Editorial: Un poco de demagogia para ir tirando

Un poco de demagogia para ir tirando
¡Con qué poco el kirchnerismo retomó las riendas de la discusión política! Después del fuerte revés sufrido en las pasadas elecciones legislativas, el gobierno impuso la agenda del debate a través de la convocatoria al diálogo a todos los partidos de representación parlamentaria. Iniciativa que, sumada a un sutil maquillaje en el gabinete, encandiló a más de uno y permitió ganar tiempo debatiendo menudencias entre vuelta y vuelta de café en las oficinas de la rosada.
Ahora, el kirchnerismo arremetió, fundamentalmente, con dos medidas que sitúan las discusiones en su terreno predilecto: el fútbol “gratis” y la ley de medios. Con su palabrerío característico, el gobierno de los Kirchner despotrica contra la dictadura y los monopolios, pretendiendo teñir con un barniz popular sus políticas claramente antipopulares. Con consignas como “Queremo fulbo gratis” o “¿Te duele el 7, Clarín?”, los kirchneristas intentan vestirse de pueblo, como ya lo hicieran en sus primeros años de gobierno o, más recientemente, cuando el conflicto con “el campo” estaba a flor de piel. De este modo, pretenden allanar el terreno para llegar en las mejores condiciones posibles a la disputa electoral de 2011.
Pero en todo esto sólo hay un poco más de demagogia y no mucho más. Porque mientras la presidenta habla de fútbol gratis y de goles secuestrados, realiza un importante acuerdo con los empresarios del deporte, desembolsando millones; y mientras habla de libertad de prensa, se alista a negociar con los grandes empresarios de la comunicación para promulgar una nueva ley. Todo, antes de que se renueve la composición del congreso y la oposición tenga más peso y el oficialismo vea resentida, aún más, su incidencia en el parlamento.
Ningún anuncio para la tribuna puede ocultar la verdadera cara del kirchnerismo. Ya que al tiempo que insiste en su pose de nacional y popular, los tarifazos, por ejemplo, están a la orden del día y las negociaciones para arrodillarse ante el “nuevo” FMI son encaradas cada vez con más decisión.
Pero por más palabras, gestos o medidas que impulse el gobierno, hay una decisión que ya está tomada: las principales cámaras empresariales del país han decidido que este gobierno, que tanto contribuyó a incrementar sus ganancias, no es el mejor para seguir en 2011. Los empresarios del campo, concentrados en la Mesa de Enlace, hace ya mucho operan por el fin de la era kirchnerista; otros, como los industriales, van planteando de a poco la necesidad de un gobierno con otro estilo. Así, si bien el gobierno de los Kirchner continúa siendo el gobierno de los empresarios, evidentemente, esta fracción del peronismo, ya no es la favorita para una buena parte del empresariado local.
Por eso, en las propias filas del peronismo comenzaron las negociaciones y los choques para organizar y elegir al representante del próximo gobierno. Hoy, el PJ y sus alrededores es un hervidero en el que no cesan ni las maniobras, ni las declaraciones de toda índole. Y, como una transmisión en simultáneo, las mismas roscas que vemos en el PJ aparecen hacia el interior de la CGT. Así , las disputas internas en y entre las asociaciones de capitalistas, los partidos de la burguesía y la burocracia sindical, continuarán hasta que encuentren, inventen o se imponga una figura que contente a todos o, al menos, a los más fuertes, de cara a la próxima elección presidencial.
Sin embargo, aunque no se pongan todos de acuerdo en cuál debe ser el nuevo nombre que vuelva a aglutinarlos, se mueven mancomunadamente contra la clase trabajadora. La inflación avanza constantemente, los tarifazos se siguen preparando, las suspensiones y los despidos nunca cesaron, y los salarios y las condiciones de trabajo, siempre hacia abajo...
Pero frente a la burguesía, la clase trabajadora resiste y protagoniza importantes conflictos, pese a las direcciones burocráticas de los sindicatos. Y si bien estas luchas son, en su gran mayoría, en defensa de los ataques patronales, o se muestran fragmentadas y, en muchos casos, aisladas, lo cierto es que los trabajadores no dan el brazo a torcer.
El kirchnerismo, muy desgastado después de siete años de gobierno, intenta sobrevivir y llegar lo más entero posible al final de su mandato. La burguesía en su conjunto planifica el recambio presidencial, mientras los buitres del peronismo se desesperan por obtener una buena ubicación en el reparto del botín. No confiar en la demagogia de los políticos de turno y organizarse con absoluta independencia de clase, es la tarea de los trabajadores