El 30 de septiembre, algunos sectores de la policía con apoyo de la Fuerza Aérea se levantaron en un intento de golpe de estado en Ecuador. Si bien llegaron a retener al presidente durante horas en un hospital policial, el movimiento golpista no alcanzó gran escala y fue abortado, en un marco de movilización popular en su contra. De todas formas, la orientación hacia una salida golpista por parte de algunos sectores de la burguesía no es algo que se de por primera vez. Esto hace que los trabajadores debamos mantenernos en alerta frente a la posible repetición de este tipo de intentos en América Latina. Del mismo modo, los trabajadores debemos reconocer y enfrentar la manipulación que de estos hechos hacen otros sectores capitalistas, como el actual gobierno de los Kirchner, quienes, por medio de su rechazo mediático al golpismo, buscan legitimar su propio gobierno antipopular.
El levantamiento policial que se llevó a cabo en Ecuador con la excusa de reclamos por ingresos económicos y que tenía una impronta golpista evidente, no fue, en este caso, un operativo de magnitudes ni seriamente preparado que pusiera en jaque la permanencia del gobierno de Rafael Correa.
Aún así, es un hecho significativo, sobre todo porque pone en evidencia, nuevamente, que una salida golpista no es inverosímil en nuestro continente, sino que es una opción vigente para algunos sectores de la burguesía.
Vale la pena recordar que el recurso al golpe de estado para dirimir las disputas entre los distintos sectores de la burguesía y enfrentar el posible avance de la movilización y organización popular se ha repetido ya algunas veces en los últimos años. Así sucedió en el 2002 en Venezuela. Y se repitió en 2009 en Honduras. También en otros casos han existido algunos movimientos y rumores relativamente serios sobre nuevos intentos golpistas en países como Venezuela o Bolivia (que nada tienen que ver, digamos de paso, con los fantasmas mediáticos que agitan los Kirchner para fortalecerse en la interna burguesa que tienen con sus antiguos socios de Clarín y demás).
Así pues, el recurso al golpe de estado tiene cierta incidencia en la definición de la política Latinoamericana actual. El golpe de Honduras del año pasado es el ejemplo más evidente. Allí, con el apoyo de EEUU, la burguesía efectivamente dirimió su interna por medio del golpe, desplazando al estanciero Zelaya y pasando por distintas instancias hasta el establecimiento de un nuevo gobierno, encabezado ahora por Porfirio Lobo. Hay que destacar que el golpe de estado en Honduras ha significado una avanzada importante contra los sectores populares y su organización, con el grave saldo en vidas de numerosos luchadores que enfrentaron el golpe(1). También en el caso de Venezuela el golpe de 2002 logró en su momento cierta incidencia, llevando al gobierno de Chávez a reclamar la conciliación nacional y a otorgar el perdón a los golpistas(2).
Aún así, debemos tener presente que, en la actualidad, la enorme mayoría de la burguesía latinoamericana confía en la posibilidad y plantea la necesidad de sostener su dominio por medio del régimen democrático. De hecho los capitalistas están amasando gigantescas ganancias con éste régimen que garantiza ampliamente las condiciones para la explotación, y no está en su agenda inmediata cambiar esta situación. Este es también el caso de Ecuador, donde, más allá de las palabras y de las reformas cosméticas, el gobierno de Correa es un claro defensor de la propiedad privada y la libre empresa; en una palabra, del capitalismo y su explotación.
Por eso es que hemos visto a sus representantes políticos de todo tipo salir a condenar unánimemente el intento golpista en Ecuador. En este sentido, la defensa de la democracia no es exclusiva de los regímenes que se plantean una perspectiva más progresista dentro del capitalismo como sucede en Venezuela, Bolivia o Ecuador, sino que incluye a todo el arco de gobernantes burgueses. Por eso vimos que el intento golpista era condenado por el gobierno de Colombia, representante del mayor terrorismo de estado continental que apela sistemáticamente a las desapariciones, los bombardeos, los fusilamientos extrajudiciales, las torturas y demás. Por eso vimos que otro de los mayores socios de EEUU, defensor del TLC y el ALCA, y afanoso carcelero y asesino de luchadores populares como es el gobierno de Perú, también salió a repudiar al golpismo. Y por eso vimos que lo mismo hizo el gobierno liberal y heredero del pinochetismo de Chile.
Por supuesto, los trabajadores también condenamos y enfrentamos a los golpistas, pues sabemos que estos sectores burgueses intentan establecer regimenes aún más represivos, que atentan contra nuestras conquistas y contra nuestras formas de organización sindical y política. Pero es claro que eso no nos puede confundir con el oportunismo de otros sectores del capitalismo, sean más progresistas o sean abiertamente derechistas, quienes condenan al golpismo para defender las condiciones actuales de explotación.
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NOTAS:
1) Ver “Honduras: las elecciones democráticas legitiman el golpe cívico-militar”, en ER N°53.
2) Ver “Venezuela: El rol del chavismo en Latinoamérica”, en Revista ER N°1, de noviembre de 2008, disponible en http://blog-otr.blogspot.com