Con la lucha, los trabajadores de la 60 conquistaron sus reclamos

Los trabajadores de la línea 60 han protagonizado uno de los conflictos más importantes en lo que va del año. En esta lucha es necesario destacar el rol que puede cumplir el paro, la movilización y la disposición combativa de la clase obrera con la dirección de un Cuerpo de Delegados independiente de la burocracia sindical.

Los trabajadores de la línea 60 venían reclamando varios puntos: la liquidación de las vacaciones, de los aguinaldos impagos, y de los salarios de los delegados que la empresa se resistía a pagar; mejores condiciones de limpieza e higiene de las cabeceras de Constitución e Ingeniero Maschwitz, ya que son “una mugre”; la renovación de las unidades que no cumplen con los requisitos necesarios poniendo en riesgo la vida de los choferes y los pasajeros; el respeto de los tiempos de espera entre viaje y viaje y de frecuencia de las unidades, para mejorar las condiciones de trabajo y el servicio; tareas livianas para compañeros con problemas de salud, ocasionados por las malas condiciones laborales, que afectan la audición y la columna; y el reconocimiento del Cuerpo de Delegados independiente de la burocracia de la UTA.

Organización y lucha independiente

La falta de respuesta de la patronal desencadenó una importante y dura lucha, que se caracterizó por el protagonismo masivo de las bases. Primero el paro y, ante la decisión de cortar la Panamericana por parte de los trabajadores, el ministerio de trabajo convocó rápidamente a una reunión en la que hizo promesas varias. Luego, ante la falta de soluciones concretas, vino el corte de ruta y la contundente movilización al ministerio de Tomada, que obligó a las patronales a ceder.

El ejercicio constante de la democracia sindical, a través de las asambleas como instancia superior de debate y resolución, fue uno de los pilares que permitió sostener la huelga durante tres días, forjando y afianzando la voluntad de lucha y garantizando que los delegados representen directamente a la mayoría de los trabajadores en las negociaciones con la empresa y el gobierno. En asamblea, los trabajadores debatieron y balancearon la aceptación o el rechazo de las propuestas de la empresa. Fue en asamblea que resolvieron comenzar el paro y fue en asamblea, también, donde acordaron levantarlo, tras la satisfacción de sus demandas.

La movilización permanente y la disposición combativa, sin dudas, fue otra de las fortalezas con la que contaron los colectiveros de la 60. El corte de la ruta Panamericana para poner en boca de todo el país e instalar el conflicto en la agenda política nacional, evidentemente cumplió su cometido. La masiva movilización al ministerio de trabajo para presionar al ministro Tomada, a los empresarios de MONSA-DOTA y a los burócratas de la UTA, que contó, además, con la solidaridad de varios sectores de trabajadores antiburocráticos, fue determinante para que la patronal ceda a las exigencias de los trabajadores.

De este modo, la fuerza de los trabajadores se hizo sentir y se impuso sobre la patronal. “Doblegamos a una empresa monopólica”, declararon con orgullo los delegados de la 60 al imponer los reclamos más sentidos de los colectiveros. Vencer en esta batalla a la patronal de MONSA-DOTA fue posible gracias a la organización y la lucha independiente de los trabajadores.



La importancia de una dirección independiente

El Cuerpo de Delegados de la Línea 60 es independiente, no sólo del gobierno y la patronal, sino también de la burocracia sindical de la UTA, encarnada en la figura de Roberto Fernández.

Una de las causas del triunfo de los colectiveros es, sin dudas, la existencia de un Cuerpo de Delegados independiente, es decir que no responde a la política de la burocracia, sino a la voluntad real de los trabajadores. Para esto, el respeto de las asambleas es esencial.

De no existir un Cuerpo de Delegados con estas características, no hubiese sido posible el protagonismo de las asambleas, es decir, la participación de la mayor cantidad posible de trabajadores, un requisito fundamental para el ejercicio de la democracia sindical. Como es sabido, y padecido por millones de trabajadores, la burocracia sindical de la CGT y la CTA niega sistemáticamente la realización de asambleas en los lugares de trabajo y, ni qué decir, las asambleas generales de todo un gremio.

Por su parte, los piquetes y las movilizaciones tampoco hubiesen sido posibles sin el encuentro de los choferes en las asambleas, impulsadas y orientadas por un Cuerpo de Delegados independiente. En cada asamblea, además del debate necesario, los trabajadores pueden tener conocimiento y medir sus propias fuerzas antes de ponerlas en juego frente a la patronal y todos sus cómplices. Esta situación imprime una importante cuota de combatividad, que se ha manifestado en las calles. En este sentido, también ha cobrado un rol central el hecho de que el Cuerpo de Delegados promueva entre los trabajadores la lucha como único camino para resolver favorablemente el conflicto.

La reciente experiencia de los trabajadores de la 60, pone de manifiesto, una vez más, que la clase trabajadora, con independencia del gobierno, la patronal y la burocracia, debe avanzar en la pelea para recuperar las instancias de dirección sindical, para ponerlas a funcionar al servicio de la organización y la lucha.



La empresa

La línea 60, en sus 19 ramales, transporta más de 250.000 pasajeros diariamente. La empresa que históricamente la administraba, MONSA, recientemente fue comprada por DOTA, dueña de varias líneas de colectivos. La patronal de DOTA viene comprando empresas a precio de remate, convirtiéndose en uno de los pulpos empresarios en el rubro del transporte.

Contribuyendo a la rentabilidad de este monstruo empresarial, el gobierno kirchnerista subsidia con unos $30.000 mensuales cada unidad, además de garantizarle gasoil a un precio preferencial, también mediante subsidios.

Con la máxima explotación posible de los trabajadores y con los enormes subsidios gubernamentales, como denuncian los trabajadores, “todo es ganancia para la empresa”.