Ahora, EEUU va por Yemen

Apenas una tonalidad superficial diferencia a Barack Obama de sus predecesores en la presidencia de EEUU. Cada uno de sus actos y anuncios ratifica que, sea el presidente negro y demócrata, o blanco y republicano, la política de EEUU es la misma de siempre.

“No descansaremos hasta dar con todos los implicados, con los que han puesto en peligro vidas inocentes, vengan de donde vengan, de Afganistán, de Somalia, de Yemen, de cualquier sitio”, prometió el presidente norteamericano en su primera declaración pública después de que un nigeriano, acusado de atentar contra un avión en pleno vuelo, confesara sus aparentes vínculos con Al Qaeda. La secretaria de estado, Hillary Clinton, dijo que la situación en Yemen es una “amenaza para la estabilidad regional y global”. La embajada de EEUU fue cerrada, y el gobierno difundió un alerta a los viajeros, desaconsejando toda visita al país ya incorporado al “eje del mal”, a la par de Sudán, Irán, Cuba, Siria, Nigeria y Paquistán.
En lugar del peligro de inexistentes “armas químicas” usado por Bush con Irak, la avanzada yanqui sobre el país más pobre de Medio Oriente usa la excusa de los vínculos con Yemen del nigeriano, que parece haber confesado hasta lo que no le preguntaron. Y coincidió con un gran aumento de los fondos para financiar operaciones contra bases fantasmas de Al-Qaeda en la zona y el aporte de 67 millones de dólares, más del doble de lo recibido en 2009, para “ayuda antiterrorista” al sumiso gobierno yemenita, que éste destina a reprimir movimientos insurgentes locales que lo denuncian como títere de los yanquis.
Yemen está en la estratégica ruta a los principales yacimientos de petróleo, además de poseer reservas sin explotar en cantidades exorbitantes. Ello, sin dudas, explica el interés norteamericano en controlar la región mucho mejor que los vínculos incomprobados de los movimientos locales con el ubicuo Ben Laden.
Más de lo mismo en la escalada bélica del presidente Barack Obama, que acaba de anunciar un presupuesto de u$s548.900 millones para gastos de guerra en el próximo año fiscal, el envío de 30.000 soldados que se sumarán a los 70.000 que ya hay en Afganistán y una nueva estrategia de defensa de misiles balísticos, llamada Phased Adaptive Approach.
Ni rastros de la “sinceridad” y “buena voluntad” que algunos esperaban de Obama, que cumple a pies juntillas lo que se espera del presidente del imperio.

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