A COSTA DE LA VIDA DE LOS TRABAJADORES, CRECE EL CONSUMO DE LOS MUY RICOS

El Revolucionario Nº35 (Mayo de 2008)

El consumo representa, según los muy oficiales datos del INDEC, más del 77% del PBI1, y es lo que, según los especialistas, “motoriza” la economía. Pero cuando cuatro papas de regular tamaño cuestan $6 o tres zanahorias $3, no es el consumo del pueblo el que crece. Lo que empuja para arriba las estadísticas es el segmento “premium” o de “alta gama”, que aumenta de la mano de las escandalosas ganancias que tienen unos pocos, a costa del pueblo.
La importación de productos “gourmet” crece al 50% mensual. Los muy ricos compran quesos franceses, cervezas finlandesas, fiambres alemanes, galletitas israelíes o chocolates suizos de $20 la tableta. La multinacional Pernod Ricard presentó localmente su whisky Chivas Regal 25, que se vende a pedido y con lista de espera, y cuesta $1.500 la botella. En Córdoba, la demanda de “delicatessen” creció entre un 26 y 38% en el primer trimestre del año. Incluso en provincias más pobres como Santiago del Estero, se triplicó la venta de autos importados de alta gama, como Mercedes Benz, BMW y Audi, con precios entre 120 mil y 400 mil pesos2. Se multiplican en todo el país los “hoteles de diseño” donde dormir una noche cuesta de 300 a 500 dólares, privilegio de los mismos que en el Calafate pagan una fortuna para enfriar su whisky con trozos del glaciar.
Con bombos y platillos el gobierno anuncia “obras públicas” para disfrute de los ricos, que además hacen negocio financiándolas, como el tren bala, la ampliación del tranvía turístico de Puerto Madero (a un costo de u$s70 millones), o una urbanización de lujo (a un costo inicial de u$s50 millones), de 232 hectáreas costeras de los municipios de Avellaneda y Quilmes, financiada por el grupo Techint, en terrenos que son propiedad de la familia Rocca desde hace siete años, cuando los recibieron, literalmente a precio de basura, como parte del pago por el relleno sanitario que hizo otra empresa del grupo.
Coherente con su condición de multimillonaria, la presidenta exhibe sin pudores su propio consumo “premium”. En su último discurso en Plaza de Mayo, lució un reloj Rolex Presidente que cuesta u$s20.000, y dos anillos y aros que, sumados, superan los u$s40.000. Bastan las fotos de cualquiera de sus apariciones para hacer cálculos semejantes, de collares, pulseras o broches. Su vertiginoso cambio de vestuario en la reciente gira europea sorprendió hasta a los cronistas de la moda. Usó cinco equipos diferentes, todos de diseño exclusivo, en 48 horas. Un cálculo benevolente estima que no repitió su vestuario ni sus accesorios una sola vez desde que es presidenta.
El costo de esas ostentaciones es el sufrimiento del pueblo. Los lujos “premium” se financian con la explotación creciente de los trabajadores, con condiciones laborales cada vez más precarias. La misma semana de la boina parisina, dos trabajadores de un depósito de Dock Sud murieron al explotar un tanque de combustible que soldaban. La empresa, que podría ser de cualquiera de los que toman whisky con hielo del glaciar, emitió un comunicado, diciendo que la culpa fue de las víctimas. Dos trabajadores más que se suman a los que cotidianamente mueren por falta de medidas de seguridad (como un medidor de los gases en el tanque), por el incremento de los ritmos de producción y las jornadas más extensas.
Acumulan millones a costa del hambre y la explotación del pueblo. Lo que les queda, después de pagar la deuda externa o de mantener las tropas en Haití, lo gastan en el lujo obsceno que comparten gobernantes y empresarios explotadores.


NOTAS:
1) Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que elabora el INDEC, primer bimestre 2008.
2) Fuentes: diarios La Voz del Interior, Córdoba, y Panorama, Santiago del Estero.