Al cierre de esta edición se realizaba el balotage de la elección presidencial en Perú, en donde disputaban Keiko Fujimori y Ollanta Humala. Una de origen liberal y el otro nacionalista, los dos son responsables directos de las prácticas de terrorismo de estado, y ambos son defensores de la “estabilidad” del modelo que ahora está dando jugosas ganancias al empresariado y enormes penurias a millones de peruanos.
Perú es una de las estrellas del liberalismo latinoamericano. Viene creciendo sostenidamente (el último año lo hizo un 8,8%) mientras la pobreza alcanza al 35% de sus 30 millones de habitantes y en las zonas rurales falta el agua potable (al 56%) y la luz (al 40%). La alegría de los capitalistas y su defensa del actual modelo es tan indignante como la “sorpresa” de los analistas ante una acumulación que, con el pasar de los años, no “derrama” nada a los más necesitados.
Si hay algo que no está en duda es que el futuro presidente no irá en contra de la tendencia actual. Sucede que su orientación política no es tan contradictoria como se suele señalar... y están cada día más cerca.
La hija de Alberto Fujimori, Keiko, es simplemente la continuidad del fujimorismo, es decir, del terrorismo de estado y el ajuste. El balance de Keiko sobre el gobierno de su padre es más que claro: “Considero que el modelo es muy bueno porque genera competitividad, establece reglas claras, es predecible, atrae las inversiones”. Es justamente en defensa de ese “modelo” que Alberto Fujimori ha dirigido una campaña atroz contra la resistencia, y lo hizo en forma tan desembozada (recuérdese la masacre contra un grupo del MRTA en la embajada de Japón) que acabó preso por crímenes de lesa humanidad. Su hija se propone continuarlo. No en vano tiene como modelo a los más altos exponentes del terrorismo de estado contemporáneo latinoamericano: “A mí me gustan mucho el presidente Juan Manuel Santos y el presidente Alvaro Uribe en Colombia. El crecimiento de las inversiones en Colombia y la seguridad que impusieron en el país”. Por supuesto, es plenamente justificada la acusación de que Keiko se ocupará de dejar libre a su padre. Por de pronto, la ex primera dama, tiene en su círculo a toda una serie de viejos cuadros del fujimorismo incluyendo a Santiago Fujimori, hermano de Alberto y colaborador de su gobierno, el actual candidato a vicepresidente Jaime Yoshiyama, ministro de energía y minas y de transportes y comunicaciones en el régimen fujimorista, Rafael Rey, miembro del Opus Dei y otro defensor del golpe de estado que dio Fujimori, o Alejandro Aguinaga, ministro de salud del fujimorismo que impulsó la esterilización forzada de 300 mil mujeres indígenas campesinas.
Ollanta Humala, si bien aún no ha logrado, como quisiera, encabezar el gobierno y dirigir desde allí la represión contra la insurgencia, también ha sido un protagonista del terrorismo de estado, como cuadro del ejército, lo que le ha valido detalladas denuncias de torturas, algo para lo cual se había preparado en la Escuela de las Américas(1). Pero además de compartir con los Fujimori su práctica represiva, el antes “nacionalista autoritario”, se está esforzando cada vez más por lograr la gracia de los mercados, trocando su admiración por Chávez por la del más moderado Lula da Silva. Este “nuevo estilo pragmático” le está rindiendo frutos consiguiendo el guiño del ultra liberal Mario Vargas Llosa y del ex presidente Alejandro Toledo.
Así las cosas, en Perú se disputaban el gobierno dos enemigos del pueblo, decididos a defender a la burguesía y su reclamo de liberalismo económico, y dispuestos incluso, si les resultara necesario, a acudir a torturas y masacres contra el pueblo y sus organizaciones. No son las elecciones un lugar donde el pueblo trabajador pueda elegir su camino. Será la lucha y la organización, en todo caso, lo que abrirá otras perspectivas para los explotados.
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Notas:
1) Para una caracterización más pormenorizada se pude leer: “Perú: Ollanta Humala, la nueva apuesta del nacionalismo populista” en ER Nº12. Disponible en http://blog-otr.blogspot.com