Presupuesto 2011: Con o sin presupuesto, sólo ellos vivirán mejor

Entre sobornos, denuncias cruzadas, cachetadas y componendas, el escándalo en torno a la frustrada sanción del presupuesto 2011 es apenas una muestra de la naturaleza corrupta y oportunista de la democracia burguesa, que transa y se traiciona mientras promete sólo ajuste y más explotación al pueblo trabajador.

Cada año, en el mes de septiembre, el poder ejecutivo envía a la cámara de diputados el proyecto de presupuesto nacional, que establece las previsiones del gasto público y de los recursos necesarios para cubrirlas. El presupuesto, llamado “ley de leyes”, por la trascendencia que tiene en el manejo de los fondos públicos, fija las líneas de acción del gobierno, las prioridades del gasto público, estima la recaudación fiscal y pondera la inflación previsible para el año. Como marca el trámite parlamentario, el proyecto pasó por las comisiones, y los dictámenes llegaron al recinto, donde debía sancionarse antes del 20 de noviembre, fin del período ordinario de sesiones, y fecha tope para votarlo.
La oposición había anticipado que cuestionaría el cálculo de inflación prevista, tres veces menor al real, exigiendo que se “sinceraran las cifras”, además de incluir fondos para el pago del 82% móvil a los jubilados. Diferencias de forma o estilo, pero que, en ningún caso, ponían en debate la orientación general del proyecto presupuestario, dirigido a garantizar el pago de la deuda a costa de la salud, vivienda y educación de los trabajadores.
La sesión del 11 de noviembre, donde se debía debatir y votar el proyecto, terminó en un escándalo monumental. De los veintiún diputados de distintos tonos opositores que faltaron a la cita, muy pocos pudieron explicar su ausencia. Al día siguiente, la principal noticia de los diarios eran las denuncias de por lo menos cuatro diputados de que el oficialismo les había ofrecido sobornos para que dejaran su banca y facilitaran, así, la aprobación del proyecto oficial. Una situación, desde ya, nada novedosa. El método es parte de las habituales “negociaciones” (en realidad, pingües negocios) de los parlamentarios.
Así se votaron, por poner sólo dos ejemplos, la “reforma previsional” del menemismo y el paquete de “flexibilización laboral” de la Alianza UCR- Frepaso. Cuando un bloque necesita juntar votos o presencias; o, por el contrario, cuando precisa evitar el quorum, salen a la cancha los “operadores” de unos y otros, para buscar “acuerdos”, que, lejos de implicar debates de ideas o principios, se reducen a ofrecer beneficios de todo tipo: contratos que sirven para rentar militantes; fondos para proyectos provinciales; promesas de tratamiento de proyectos; etc., o, directamente, plata. Coimas contantes y sonantes, como la recordada “Banelco” de Flamarique.
Esta vez, la primera del kirchnerismo sin su experimentado operador, fallecido el 27 de octubre, tuvieron que encargarse del asunto reemplazantes mucho menos hábiles, y el escándalo estalló en la cara de todos(1).
El presupuesto, finalmente, nunca se votó, y todos denuncian a todos. El gobierno afirma que la oposición impidió la aprobación del presupuesto para limar su gobernabilidad en un año clave. La oposición, a la inversa, acusa al oficialismo de haber forzado la situación para reconducir el presupuesto 2010, y gobernar, en un año electoral, a su antojo, con decretos de necesidad y urgencia, sin control alguno. La presidenta, como para mostrar cómo va a ser la cosa, ya firmó el primer decreto, que incorpora los excedentes del actual presupuesto para cumplir con los salarios de noviembre y diciembre en la administración pública y para dar a los jubilados una limosna navideña extraordinaria de $500.
Se calcula que son unos 60 mil millones de pesos los dineros que el ejecutivo podrá disponer libremente, lo que explica la ausencia de toda intención de la presidenta de incluir el tratamiento del presupuesto en las sesiones extraordinarias, donde sólo se pueden discutir los asuntos expresamente incluidos en la convocatoria. Total, cuestiones como el uso de reservas para el pago de la deuda, la emisión de avales y garantías por 18.800 millones de dólares y una suerte de encaje en los bancos públicos para financiar obra pública, todo previsto en el fracasado proyecto, pueden ser sacadas por decretos.
Ninguna duda sobre cómo vivirá el pueblo trabajador el año que viene: Con o sin presupuesto, sólo habrá más ajuste y más explotación, mientras ellos arreglan sus cuentas para que les cierren los negocios.


NOTAS:
1) Ver recuadro “Festival de coimas y cachetadas”, en esta misma página.