El Revolucionario Nº38 (Agosto de 2008)
El día que los empresarios del campo y del gobierno compitieron con sus actos, el periodismo adicto a unos y otros pasó revista a las banderas, consignas y precios del marketing y choripanes.
Por un lado, mostraron a las señoras palermitanas, con su bijou resplandeciente, las botas italianas y los jeans de marca, sin darse cuenta que criticaban, cartera Vuitton incluida, el look de la presidenta. Por el otro, despotricaron sobre las filas de colectivos fletados por los barones del PJ a Congreso, no muy distintos al aporte del mismo PJ en Palermo.
En Congreso estuvo Moyano. En Palermo, la CGT Azul y Blanca, sin Barrionuevo, que justo tuvo que operarse.
En Palermo, el PJ de Duhalde, De la Sota, Schiaretti, Reutemann, Busti, Rodríguez Saá, Romero. En Congreso, el PJ de Kirchner, los Fernández, Kunkel, De Vido, Scioli, Pichetto, Uribarri, Capitanich, Urtubey.
Con los empresarios del campo se mostraron Carrió, Gil Lavedra, López Murphy, P. Bullrich, Blumberg, Binner, Castells, el PCR, el MST y otros grupos menores. Con el gobierno, Yasky, Tumini, D’Elía, Bonafini, Sabatella, el cura Farinello, el PC y el PH. Compitieron el toro inflable Alfredito con los nueve pingüinos cuyas panzas formaban la palabra “Cristina” y el gorila marioneta.
Cada acto quiso ser el “auténtico”, el de manifestantes “espontáneos”, el de reclamos “democráticos”, el que expresaba “la patria”.
En uno se defendían las ganancias de la soja. En otro, las de las empresas y el superávit fiscal. Intereses, ocasionalmente enfrentados, de una misma clase: la burguesía, que aunque se divida en fracciones que compitan para ver quién se queda con la mejor parte del saqueo, no pierde su única cara, la de la explotación.
El día que los empresarios del campo y del gobierno compitieron con sus actos, el periodismo adicto a unos y otros pasó revista a las banderas, consignas y precios del marketing y choripanes.
Por un lado, mostraron a las señoras palermitanas, con su bijou resplandeciente, las botas italianas y los jeans de marca, sin darse cuenta que criticaban, cartera Vuitton incluida, el look de la presidenta. Por el otro, despotricaron sobre las filas de colectivos fletados por los barones del PJ a Congreso, no muy distintos al aporte del mismo PJ en Palermo.
En Congreso estuvo Moyano. En Palermo, la CGT Azul y Blanca, sin Barrionuevo, que justo tuvo que operarse.
En Palermo, el PJ de Duhalde, De la Sota, Schiaretti, Reutemann, Busti, Rodríguez Saá, Romero. En Congreso, el PJ de Kirchner, los Fernández, Kunkel, De Vido, Scioli, Pichetto, Uribarri, Capitanich, Urtubey.
Con los empresarios del campo se mostraron Carrió, Gil Lavedra, López Murphy, P. Bullrich, Blumberg, Binner, Castells, el PCR, el MST y otros grupos menores. Con el gobierno, Yasky, Tumini, D’Elía, Bonafini, Sabatella, el cura Farinello, el PC y el PH. Compitieron el toro inflable Alfredito con los nueve pingüinos cuyas panzas formaban la palabra “Cristina” y el gorila marioneta.
Cada acto quiso ser el “auténtico”, el de manifestantes “espontáneos”, el de reclamos “democráticos”, el que expresaba “la patria”.
En uno se defendían las ganancias de la soja. En otro, las de las empresas y el superávit fiscal. Intereses, ocasionalmente enfrentados, de una misma clase: la burguesía, que aunque se divida en fracciones que compitan para ver quién se queda con la mejor parte del saqueo, no pierde su única cara, la de la explotación.