CRIMEN DE BEROIZ: ASÍ AJUSTA SUS CUENTAS LA BUROCRACIA SINDICAL

El Revolucionario Nº34 (Abril de 2008)

Cuando el cadáver acribillado a tiros y apuñalado de Abel Beroiz, secretario general del sindicato de camioneros de Santa Fe y su tesorero nacional, fue encontrado en un estacionamiento de Rosario, la hipótesis de una disputa interna no se hizo esperar, a pesar de los esfuerzos de Hugo Moyano, que al día siguiente del crimen dijo que fue un asalto y le echó la culpa a la “ola de inseguridad”. Mientras la investigación se iba acercando al corazón del sindicato, Moyano recibió el apoyo explícito de la presidenta y su marido en el acto de celebración de sus 20 años como jefe de los camioneros. La detención del asesino a sueldo Oscar Flores confirmó que fue una ejecución ordenada y pagada por dirigentes del sindicato, los mismos que estuvieron en el velorio dando el pésame a la familia. El más comprometido, Raúl Luna, es el segundo de Hugo Moyano, que no encontró otro argumento para defenderlo que decir que “es un hombre que tiene hijos y nietos”, como si los asesinos no procrearan. A los pocos días, la plena confesión del sicario sólo fue contestada por el abogado del gremio, el ex juez Yérmanos(1), que habló de un “siniestro plan para perjudicar y desestabilizar al líder de la CGT”. Llermanos es un experto en excusas inverosímiles, como cuando defendió a “Madonna” Quiroz, el matón de Moyano Jr. que disparó contra los gremialistas de la UOCRA en la quinta de San Vicente durante el traslado de los restos de Juan Perón, argumentando que fue “en legítima defensa, y para evitar un mal mayor”. Luego, frente a la complicación de los cruces telefónicos entre el asesino confeso y varios dirigentes camioneros, Moyano trató de despegarse de Luna. La detención del instigador del crimen, Juan Dell'Arciprete, dirigente opositor a Beroiz y hombre de confianza de Pablo Moyano, volvió a complicarlo.
El de Beroiz no es ni por asomo un caso aislado. Sólo en el último trimestre de 2007 encontramos tres ejemplos parecidos. En septiembre, Horacio Viviani, hermano y mano derecha del poderoso secretario general del Sindicato de Peones de Taxis, apareció muerto, con un disparo en el pecho, en su automóvil. No le robaron el celular ni la gruesa billetera, y la versión oficial de un suicidio no convence a nadie. En octubre, Eduardo Miguel Orellana, titular de la sección La Matanza de la Unión Obrera Ladrillera de la República Argentina (UOLRA), fue encontrado en su camioneta 4x4 con un balazo en la cabeza. Tampoco hubo robo. Tres matones del sindicato, que cobraron $16.000 por el homicidio, fueron detenidos a fin de año. Finalmente, en noviembre, el delegado filetero Germán Darío Aguilera fue acuchillado en Puerto Madryn por tres hombres que lo interceptaron en la calle, de nuevo sin robar nada. Aguilera protagonizaba una fuerte interna en el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA).
Estos son los burócratas peronistas que dirigen el movimiento obrero, los que se sientan con el gobierno a negociar las paritarias, los que contratan asesinos a sueldo y encargan crímenes para resolver sus internas, los que disputan un lugar más cerca del féretro de Perón con el “Pata” Medina y “Madonna” Quiroz. Así funciona la burocracia sindical, amparada por el aparato represivo y el gobierno, que la necesita como aliada para frenar la organización independiente de los trabajadores.


NOTAS:
1) El juez de Lomas de Zamora Daniel Llermanos se hizo célebre en los '90 cuando destapó el escándalo de la mozzarella contaminada, pero tuvo que renunciar a su cargo poco después, cuando varios empresarios probaron que plantaba pruebas en los allanamientos para procesarlos, y luego los extorsionaba para sobreseerlos. Está casado con Rosario Lufrano, directora de Canal 7.