El Revolucionario Nº20 (Diciembre de 2006)
El peronismo, bajo dirección de Kirchner, viene por el control de la Universidad de Bs. As., lo que significa una avanzada importantísima sobre un terreno que ha sido manejado históricamente por la UCR y su Franja Morada. Así, la última disputa entre fracciones internas en la UBA culminó con la elección como rector y vicerrector de dos autoproclamados peronistas-kirchneristas como Hallú y Sorín. Con el radicalismo en franca decadencia, los enquistados grupos de poder que desde hace añares defienden un lugar de privilegio que les permite el manejo de gigantes negociados, han encontrado en el peronismo su salvavidas y se han reconvertido tras su dirección.
El partido de gobierno se gana así una caja millonaria al acceder a la administración del presupuesto asignado por el estado. A eso se suma lo recaudado en las mismas universidades (cada vez más promotoras de negocios “propios”) y el monopolio de los acuerdos con empresas y entidades de todo tipo para el “intercambio” con la universidad (en nombre de pasantías, investigación, etc.). Son cifras enormes que con cada gestión se han desviado a los bolsillos de los “administradores” de turno (desde Shuberoft y sus escandalosos planes trabajar hasta el “progresista” Jaim Echeverry) engordando tanto las cuentas personales como las partidarias.
Nadie mejor que el propio gobierno podrá llevar adelante en la universidad los planes para el vaciamiento y la privatización, en plena sintonía con lo establecido por los “organismos internacionales” norteamericanos. Ahora se puede hacer avanzar más rápidamente el ajuste económico que hoy ya ha ubicado a un enorme porcentaje de la planta docente en condiciones denigrantes, sin cobrar un sólo peso, y a la enorme mayoría contenida con una paga miserable, por no hablar de las restricciones al ingreso, las condiciones de estudio, las edilicias, etc. Es el plan marcado por el mísero presupuesto y la legislación educativa privatizadora. Esta política es encabezada por la Nueva Ley de Educación del progre Filmus que viene a profundizar la también peronista (de los 90) Ley de Educación Superior, hoy aplicada bajo supervisión de un organismo de “evaluación” como la CONEAU (ente promovido por las leyes privatistas del que participa el “sector privado” y está avalado por el conjunto de los decanos).
Con estos planes y estos negociados en ciernes, la intervención del gobierno nacional y de las fuerzas kirchneristas para garantizar el control de la UBA fue clara y contundente: no sólo se terminó sesionando en el congreso nacional con guardia policial (meses después de haber dejado el campo libre a la patota de Apuba en la facultad de medicina), sino que intervinieron directamente desde el jefe de gabinete Alberto Fernández hasta el ministro de educación Daniel Filmus, pasando por la figura estelar de Hebe de Bonafini, todos promoviendo el desplazamiento de uno y otro candidato a rector para concluir así en una salida “consensuada” con el kirchnerismo a la cabeza.
El conjunto de los decanos, que se mostraron públicamente como enfrentados entre un ala “progresista” y otra “reaccionaria” encontraron su conciliación de la mano del gobierno del ajuste. Tanto el rector como el vicerrector fueron consensuados por el grupo tan repudiado del ex funcionario de la dictadura Atilio Alterini y el bloque progresista. El rector, aunque de perfil bajo, proviene del bloque más reaccionario de los decanos; y el vicerrector, militante orgánico de las filas kirchneristas fue el elegido por la denominada ala “progresista”, cuyas ramificaciones llegan (aunque indirectamente) hasta la misma Fuba (1).
Ante una situación extrema que promete ser agravada por la intervención directa del gobierno nacional, el movimiento universitario no ha logrado hasta ahora dar una lucha firme y consecuente para frenar la avanzada privatista. Es que, a la quietud de los gremios docente y no docente, aplastados por la burocracia sindical, se les suma la política meramente propagandista de la Fuba, dirigida por el MST, el PO y el PCR, cuyo accionar está muy lejos de enfrentar la ofensiva gubernamental.
En todo caso, lo que ha logrado la Fuba no es más que cierta difusión pública. Pero esta primera conclusión de lo que llaman “crisis de la UBA”, con un rector y un vicerrector peronistas y sin una sola conquista por parte del estudiantado, ha dado sobradas muestras de que las acciones impulsadas por la federación universitaria sólo le han hecho cosquillas a un gobierno que ha conseguido tiempo para su negociación y el desgaste de aquellas figuras que, como Alterini, no le responden directamente.
Que la Fuba haya adquirido un alto grado de exposición pública y al mismo tiempo sus acciones no hagan avanzar al movimiento hacia la lucha, no es un hecho contradictorio, sino bien ajustado a una política que se ha dado el reformismo como dirección del movimiento estudiantil, cuyo eje es la “propaganda”, o incluso el “escándalo”, pero nunca la organización hacia el interior de las facultades con una perspectiva de enfrentamiento real al gobierno y la dirección de la universidad.
Este perfil debe enmarcarse en una política más general, según la cual estos partidos de la socialdemocracia local han tomado a los centros de estudiantes y las federaciones como sostenes de su estructura partidaria, base de su financiamiento y lugar para la “exhibición” de sus campañas y militantes. De este modo, en cada facultad en que gobierna “la izquierda” (que son más de la mitad en la UBA), el centro de estudiantes es para el sentido común de los estudiantes y en los hechos, un “administrador” de locales, como las fotocopiadoras o los bares, del mismo modo que anteriormente lo hacía la franja morada. Esta orientación hacia la “administración de servicios” hace del centro de estudiantes una suerte de “mutual”, cuyo eje es la “solución de problemas” (entrega de becas, ofertas para el almuerzo, etc.) y no la organización para enfrentarlos (así, por ejemplo, las únicas secretarías que suelen existir son justamente… las de “apuntes” o similares).
Por si fuera poco, el cumplimiento de su tarea como recaudadores para el partido les ha valido no pocas acusaciones por robo, y los ha ubicado en el rol de “contratistas” de estudiantes (llamados becarios) que trabajan para sus negocios con las consiguientes denuncias por mal pago, superexplotación (para compensar la falta de trabajo de los militantes partidarios rentados), aprietes, etc. El flujo de dinero, sumado a la publicidad de sus partidos y cuadros, por el hecho de constituir formalmente “la dirección del movimiento universitario”, les plantea a estas organizaciones una doctrina de hierro: atornillarse al sillón de la dirección, aunque para ello se vean obligados a transar con dios y con el diablo.
Este panorama da cuenta de un problema gravísimo para el débil movimiento universitario. Es que las organizaciones de la socialdemocracia argentina, que hoy revisten los puestos dirigentes de la Fuba, se presentan como parte de la “izquierda” con planteos sobre la revolución y el clasismo pero al mismo tiempo llevan adelante una práctica burocrática que evita la lucha y se basa en manejos opuestos completamente a la moral de un revolucionario.
Cualquier comunista sabe que las ideas no pueden despegarse de la conducta y la moral de quienes las llevan adelante. No hay pues, política de “izquierda” que pueda sostenerse consecuentemente al tiempo que se practica lo contrario: se pone freno a la participación de base y a la lucha, se busca la ganancia económica para fines propios.
Para los comunistas, para los revolucionarios, hay un ejemplo bien claro de cómo debe actuar “la izquierda”, y es el del Che Guevara. Porque toda su práctica está signada por la entrega sin miramientos, por el esfuerzo conciente y el sacrificio que significa ser un dirigente revolucionario: el que debe al mismo tiempo asumir las tareas que le tocan y vivir como uno más de sus compañeros, evitando toda clase de privilegios y ventajas.
La práctica del Che nos ha dado muchas enseñanzas: quien dirigía un columna en la guerra revolucionaria no dejaba de hacer la cola para recibir su ración de comida; quien dirigía un ministerio, no sólo no contaba con ningún privilegio por sobre su pueblo, sino que era el primero en entregar su único día libre al trabajo voluntario… En fin, el guevarismo es la guía moral de los revolucionarios y no hay forma de desarrollar una política de izquierda que sea consecuente si no es adoptando una conducta acorde a los principios que se postulan.
Grandes sectores de la juventud, corrientes y organizaciones políticas se han forjado en estos principios irrenunciables como base ineludible para desarrollar la organización y dar la lucha por la revolución. Pero lamentablemente, muy alejadas de estas máximas, las prácticas del reformismo (hoy responsables de la Fuba), dan cuenta de un alto grado de descomposición de sus organizaciones y cuadros dirigentes, con lo que logran causar rechazo aun en amplias capas de la juventud universitaria que buscan una referencia de izquierda pero que, sanamente, reaccionan con rechazo frente a su burocratización y grave falta de principios.
Así, a las alianzas electorales, alejadas de cualquier principio y programa común de lucha, se suman acuerdos directos con el kirchnerismo y sus decanos. La presidencia del centro de estudiantes de la facultad de filosofía y letras (MST), por ejemplo, no sólo promovió (y votó) la asunción del actual decano Trinchero, sino que estableció una alianza pública con este destacado “progresista” que en estos días, fiel a sus convicciones, ha apoyado la nueva fórmula para el gobierno (y saqueo) de la universidad. Es la misma actitud que ha tenido el PCR en cada lugar en que ha podido (como las facultades de ingeniería o filosofía y letras) y con la que conviven todas aquellas fuerzas (entre las que se destaca el PO) que se suman a las “alianzas de izquierda” para dirigir junto a ellos los centros de estudiantes.
Con la prioridad de no abandonar por nada del mundo el sillón de la dirección, el reformismo en la universidad se ha tornado una dirección burocrática. Rehuye de cualquier lucha que implique la movilización de la base estudiantil, y se orienta exclusivamente a la intervención (sostenida exclusivamente en el activismo orgánico de las agrupaciones existentes) sobre temas de “agenda nacional” que le permiten una alta exposición mediática como es el caso de la “democratización”.
El contenido mismo de este programa, que reclama “democratizar la universidad” y “voltear las viejas estructuras” que hay en ella, se torna ridículo cuando se observa la limitada capacidad de lucha que existe en las facultades. Pues es notable que mientras el gobierno avanza, restringiendo el ingreso, instalando policía y seguridad privada en las facultades, engordando las filas de los docentes sin paga, etc., el movimiento estudiantil de la UBA no puede sostener un solo plan de lucha hacia el interior de las facultades, que sea capaz de frenar esta ofensiva gubernamental.
Por su parte el gobierno peronista de Kirchner, en forma consecuente con su política de cooptación y avance sobre los distintos ámbitos de la sociedad (con la que arrió tras de sí a organismos de DDHH como las madres), esta avanzando sobre la universidad, conquistando en primer lugar su dirección institucional y con la aspiración de manejar también sus centros y federaciones. Para enfrentar semejante ofensiva y contribuir al desarrollo de las ideas y prácticas revolucionarias en el seno de la universidad, se hace imprescindible impulsar un movimiento estudiantil antiburocrático, de izquierda y combativo, lo que exige de los activistas más decididos una esforzada práctica militante, la firmeza en los principios y el ejemplo de una moral guevarista.
-----------------------------
NOTAS
(1) En primer lugar, varios de los decanos progresistas, accedieron al gobierno de sus respectivas facultades gracias al apoyo (y votación) de fuerzas de la Fuba como el MST y el PCR. En segundo lugar, estas mismas fuerzas, en su afán por darle un “cierre a la crisis de la UBA” intentaron impulsar a algunos de estos decanos a la dirección de la UBA, lo que les valió en su momento una crisis interna que fue publicada hasta por el mismo diario Clarín.
El peronismo, bajo dirección de Kirchner, viene por el control de la Universidad de Bs. As., lo que significa una avanzada importantísima sobre un terreno que ha sido manejado históricamente por la UCR y su Franja Morada. Así, la última disputa entre fracciones internas en la UBA culminó con la elección como rector y vicerrector de dos autoproclamados peronistas-kirchneristas como Hallú y Sorín. Con el radicalismo en franca decadencia, los enquistados grupos de poder que desde hace añares defienden un lugar de privilegio que les permite el manejo de gigantes negociados, han encontrado en el peronismo su salvavidas y se han reconvertido tras su dirección.
El partido de gobierno se gana así una caja millonaria al acceder a la administración del presupuesto asignado por el estado. A eso se suma lo recaudado en las mismas universidades (cada vez más promotoras de negocios “propios”) y el monopolio de los acuerdos con empresas y entidades de todo tipo para el “intercambio” con la universidad (en nombre de pasantías, investigación, etc.). Son cifras enormes que con cada gestión se han desviado a los bolsillos de los “administradores” de turno (desde Shuberoft y sus escandalosos planes trabajar hasta el “progresista” Jaim Echeverry) engordando tanto las cuentas personales como las partidarias.
Nadie mejor que el propio gobierno podrá llevar adelante en la universidad los planes para el vaciamiento y la privatización, en plena sintonía con lo establecido por los “organismos internacionales” norteamericanos. Ahora se puede hacer avanzar más rápidamente el ajuste económico que hoy ya ha ubicado a un enorme porcentaje de la planta docente en condiciones denigrantes, sin cobrar un sólo peso, y a la enorme mayoría contenida con una paga miserable, por no hablar de las restricciones al ingreso, las condiciones de estudio, las edilicias, etc. Es el plan marcado por el mísero presupuesto y la legislación educativa privatizadora. Esta política es encabezada por la Nueva Ley de Educación del progre Filmus que viene a profundizar la también peronista (de los 90) Ley de Educación Superior, hoy aplicada bajo supervisión de un organismo de “evaluación” como la CONEAU (ente promovido por las leyes privatistas del que participa el “sector privado” y está avalado por el conjunto de los decanos).
Con estos planes y estos negociados en ciernes, la intervención del gobierno nacional y de las fuerzas kirchneristas para garantizar el control de la UBA fue clara y contundente: no sólo se terminó sesionando en el congreso nacional con guardia policial (meses después de haber dejado el campo libre a la patota de Apuba en la facultad de medicina), sino que intervinieron directamente desde el jefe de gabinete Alberto Fernández hasta el ministro de educación Daniel Filmus, pasando por la figura estelar de Hebe de Bonafini, todos promoviendo el desplazamiento de uno y otro candidato a rector para concluir así en una salida “consensuada” con el kirchnerismo a la cabeza.
El conjunto de los decanos, que se mostraron públicamente como enfrentados entre un ala “progresista” y otra “reaccionaria” encontraron su conciliación de la mano del gobierno del ajuste. Tanto el rector como el vicerrector fueron consensuados por el grupo tan repudiado del ex funcionario de la dictadura Atilio Alterini y el bloque progresista. El rector, aunque de perfil bajo, proviene del bloque más reaccionario de los decanos; y el vicerrector, militante orgánico de las filas kirchneristas fue el elegido por la denominada ala “progresista”, cuyas ramificaciones llegan (aunque indirectamente) hasta la misma Fuba (1).
Ante una situación extrema que promete ser agravada por la intervención directa del gobierno nacional, el movimiento universitario no ha logrado hasta ahora dar una lucha firme y consecuente para frenar la avanzada privatista. Es que, a la quietud de los gremios docente y no docente, aplastados por la burocracia sindical, se les suma la política meramente propagandista de la Fuba, dirigida por el MST, el PO y el PCR, cuyo accionar está muy lejos de enfrentar la ofensiva gubernamental.
En todo caso, lo que ha logrado la Fuba no es más que cierta difusión pública. Pero esta primera conclusión de lo que llaman “crisis de la UBA”, con un rector y un vicerrector peronistas y sin una sola conquista por parte del estudiantado, ha dado sobradas muestras de que las acciones impulsadas por la federación universitaria sólo le han hecho cosquillas a un gobierno que ha conseguido tiempo para su negociación y el desgaste de aquellas figuras que, como Alterini, no le responden directamente.
Que la Fuba haya adquirido un alto grado de exposición pública y al mismo tiempo sus acciones no hagan avanzar al movimiento hacia la lucha, no es un hecho contradictorio, sino bien ajustado a una política que se ha dado el reformismo como dirección del movimiento estudiantil, cuyo eje es la “propaganda”, o incluso el “escándalo”, pero nunca la organización hacia el interior de las facultades con una perspectiva de enfrentamiento real al gobierno y la dirección de la universidad.
Este perfil debe enmarcarse en una política más general, según la cual estos partidos de la socialdemocracia local han tomado a los centros de estudiantes y las federaciones como sostenes de su estructura partidaria, base de su financiamiento y lugar para la “exhibición” de sus campañas y militantes. De este modo, en cada facultad en que gobierna “la izquierda” (que son más de la mitad en la UBA), el centro de estudiantes es para el sentido común de los estudiantes y en los hechos, un “administrador” de locales, como las fotocopiadoras o los bares, del mismo modo que anteriormente lo hacía la franja morada. Esta orientación hacia la “administración de servicios” hace del centro de estudiantes una suerte de “mutual”, cuyo eje es la “solución de problemas” (entrega de becas, ofertas para el almuerzo, etc.) y no la organización para enfrentarlos (así, por ejemplo, las únicas secretarías que suelen existir son justamente… las de “apuntes” o similares).
Por si fuera poco, el cumplimiento de su tarea como recaudadores para el partido les ha valido no pocas acusaciones por robo, y los ha ubicado en el rol de “contratistas” de estudiantes (llamados becarios) que trabajan para sus negocios con las consiguientes denuncias por mal pago, superexplotación (para compensar la falta de trabajo de los militantes partidarios rentados), aprietes, etc. El flujo de dinero, sumado a la publicidad de sus partidos y cuadros, por el hecho de constituir formalmente “la dirección del movimiento universitario”, les plantea a estas organizaciones una doctrina de hierro: atornillarse al sillón de la dirección, aunque para ello se vean obligados a transar con dios y con el diablo.
Este panorama da cuenta de un problema gravísimo para el débil movimiento universitario. Es que las organizaciones de la socialdemocracia argentina, que hoy revisten los puestos dirigentes de la Fuba, se presentan como parte de la “izquierda” con planteos sobre la revolución y el clasismo pero al mismo tiempo llevan adelante una práctica burocrática que evita la lucha y se basa en manejos opuestos completamente a la moral de un revolucionario.
Cualquier comunista sabe que las ideas no pueden despegarse de la conducta y la moral de quienes las llevan adelante. No hay pues, política de “izquierda” que pueda sostenerse consecuentemente al tiempo que se practica lo contrario: se pone freno a la participación de base y a la lucha, se busca la ganancia económica para fines propios.
Para los comunistas, para los revolucionarios, hay un ejemplo bien claro de cómo debe actuar “la izquierda”, y es el del Che Guevara. Porque toda su práctica está signada por la entrega sin miramientos, por el esfuerzo conciente y el sacrificio que significa ser un dirigente revolucionario: el que debe al mismo tiempo asumir las tareas que le tocan y vivir como uno más de sus compañeros, evitando toda clase de privilegios y ventajas.
La práctica del Che nos ha dado muchas enseñanzas: quien dirigía un columna en la guerra revolucionaria no dejaba de hacer la cola para recibir su ración de comida; quien dirigía un ministerio, no sólo no contaba con ningún privilegio por sobre su pueblo, sino que era el primero en entregar su único día libre al trabajo voluntario… En fin, el guevarismo es la guía moral de los revolucionarios y no hay forma de desarrollar una política de izquierda que sea consecuente si no es adoptando una conducta acorde a los principios que se postulan.
Grandes sectores de la juventud, corrientes y organizaciones políticas se han forjado en estos principios irrenunciables como base ineludible para desarrollar la organización y dar la lucha por la revolución. Pero lamentablemente, muy alejadas de estas máximas, las prácticas del reformismo (hoy responsables de la Fuba), dan cuenta de un alto grado de descomposición de sus organizaciones y cuadros dirigentes, con lo que logran causar rechazo aun en amplias capas de la juventud universitaria que buscan una referencia de izquierda pero que, sanamente, reaccionan con rechazo frente a su burocratización y grave falta de principios.
Así, a las alianzas electorales, alejadas de cualquier principio y programa común de lucha, se suman acuerdos directos con el kirchnerismo y sus decanos. La presidencia del centro de estudiantes de la facultad de filosofía y letras (MST), por ejemplo, no sólo promovió (y votó) la asunción del actual decano Trinchero, sino que estableció una alianza pública con este destacado “progresista” que en estos días, fiel a sus convicciones, ha apoyado la nueva fórmula para el gobierno (y saqueo) de la universidad. Es la misma actitud que ha tenido el PCR en cada lugar en que ha podido (como las facultades de ingeniería o filosofía y letras) y con la que conviven todas aquellas fuerzas (entre las que se destaca el PO) que se suman a las “alianzas de izquierda” para dirigir junto a ellos los centros de estudiantes.
Con la prioridad de no abandonar por nada del mundo el sillón de la dirección, el reformismo en la universidad se ha tornado una dirección burocrática. Rehuye de cualquier lucha que implique la movilización de la base estudiantil, y se orienta exclusivamente a la intervención (sostenida exclusivamente en el activismo orgánico de las agrupaciones existentes) sobre temas de “agenda nacional” que le permiten una alta exposición mediática como es el caso de la “democratización”.
El contenido mismo de este programa, que reclama “democratizar la universidad” y “voltear las viejas estructuras” que hay en ella, se torna ridículo cuando se observa la limitada capacidad de lucha que existe en las facultades. Pues es notable que mientras el gobierno avanza, restringiendo el ingreso, instalando policía y seguridad privada en las facultades, engordando las filas de los docentes sin paga, etc., el movimiento estudiantil de la UBA no puede sostener un solo plan de lucha hacia el interior de las facultades, que sea capaz de frenar esta ofensiva gubernamental.
Por su parte el gobierno peronista de Kirchner, en forma consecuente con su política de cooptación y avance sobre los distintos ámbitos de la sociedad (con la que arrió tras de sí a organismos de DDHH como las madres), esta avanzando sobre la universidad, conquistando en primer lugar su dirección institucional y con la aspiración de manejar también sus centros y federaciones. Para enfrentar semejante ofensiva y contribuir al desarrollo de las ideas y prácticas revolucionarias en el seno de la universidad, se hace imprescindible impulsar un movimiento estudiantil antiburocrático, de izquierda y combativo, lo que exige de los activistas más decididos una esforzada práctica militante, la firmeza en los principios y el ejemplo de una moral guevarista.
-----------------------------
NOTAS
(1) En primer lugar, varios de los decanos progresistas, accedieron al gobierno de sus respectivas facultades gracias al apoyo (y votación) de fuerzas de la Fuba como el MST y el PCR. En segundo lugar, estas mismas fuerzas, en su afán por darle un “cierre a la crisis de la UBA” intentaron impulsar a algunos de estos decanos a la dirección de la UBA, lo que les valió en su momento una crisis interna que fue publicada hasta por el mismo diario Clarín.