“Diálogo político”

Todos bailan al compás del gobierno
En poco más de dos meses, el gobierno peronista de los Kirchner logró retomar la iniciativa. Toda la “oposición” baila al compás de la batuta oficialista, que, aunque debilitada, sigue imponiendo la agenda. Todos muestran que ninguna cuestión de principios les impide negociar la mejor forma de defender sus intereses comunes, los del empresariado.
Peronistas no kirchneristas (en su infinidad de variantes); radicales (“ortodoxos” o cobistas); socialistas (integrados o no al Acuerdo Cívico y Social); lilistas (oficialistas o enfrentados a Carrió); “progresistas” (más o menos desencantados del kirchnerismo), en fin, todos los que derrocharon litros de champán la noche del 28 de junio, apenas si atinan, a menos de dos meses de sus respectivos triunfos electorales, a seguir el ritmo que les marca la fracción peronista en el gobierno.
Los que corrieron a sacar número para sentarse a la mesa del “diálogo político” dicen ahora, como Felipe Solá, “el diálogo ya fue”, o admiten, como la UCR , que “está terminado”. Pero los equipos técnicos de todos los partidos siguen desfilando por el despacho del ministro del interior, Florencio Randazzo, en la segunda etapa del diálogo.
En uno de los paneles del Council of the Americas, los jefes de las bancadas de diputados kirchnerista, radical y de Unión Pro (Agustín Rossi, Ernesto Sanz y Francisco de Narváez) coincidieron en “la necesidad de diálogo permanente”. A pesar de alguna crítica del radical a “la falta de grandeza del gobierno”, los tres mostraron, sin fisuras, que no son los principios los que los separan.
El golpeado gobierno viene ganando tiempo con iniciativas que lograron descolocar a una oposición destartalada, llena de enfrentamientos internos, muchas veces operados por el mismo oficialismo al que le sacaron alguna ventaja en las urnas.
Entre los gobernadores, ninguno está dispuesto a jugarse demasiado por el matrimonio Kirchner, pero tampoco pueden, abiertamente, romper con ellos. El chubutense Das Neves, que el 29 de junio inundó el país con afiches anunciando su candidatura presidencial, confesó a los medios que “tienen que estar con Néstor Kirchner para 2011 si quieren obtener fondos para destinar a tal o cual obra”. Con prudencia, todos negocian sus lealtades futuras entre susurros, sin renegar en voz alta contra el gobierno nacional que los financia.
En el Acuerdo Cívico y Social, pasado el berrinche de Carrió por la participación de sus aliados en el diálogo, no ganan para internas. Carrió, que ahora quiere convertir la Coalición Cívica en un partido, sigue en pie de guerra con Margarita Stolbizer, que está trabajando hacia una fórmula con Cobos. Los socialistas están, todavía, tratando de digerir la derrota electoral en Santa Fe frente a Reutemann, y los radicales no saben si los dirige Morales, Sanz, el fantasma de Alfonsín o el vicepresidente del gobierno peronista.
En Unión Pro, De Narváez quiere pelearle la candidatura presidencial a Solá, buscando alguna vuelta para disimular que no nació en Argentina, mientras Solá explora las posibilidades de volver a la organicidad del PJ, de la mano de Duhalde. Macri hace la suya.
El presidente del radicalismo, Morales, admitió que ninguno de los dirigentes de la oposición (él incluido) puede “ponerle un límite al gobierno”, y reprochó a Carlos Reutemann, Fernando “Pino” Solanas y Francisco de Narváez que no atinen a “abrir una alternativa al kirchnerismo”.
Curioso panorama, dicen los analistas burgueses. El Acuerdo Cívico y Social salió segundo a nivel nacional, pero todo indica que no podrá, siquiera, tener un bloque único cuando sus legisladores asuman en diciembre. De Narváez, Reutemann, Cobos y Macri, que derrotaron al oficialismo en sus respectivos distritos, hoy pierden votaciones en el congreso, como la de los súper poderes, y están a merced del temario que impone el gobierno.
Los mismos que antes de ayer eran aliados, y ayer parecían irreconciliables enemigos, se vuelven a juntar para resolver la mejor manera de conservar los privilegios de unos pocos. Todos esperan que el peronismo resuelva su interna, y marque un nuevo compás, para que siga el baile común de la entrega, la explotación y la dependencia.

Los empresarios primero
A pesar de las lágrimas de cocodrilo de la Mesa de Enlace, la UIA y el resto de las cámaras de explotadores, cada vez son mayores los aportes de dinero estatal para que todos sostengan sus ganancias.
En lo que va del año, el gobierno dictó medio centenar de medidas que favorecen la rentabilidad de los empresarios agropecuarios: subsidio de $500 millones a la lechería; automaticidad de los permisos de exportación de granos, carne y leche; baja de retenciones a la exportación de trigo, maíz, frutas y hortalizas y eliminación total para la leche en polvo; diferimientos impositivos y refinanciación de pasivos; fabulosos créditos con tasas subsidiadas; subsidio al gasoil; créditos del Banco Mundial; etc.
La UIA , que reclama un dólar competitivo, financiamiento, baja de las tasas de crédito, reforma de leyes laborales y reducción de impuestos, tampoco puede quejarse. El Banco Central habilitó unos u$s4.000 millones para prefinanciación de exportaciones, y el Ministerio de Producción dio créditos por casi u$s3.700 millones a empresarios textiles, del cuero, del sector automotor y autopartista. El “blanqueo de capitales” y el “blanqueo laboral” a costo cero, y el Programa de Recuperación Productiva (Repro), mediante un subsidio de $600 por trabajador, favorecieron a las empresas, sin distinguir entre las híper explotadoras Pymes, que son el 95% de las beneficiadas, y las grandes empresas que concentran el 40% de los trabajadores.
En el sector de servicios, el gobierno repuso millonarios subsidios a las tarifas de gas y electricidad, en un intento por dosificar el tarifazo.
Como la recaudación impositiva se reduce de la mano de la crisis, y ya no quedan “colchones” de fondos para echarles mano, como los de las AFJP, toda esa fortuna sale de la reducción del gasto público en salud, educación y vivienda. El gobierno cumple, así, su tarea de proteger la tasa de ganancias de los empresarios, los únicos privilegiados en este sistema de explotación.

Otro negocio del gobierno:
Fútbol: ni “gratis” ni “para todos”
Se concretó el negocio que, por 10 años, garantiza a la AFA un ingreso mínimo de 600 millones de pesos anuales, en reemplazo del contrato que la dirigencia del fútbol tenía con Torneos y Competencias y el grupo Clarín.
Bajo el populista slogan “fútbol gratis para todos”, aprovechando la simpatía natural que genera la medida, el acuerdo da amplísimas facultades al jefe de gabinete para negociar la transmisión de los partidos por cable, telefonía fija, celular o satelital, video stream e internet, en el país y el exterior.
Los multimillonarios fondos públicos que se transferirán a las empresas futbolísticas se restarán, en igual medida, del gasto social. Curiosa “estatización”, en la que se paga con dinero oficial el doble de lo que pagaba una empresa privada por el mismo negocio.
Engordarán más los bolsillos de los empresarios del fútbol y el gobierno, y las partidas usadas para financiar las barras bravas, que unos y otros utilizan sistemáticamente como fuerza de choque.