Un poco de historia
La deuda externa ha sido, desde que Argentina existe como tal y hasta la actualidad, una de las demostraciones más cabales de la dependencia de nuestro país. A costa siempre del ajuste sobre el pueblo trabajador, el endeudamiento externo ha funcionado como gran negocio para gobernantes y capitalistas locales y como método de transferencia de riquezas hacia las potencias imperialistas.
“Hemos pagado hasta el momento todo y lo hemos pagado sin investigaciones prolijas, y hasta casi sin examen, porque éste es uno de los rasgos de nuestro carácter nacional”. Con estas palabras, que perfectamente podría haber pronunciado Cristina Fernández en alguno de sus actos, el ex presidente Nicolás Avellaneda justificaba los pagos de la deuda externa hace ya más de 130 años, en 1877. El endeudamiento externo, a través del cual han financiado y financian sus negocios capitalistas locales y funcionarios de gobierno, al tiempo que transfieren buena parte de las riquezas locales a la banca internacional, ha marcado la historia argentina desde sus orígenes, siendo uno de los mecanismos más claros de la dependencia.
El nivel de endeudamiento comenzó a adquirir dimensiones importantes desde el primer crédito firmado por el gobierno de Rivadavia con la banca Baring, en 1824. También desde aquel momento se evidencia el carácter usurario y fraudulento de la deuda externa. Del préstamo original de 1 millón de libras, supuestamente pensado para la construcción de puertos, pueblos de frontera y obra pública para la ciudad de Buenos Aires, sólo se recibió algo más de la mitad, mientras que se pagó ocho veces su valor durante ochenta años, hasta 1904.
El endeudamiento se siguió expandiendo en las décadas posteriores, fundamentalmente con Inglaterra. El encargado de negociar los nuevos créditos (por ejemplo, los que sirvieron para financiar la guerra contra Paraguay) fue el ministro de Bartolomé Mitre, Norberto Riestra, hombre que se había desempeñado como director del Banco de Londres en Argentina. Es decir, trabajaba directamente al servicio de los capitales ingleses. Después de Mitre, fue Sarmiento quien continuó con la expansión de la deuda para poder armar su ejército y financiar el enfrentamiento con los caudillos federales.
Como demostración del peso que ya tenía la deuda externa en la economía local, Milciades Peña señala que “en 1881 la Argentina destina al pago de intereses y ganancias de los inversores extranjeros el 20% de su ingreso en divisas; en 1884 el 40%, en 1887 el 44%, al año siguiente el 49%, en 1889 el 66%”(1).
En la primera mitad del siglo XX, siguiendo los vaivenes de la economía mundial, se sucedieron los gobiernos que expandieron la deuda y los que la pagaron, complementándose para continuar con el circuito de negociados y de transferencia de riquezas. Durante el gobierno de Yrigoyen, por ejemplo, la balanza comercial argentina fue favorable. Esto se debió a la caída de las importaciones y el aumento de las exportaciones en los años de la primera guerra mundial. En este contexto, el gobierno radical utilizó el “excedente” para pagar una buena parte del endeudamiento que sus predecesores habían generado. Posteriormente, durante la década del ’30, Uriburu y Justo tomaron nuevos créditos haciendo crecer la deuda rápidamente. Perón, a su vez, siguió los pasos de Yrigoyen. Aprovechando la gran cantidad de reservas existentes, generadas principalmente durante el período de la segunda guerra mundial, se encargó de pagar los vencimientos de deuda generados en años anteriores.
Si ya a fines del siglo XIX la deuda externa era un peso determinante en la economía nacional, el crecimiento del endeudamiento (y, por supuesto, de los pagos) se aceleró en la segunda mitad del siglo XX. En busca de acceder a mayor crédito y siguiendo las directivas de EEUU, en 1956 Argentina ingresó al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial, con el asesoramiento de dos figuras supuestamente enfrentadas, como Raúl Prebisch(2) y Krieger Vasena(3). Al mismo tiempo, siguiendo las recomendaciones de estos organismos se cambiaron las negociaciones bilaterales por un sistema multilateral de pagos, para el cual varios de los países acreedores se organizaron en el Club de París, favoreciendo su poder de negociación.
En los años siguientes, durante la década del ’60, la dificultad para cumplir con la totalidad de los vencimientos, llevó a varias renegociaciones con el FMI, que ya influía directamente en la política económica local, y otros organismos. Ya para el año 1974, la deuda total ascendía a u$s9.233,3 millones (u$s5.860,5 millones de deuda pública y u$s3.372,8 millones de deuda privada), siendo los principales acreedores EEUU (26,5%), Alemania (17%), Reino Unido (9%), el Banco Mundial (8%) y el FMI (5%).
A la vista está que la deuda externa no se originó, como suele afirmarse, durante la última dictadura militar.(4) Por el contrario, está en la esencia misma del capitalismo argentino. El endeudamiento externo ha sido el mecanismo utilizado por la clase dominante de nuestro país, desde las primeras décadas del siglo XIX, para poder acceder a un mayor financiamiento, que permitiera mejorar sus negocios. Así se han forjado los grandes grupos de la burguesía nacional, siempre como socios menores del capital imperialista. El capital inglés ha dado paso, en su lugar de acreedor casi exclusivo, al capital norteamericano y, desde la segunda mitad del siglo XX, han sido los organismos multilaterales de crédito (FMI, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo) los que len han servido de fachada a los grandes grupos financieros. Los empresarios nacionales y sus funcionarios en el gobierno han sido los principales beneficiarios del endeudamiento externo a nivel local. Ellos han generado todos y cada uno de los miles de millones de dólares de deuda que existen actualmente. Y los han generado, única y exclusivamente, para el beneficio de sus negocios e inversiones. El peso de los pagos ha recaído siempre, por el contrario, sobre el pueblo trabajador, a través de los ajustes que los sucesivos gobiernos han implementado a lo largo de la historia. Retomando, el ex presidente Avellaneda lo sintetizaba ante los empresarios de su época de esta manera: “ahorrar sobre el hambre y la sed del pueblo para poder pagar a los acreedores extranjeros”. Así era hace 130 años, y así seguirá siendo mientras gobierne la clase capitalista.
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NOTAS:
1) Milciades Peña, De Mitre a Roca. Consolidación de la oligarquía anglocriolla, ediciones fichas, 1975
2) Raúl Prebisch suele ser reconocido como uno de los economistas más importantes del siglo XX. Encabezó, desde la Cepal , el grupo de profesionales que analizaron las relaciones de dependencia entre los países de “centro y periferia”, insistiendo sobre la necesidad de avanzar en la industrialización para superar las condiciones de atraso. Siempre, claro está, dentro de los marcos del sistema capitalista. Al tiempo que fue uno de los referentes de este pensamiento “heterodoxo”, en la función pública Prebisch se desempeño como asesor y ministro de los gobiernos de la denominada “década infame”, siendo uno de los impulsores, por ejemplo, del pacto Roca-Runciman (ampliamente favorable para los capitales ingleses y los terratenientes locales) y del gobierno de Aramburu, siendo promotor del ingreso al FMI. En sus últimos años, fue asesor del gobierno de Alfonsín.
3) Aldalbert Krieger Vasena fue en varias oportunidades funcionario de gobierno y de organismos internacionales. Su madre era parte de la familia propietaria de los talleres metalúrgicos Vasena, cuyos trabajadores protagonizaron las jornadas de lucha en 1919, que terminaron con la brutal represión del gobierno de Yrigoyen. Su padre fue un banquero asociado al general Uriburu. Krieger Vasena fue representante argentino ante el FMI, director del Banco Central y ministro de Hacienda y Finanzas, durante el gobierno de Aramburu. En 1967, fue nombrado ministro de Economía del gobierno de Onganía y, como tal, responsable de la aplicación de las políticas de ajuste impuestas por el FMI. En 1973, fue designado director del Banco Mundial. Trabajó también a sueldo de la First Boston Corporation como responsable de sus negocios en América Latina. Apoyó la gestión de Martínez de Hoz durante la última dictadura y fue nombrado asesor tributario durante el primer gobierno de Menem.
4) En el próximo número de El Revolucionario se analizará la continuidad de los negociados de la deuda externa en el período iniciado con el golpe militar de 1976, y su expansión con los sucesivos gobiernos “democráticos”, hasta la fecha