La burocracia sindical está metida de lleno en la campaña electoral, negociando lugares en las listas y participando activamente del armado de las distintas variantes patronales. En ese marco, los actos que organizaron para el 1° de mayo, lejos de plantearse como aporte a lucha de los trabajadores, tuvieron como objetivo principal la demostración de fuerzas y la campaña de cara a octubre.
El viernes 29 de abril, Moyano organizó un acto sobre la 9 de Julio que contó con la presencia del gabinete nacional casi en pleno y del gobernador Daniel Scioli, entre otros funcionarios y dirigentes peronistas. El discurso del burócrata cegetista se orientó casi exclusivamente a elogiar la gestión kirchnerista y a reclamarle a Cristina Fernández que confirme su reelección.
El otro que se encolumna detrás del kirchnerismo es Hugo Yasky, uno de los burócratas que conduce la CTA, y que convocó a su acto en el Luna Park. Días antes, Yasky y Moyano, ambos burócratas kirchneristas, se cruzaron elogios. A través de una carta el jefe de la CGT y su aliado Piumato expresaron su deseo de alcanzar “la ansiada unidad de ambas centrales en un futuro no muy lejano”. Yasky les devolvió el saludo, replicando que para “profundizar el modelo” es central la “unidad en acción” con la CGT.
La CTA de Micheli, por su parte, que en marzo había invitado a un congreso de trabajadores, entre otros, al candidato de la UCR, Ricardo Alfonsín, organizó su acto con el rejunte propatronal de Solanas (Proyecto Sur).
En definitiva para los burócratas de todos los colores, el 1° de mayo no fue más que una buena oportunidad para seguir haciendo campaña y pidiendo un lugarcito en las listas patronales para las próximas elecciones.