende la “unidad latinoamericana”. En Jujuy, Salta y Neuquén, distintas manifestaciones de trabajadores fueron reprimidas. En Buenos Aires, la federal cargó contra los docentes, y contra los militantes que repudiaban la extradición de los paraguayos presos. En todos los casos hubo heridos y detenidos.
Los Kirchner, además de defender a la policía, brazo armado de la burguesía, expresaron su apoyo a la campaña del gobernador bonaerense para endurecer aún más la represión penal a los menores y a los pobres. Sin ambigüedad, dejaron en claro que la iniciativa de Scioli, lejos de ser un “desvarío de la derecha”, es, como la avanzada Blumberg, un plan del gobierno nacional.
Sobre el tema, Lorenzetti dudó: “El problema es dónde se lleva a esos chicos”, refiriéndose a los pibes de 12 o 13 años que quieren tratar como adultos. No debiera preocuparse el ministro. Con ese aval del matrimonio presidencial y de la cabeza del poder judicial, la policía se encargará de afinar la puntería para ejecutar la política que sus jefes le están señalando: no tomar prisioneros(1).
Hace justo un año, escribíamos: “Crecerá la miseria, crecerán las luchas, y crecerá la necesidad del gobierno de la nueva presidenta de reprimir a mansalva…(2)”. No pueden ocurrir las cosas de otra manera, con un gobierno que necesita reprimir para garantizar el pago de la deuda y defender las ganancias de los empresarios.
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NOTAS:
1) Desde que Kirchner asumió la presidencia el 25/05/03, alrededor de 1.000 jóvenes pobres fueron fusilados por el gatillo fácil o murieron en la tortura. correpi.lahaine.org
2) Ver “El Traspaso del garrote”, en ER Nº30, noviembre de 2007