Nuevo viaje de negocios

El kirchnerismo organizó una nueva gira plagada de lujos, en busca de nuevos negocios para su gobierno, un puñado de empresarios amigos y prometiendo, como ya es tradición, ser custodio de las ganancias de las multinacionales que inviertan en el país.






En la segunda mitad de enero, Cristina Fernández visitó Kuwait, Qatar y Turquía, acompañada por gobernadores, como Urtubey y Urribarri, y ministros, con Julio De Vido a la cabeza. Como es costumbre en éstas oportunidades, la numerosa comitiva fue nutrida, además, por varios de los más importantes empresarios del país con “buena llegada” al gobierno: estuvieron, entre otros, representantes del Grupo Cirigliano (Grupo Plaza, TBA), Eduardo Eurnekian (Aeropuertos Argentina 2000), Carlos Bulgheroni (Pan American Energy), Eduardo Elsztain (IRSA) y Federico Nicholson (Ledesma).

La gira kirchnerista tuvo dos objetivos principales. Por un lado, ofrecer negocios a los capitalistas extranjeros, tras el pomposo título de “buscar atraer inversiones”. Con este fin, Cristina Fernández participó en foros de negocios, organizó encuentros con representantes de las empresas más importantes de la región y se reunió con miembros de los fondos de inversiones, como la Autoridad de Inversiones de Kuwait y Fondo de Desarrollo Económico Árabe. Allí, la presidenta repitió nuevamente que “somos una buena oportunidad de negocios (…), un país absolutamente confiable y previsible”. Y, ante los empresarios que la escuchaban, prometió mantener “todas y cada una de las políticas macroeconómicas que mantuvieron el resurgimiento”.

Es decir, aseguró que su gobierno será garante de la continuidad de los bajos salarios y la flexibilización laboral, que pesan sobre los trabajadores, así como también de las ventajas impositivas y los subsidios, de los que gozan los capitalistas. Y en materia de defensa de los intereses de los empresarios extranjeros, el kirchnerismo habla con el respaldo que le dan su intervención para reprimir a los trabajadores en el conflicto con la patronal yanqui de Kraft, su defensa de los negociados de la minera canadiense Barrick Gold, que saquea los recursos naturales del país, al tiempo que arrasa con pueblos enteros, amparado en la falta de regulación ambiental impulsada por el gobierno, o los millonarios subsidios otorgados a General Motors en el país, por sólo nombrar algunos de los casos más escandalosos en los cuales el kirchnerismo ha salido como defensor de las empresas extranjeras.

El otro objetivo del viaje, estuvo centrado en la oportunidad de abrir nuevos negocios para los capitalistas locales que viajaron en la comitiva presidencial. En este sentido, como nos tiene acostumbrados este gobierno, Cristina Fernández y sus ministros funcionaron como representantes directos del grupo de empresarios locales. Entre lo poco que trascendió, por ejemplo, se habla de un millonario convenio para la importación de gas firmado por el ministro De Vido, y que tuvo como intermediario al Grupo Cirigliano, que ya cuenta con importantes negocios, vinculados al transporte, en la región.

En pocas palabras, bien lejos de las necesidades del pueblo trabajador y, como es su costumbre, sin escatimar en lujos, Cristina Fernández organizó una nueva gira que, sin dudas, rendirá millones para sus negocios, los de sus empresarios amigos y los del capital internacional.