Hace 43 años, el 8 de octubre de 1967, el Che Guevara libró su último combate de una vida dedicada por completo a la revolución. Murió peleando, que es lo que hizo durante toda su vida desde que asumió la necesidad de incorporarse a la lucha por la liberación de los explotados. Entonces entregó su vida, del mismo modo que la venía ofrendando día tras día, en un esfuerzo inagotable por avanzar en las conquistas de los trabajadores hasta su definitiva emancipación. Fue así, con ese tesón, con esa entrega y esa confianza en la capacidad revolucionaria de los explotados, como el Che Guevara marcó un camino ejemplar, mostrando la posibilidad de transformar la realidad por medio de la lucha revolucionaria. Su ejemplo es una guía de acción para todos los que bregamos por conquistar un futuro digno para nuestro pueblo trabajador.
El Che Guevara se comprometió desde su juventud con la necesidad de enfrentar la opresión y demás lastres del capitalismo. Buscó aportar a los sectores más humildes, brindando su tiempo para ayudar de distintas formas a los más necesitados y dedicándose a la medicina para dar, al menos, su aporte individual. Pronto vio, sin embargo, que su ayuda, aunque era de gran valor para quienes la recibían, era insuficiente para cambiar profundamente las condiciones de opresión. Y sobre todo, reconoció que ese anhelo tan fundamental, el de cambiar en profundidad las relaciones sociales para acabar con la explotación y la opresión, era absolutamente posible, e implica involucrarse en la lucha revolucionaria por el poder.
Por supuesto el Che partía, ya entonces, de concepciones fundamentales como son la solidaridad, el profundo amor al pueblo, y el esfuerzo y la entrega del tiempo personal para contribuir a una tarea que no da réditos individuales pero sí implica un aporte para enfrentar los problemas del conjunto de los explotados. Pero al ver los límites del esfuerzo individual, e incluso de la militancia colectiva pero enfocada a cuestiones locales o meramente reivindicativas, el Che dio un paso más allá. Su decisión, que marcó desde entonces toda su vida, fue entregarse por entero a la revolución, es decir a la organización colectiva de la lucha para tomar el poder del estado, para derribar a los explotadores y acabar con el sistema capitalista, para conseguir que seamos los mismos trabajadores los que nos gobernemos y organicemos la sociedad.
Todos sus pasos, desde entonces, están guiados por la necesidad de aportar a esa empresa colectiva tan fundamental como es la revolución.
Así es como el Che se sumó en 1955 al Movimiento 26 de Julio y libró, junto a numerosos revolucionarios, una lucha por la toma del poder en Cuba que acabó derribando al régimen existente y alcanzando, por primera vez en la historia de América Latina, el poder para los trabajadores y el pueblo pobre.
Desde su lugar de revolucionario, primero como Comandante en la sierra y luego como parte fundamental del gobierno, el Che impulsó siempre la profundización de la revolución, y fue, por eso, un defensor acérrimo de su carácter socialista. Impulsó el reparto de tierras, la entrega de viviendas, las expropiaciones a los capitalistas y la consecuente reorganización de los bienes sociales desde una perspectiva socialista. Defendió la planificación centralizada y enfrentó a quienes reclamaban la permanencia de las relaciones mercantiles. Defendió la educación y la concientización de la clase obrera, insistiendo en que sean los trabajadores quienes se apropien de la revolución por medio de su participación directa en el control y gobierno de la industria y la sociedad. Luchó contra la mercantilización del trabajo y contra el método de sostener los incentivos materiales como estímulo de la producción. Defendió la necesidad de desarrollar la revolución cubana fomentando, entre otras cosas, el desarrollo industrial, para conseguir su crecimiento independiente de cualquier potencia incluyendo a la URSS. Fue enemigo del culto a la personalidad y combatió permanentemente a quienes defendían la continuidad de las diferencias sociales al interior de la isla, atacando las tendencias a la burocratización y rechazando cualquier tipo de privilegios. Con su ejemplo de austeridad y entrega militante, que incluyó el cumplimiento inagotable de sus responsabilidades y su participación e impulso del trabajo voluntario, el Che dejó en claro el compromiso que debe tener un revolucionario con su pueblo y dejó en evidencia a aquellos que buscaban acomodarse en los puestos del estado y del partido para conseguir ventajas personales.
Pero además, al saber de la necesidad y reconocer la posibilidad de dar impulso a la revolución socialista en los demás países del mundo, el Che se comprometió con esa meta, contribuyendo con otros procesos revolucionarios en África y en América. Así como había luchado en Cuba, luchó también en el Congo y en Bolivia y ayudo a formarse y a organizarse a numerosos revolucionarios que impulsaron la lucha por la toma del poder en distintos países del continente y del mundo.
Sabía, como lo dijera más de una vez, que los trabajadores no tenían posibilidad de cambiar la sociedad dentro de las pautas establecidas por el régimen democrático parlamentario. Por eso se encargaba de evidenciar el carácter reformista de aquellos que soñaban con avanzar por las vías institucionales o electorales y les contraponía, como única forma para la transformación efectiva de la sociedad, la lucha revolucionaria para la toma del poder.
En sus intensos años de lucha había aprendido, también, que no había posibilidad alguna de llegar a entendimientos con los explotadores, por más que estos fueran capitalistas pequeños o nacionales, y por eso rechazaba cualquier intento de alianza con las burguesías locales y proponía en cambio un camino marcado por la independencia de la clase trabajadora: la revolución socialista(1).
Por todo esto, por su grado de compromiso con la revolución, por su consecuencia, por su vida ejemplar, por su internacionalismo, por su humildad, por su disposición combativa, por su definición política por la revolución socialista… el Che fue un revolucionario que se destacó, incluso, entre los mismos revolucionarios. En ese sentido el Che es también representativo de muchos otros que, como él, siendo más o menos conocidos, tuvieron una vida entregada a la lucha contra el capitalismo. Su experiencia, como ejemplo de práctica revolucionaria ha sido recogida por muchos compañeros en el mundo y en nuestro país, estimulando la organización de los revolucionarios para avanzar en el que, como tan claramente lo marcó el Che, es el único camino posible para conquistar la liberación de los explotados: la revolución socialista.
Hoy su enorme ejemplo revolucionario es una guía de acción para todos los compañeros comprometidos en la lucha contra la opresión y la explotación. Su rechazo a quedar encerrado en los marcos institucionales de la democracia, su definición clara y tajante por la lucha revolucionaria por el poder, su posicionamiento intransigente sobre el carácter socialista que debe tener la revolución, son ejes fundamentales de su enseñanza. Con esa guía nos organizamos hoy, para impulsar, como lo reclamara el Che, la revolución socialista en nuestro país.
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NOTAS:
1) Al respecto, en su “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental ” el Che decía: “Las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo, si es que alguna vez la tuvieron; y sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer, o revolución socialista o caricatura de revolución”.