La mañana del 17 de junio, en el barrio Boris Furman de Bariloche, el cabo Sergio Colombil mató a Diego Bonefoi, de 15 años. El fusilamiento movilizó a los habitantes de los barrios del Alto, que apedrearon la comisaría. Con más represión y usando todos sus recursos, la burguesía se lanzó a “pacificar la ciudad”, a las puertas de la temporada alta de turismo. |
El “gatillo fácil” es una de las formas que adopta la política de exterminio que el estado burgués descarga sobre el pueblo trabajador para disciplinarlo. Junto con otras herramientas represivas, como la militarización de los barrios, la utilización sistemática de torturas o las detenciones arbitrarias, esos cotidianos fusilamientos policiales persiguen un objetivo claro: el control social, a través de infundir terror a la policía. La burguesía busca, a través de sus fuerzas de seguridad, naturalizar la dominación, e impedir el desarrollo de la conciencia, para evitar lo que más temor le provoca, la organización popular. Si esa represión “preventiva” logra su objetivo desmovilizador, es menor la necesidad que los gobiernos tienen de recurrir a otras formas más difíciles de ocultar. |
La movilización popular que sacudió la turística ciudad de Bariloche cuando se supo en el barrio que uno de sus pibes había sido asesinado por un policía, evitó que esa muerte quedara invisibilizada, como sucede a diario en todo el país, con pibes fusilados que los medios presentan, a lo sumo, como “delincuentes abatidos” (1). |
Bariloche exhibe con particular crudeza la polarización entre ricos y pobres, y deja en evidencia lo irreconciliable de los intereses de unos y otros. Por una parte, la costa del lago Nahuel Huapi, el “Bajo”, los “Kilómetros”, con sus servicios de lujo dispuestos para la gran industria del turismo. Por la otra, el “Alto”, los barrios obreros, donde vive la gran mayoría de la población, que sólo recibe, para sobrevivir, unas migajas de la fortuna que genera con su trabajo. En ese escenario, que se sostiene a fuerza de represión, con una constante presencia policial y de gendarmería, con un uso permanente de las detenciones contravencionales o por averiguación de antecedentes, el fusilamiento (otro más) de un chico de 15 años hizo estallar el odio. |
De entrada, cuando se supo del hecho, el comisario habló de un forcejeo entre un delincuente armado y el policía, mientras todo probaba que la bala |
El intendente Marcelo Cascón, radical-alfonsinista-kirchnerista, se reunió de urgencia con concejales, legisladores provinciales, empresarios y dirigentes de la burocracia sindical. Mostrando sin pudor sus intereses comunes, juntos mandaron una carta a la presidenta Cristina Fernández, pidiéndole que envíe más fuerzas de gendarmería, “en pos de restaurar la paz social y el orden público”. Luego, el intendente convocó a los titulares de la policía, la gendarmería y la prefectura, para instarlos a guardar “la seguridad ciudadana”. |
El empresariado del gran negocio del turismo, y su aliada, la burocracia sindical, con los gremios de transporte público y gastronomía a la cabeza, fogonearon, al mejor estilo Blumberg, sus propias movilizaciones en defensa de la policía. |
A la par del virtual estado de sitio que se impuso sobre los barrios obreros, y mientras trascendían las denuncias de torturas a los detenidos en las manifestaciones, se puso en funcionamiento el aparato de propaganda para buscar consenso, especialmente entre los sectores medios, siempre tan permeables al discurso de la “inseguridad”. |
Un taxista denunció que fue asaltado por un joven de 18 años del barrio 400 Viviendas, al que, según dijo, puso en fuga. “Al no tener seguridad con los operativos, que hay gente que no los quiere, está pasando lo que está pasando... ¿Van a esperar que haya una muerte de parte de los malvivientes, que maten a una persona inocente? ... Quiero un Bariloche seguro, como lo queremos todos”, disparó el taxista. Los burócratas de los sindicatos del transporte (taxistas, remiseros y colectivos) anunciaron un paro reclamando más acción policial, mientras recrudecieron las amenazas contra los referentes antirrepresivos más visibles(3). |
Después de reunirse en Viedma con los representantes de la burguesía de Bariloche, el gobernador Saiz creó un “gabinete social” de emergencia, con funcionarios provinciales, empresarios y sindicalistas; anunció el envío de 100 policías más a la ciudad, la reconstrucción de la comisaría 28ª y la incorporación de los servicios de transporte público al Servicio de Seguridad Satelital, con seguimiento en vivo monitoreado por la policía. |
El “progresismo”, por su parte, se abocó a la búsqueda de “conciliación” y “entendimiento”. El obispo de Bariloche pidió “cordura” y definió la ciudad como “esquizofrénica”. |
Los hechos de Bariloche muestran con crudeza la realidad que, más o menos silenciada, es la constante en todo el país. El gobierno, la burocracia sindical, los empresarios, defendiendo sus negocios a costa de la vida de los trabajadores. Los “progresistas”, clamando por una “paz social” que ignora el antagonismo irreconciliable de las clases, contribuyendo, así, a mantener el estado de cosas, con algo de presentable maquillaje democrático. |
Como siempre, de un lado, todos los enemigos de los trabajadores. Del otro, el pueblo trabajador, que debe organizarse para luchar en su contra. |
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NOTAS: |
1) Según datos publicados por CORREPI, las fuerzas de seguridad argentinas asesinan una persona por día con el gatillo fácil, la tortura y otras herramientas represivas. |
2) La pistola Jericho |
3) Radios comunitarias de los barrios y referentes antirrepresivos recibieron amenazas telefónicas o por email. |
4) La defensa del policía argumentó que el juez M. Lozada “prejuzgó” porque fue a dar el pésame a los padres de la víctima y porque consideró “sospechoso” el hallazgo, mucho después del hecho, de un arma cerca de donde cayó el cuerpo del joven asesinado. También afirma que la cartuchera del policía se rompió cuando corría, el arma salió volando, y se produjo el disparo “por accidente” cuando la trató de atajar. |