El Revolucionario Nº10 (Febrero de 2006)
“…Solamente aquellos que consideran al policía como la manifestación del poder ante el ciudadano y no como el poder del ciudadano, pueden juzgar al sindicalismo policial como un elemento negativo o perturbador”. Consejo Europeo de Sindicatos de Policía, citado como Frase del Mes en la web de APROPOBA (Asociación Profesional de Policías de la Provincia de Buenos Aires).
El 19 de octubre de 1998 los policías de Mendoza se concentraron frente a la legislatura provincial y montaron una “carpa azul”. Llevaban las manos esposadas para simbolizar la consigna “Tenemos las manos atadas”, y un petitorio de trece puntos, que incluía aumento salarial y reducción del horario de trabajo, pero más y mejor equipamiento, participación en las reformas institucionales y la reforma del Código Procesal Penal para tener más facultades en detenciones y allanamientos.
Las negociaciones con las autoridades civiles fueron tensas, con los “huelguistas” portando sus armas reglamentarias a la cintura. Gendarmería nacional fue convocada, pero los setecientos efectivos, lejos de actuar como en Cutral Co, Jujuy o Corrientes, se limitaron a reemplazar a los amotinados en las tareas de patrullaje urbano. Cuarenta y ocho horas después, el gobierno provincial del justicialista Lafalla, con el apoyo total del Partido Demócrata y la Alianza UCR-Frepaso , concedía los principales reclamos. El diario local Los Andes titularía días más tarde: “Otro reclamo encubierto pero no menos real”, en referencia a una de las principales conquistas: la reincorporación en situación de revista activa de los funcionarios en disponibilidad a raiz de hechos de corrupción y gatillo fácil.
Los policías mendocinos no estuvieron solos. Casi de inmediato recibieron el apoyo de los taxistas y de la clase media mendocina, unidos por el clamor de “seguridad” contra los robos. Luego se solidarizaron la CGT de Mendoza, el Sindicato de Camioneros, el gremio docente provincial y el Personal del Correccional de Menores. Lo más llamativo fue la posición de varios partidos políticos de izquierda que los acompañaron con el argumento general de que se trataba de trabajadores en lucha por mejoras salariales y de condiciones de trabajo.
El PCR-PTP distribuyó un volante en el que coreaban “¡Sí a la reivindicación salarial de la policía! ¡Por la reducción de la jornada laboral!”. Otro volante decía “Si no se limpia el pus de los torturadores, secuestradores y genocidas, ni la policía ni las fuerzas armadas se reconciliarán jamás con el pueblo”. El MST, en su periódico Semanario Socialista, publicó al día siguiente de la asonada: “Es importante solidarizarse con el reclamo de aumento salarial y de condiciones de trabajo que levantan los policías mendocinos”. El 4 de noviembre, el dirigente Juan Carlos Giordano sostenía que la izquierda debía apoyar “la huelga policial” ya que eran asalariados en lucha, y sostenía como solución de fondo el pase a retiro de las cúpulas involucradas en hechos de corrupción y gatillo fácil. Luego desarrollaba lo que seguiría repitiendo su partido hasta hoy: “Propiciamos que por ley se les impida a las fuerzas policiales reprimir las luchas obreras y populares y se les reconozca el derecho a desobedecer las órdenes superiores cuando sean injustas e ilegales como la tortura o apremios ilegales. (…) El Comisario debe ser elegido mediante el voto popular como ocurre con los Sheriff en Estados Unidos.” Finalmente, defendía a los policías “que provienen de los mismos sectores excluidos y marginales a los que ellos mismos tienen que reprimir. Por eso aparecen reclamando por salarios, viviendas y enojados con sus jefes, porque aparece allí una cuestión de clase”. También el PC y otros grupos menores asumieron similares posiciones.
Con pocas diferencias, esa sigue siendo la línea de los partidos que han saludado con entusiasmo el surgimiento de diversas variantes de sindicatos policiales o de otras fuerzas de seguridad. A la pionera APROPOL (Asociación Profesional Policial de Santa Fe), y su similar APROPOBA de la provincia de Buenos Aires, se han sumado sindicatos policiales en Río Negro, San Juan, Chaco, Tucumán, Mendoza, además de otros que nuclean personal de la PFA y del servicio penitenciario. A fines de 2001 se anunció la creación de una Federación Argentina de Sindicatos Policiales (FASIPOL) que en 2003 devino en FASiPP, Federación Argentina de Sindicatos Policiales y Penitenciarios. Muy recientemente se conoció en Córdoba la iniciativa de constituir un sindicato de militares, gendarmes y policías retirados.
La revista " La Gaceta Azul ", órgano de prensa de APROPOL, publica en su nº 7, de febrero/marzo de 2003, un artículo titulado "No estamos solos - Llegan los apoyos". Allí pueden verse fotos y declaraciones de Ripoll, Giordano, Vanella, Sobrero y otros dirigentes de esa corriente respaldando el reclamo del sindicato santafesino a la OIT por su personería gremial. Vilma Ripoll afirmó a fin de 2005 en el periódico de su partido que “… La policía debe tener derecho a sindicalizarse, por su salario, sus reclamos y también para poder denunciar la corrupción de las cúpulas. La organización de los policías de APROPOL, en Santa Fe, es un paso en ese sentido.” Una legisladora provincial de la alianza Izquierda Unida (MST/PC) de Córdoba fue convocante en agosto de 2005 de la autodenominada Marcha de la Gorra y defendió los reclamos policiales como "reinvindicaciones gremiales de trabajadores".
Ya en 2002, cuando era tapa de los diarios el “policía piquetero” Ricardo Santillán, que marchaba del brazo del hoy ultrakirchnerista D’Elia, Néstor Pitrola del Polo Obrero dijo que “una iniciativa de este tipo naturalmente cuenta con toda nuestra simpatía, ya que en épocas de cambio social es fundamental el quiebre de los aparatos represivos”. No es un debate nuevo, como vemos. Hoy está planteado en el seno del Movimiento Intersindical Clasista de Rosario si se debe adherir al pedido de solidaridad formulado por APROPOL por la cesantía de cinco policías integrantes de sus filas, y algunos partidos que participan del MIC ya han expresado, por ejemplo, que “la propia destrucción de esas instituciones corruptas y vendidas al capital (fuerzas armadas y de seguridad, parlamento, justicia, etc.) requieren de un trabajo revolucionario desde su propio vientre, que sepa intervenir ante las contradicciones que existen entre los explotados y los explotadores.”
Los policías no son parte de la clase obrera ni se van a negar a reprimir
Pocos son, con variantes, los argumentos usados por diferentes corrientes en la defensa de la sindicalización policial: 1.- Que los policías venden su fuerza de trabajo por un salario, por ende son trabajadores, y como tales, integrantes de la clase obrera. Quienes sostienen esta idea diferencian a veces las “cúpulas” o el “personal jerárquico” del subalterno, lo que provocaría lucha de clases al interior de las fuerzas. 2.- Que es imposible la toma del poder por parte de los trabajadores y la izquierda si no se fracturan -sin entrar en combate- las fuerzas armadas y de seguridad de la burguesía y un sector asume una actitud favorable a la revolución o por lo menos pasiva, negándose a reprimir. Así, fomentar la sindicalización policial permitiría que los policías o gendarmes agremiados desarrollen conciencia de clase. 3.- Que si la sindicalización policial y su posibilidad de ejercer el derecho de huelga, propio del obrero, no fuera anticapitalista, el estado no reprimiría esas situaciones.
Esos ejes imponen repasar algunos conceptos básicos desde un punto de vista marxista, empezando por reiterar que la “clase” es un concepto teórico, no una categoría descriptiva. “Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción (…), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo y, consiguientemente, por el modo de percibir y la proporción en que perciben la parte de la riqueza social de que disponen”, escribió Lenin. Por su parte Marx enseña que los diferentes individuos sólo forman una clase en cuanto se ven obligados a sostener una lucha común contra otra clase, pues por lo demás ellos mismos se enfrentan unos con otros hostilmente en el plano de la competencia.
Tenemos entonces que el concepto de clase social (y por ende de clase obrera) no tiene por base exclusiva los criterios laborales, si se percibe un salario o se tiene un patrón, sino que incluye aspectos sociales y políticos, entre los que destaca el papel que se desempeña en la organización social del trabajo y los intereses que se defienden. Así, aunque vendan su fuerza de trabajo a un patrón, no forman parte de la clase obrera los asalariados que realizan un trabajo “de explotación”, ya que su función es una prolongación del papel del capitalista, en cuyo nombre actúan, ni los empleados que ejercen funciones de dirección, o los que obtienen una parte de sus ingresos de la plusvalía, aun cuando puedan ser sectores intermedios que se encuentren en situaciones contradictorias y eventualmente –dadas ciertas circunstancias- puedan vacilar. Esas capas laborales se parecen a la clase obrera porque están obligadas a vender su fuerza de trabajo a cambio de un sueldo, pero se oponen a ella porque su oficio o función consiste en someter y dominar al proletariado. El capitalista los elige, los forma y utiliza para defender sus intereses y garantizar la opresión. En su novela Levantado del Suelo Saramago dice que el policía “Es un perro elegido entre los perros para morder a los perros. Conviene que sea perro para conocer las mañas y defensas de los perros”. Con más rigor científico lo explica Trotsky: “El hecho de que los agentes de policía fueran reclutados en gran parte entre los obreros socialdemócratas no quiere decir absolutamente nada. Aquí también la existencia determina la conciencia. El obrero que se hace policía al servicio del estado capitalista es un policía burgués y no obrero. (…) Pero lo más importante es que cada policía sabe que los gobiernos cambian, pero que la policía queda.” (Alemania, la revolución y el fascismo). Por eso en el programa de transición definía a todas las policías como “ejecutoras de la voluntad del capitalismo, del estado burgués y de sus pandillas de políticos corruptos.”
Es cierto que, en oportunidades, –no muchas- los levantamientos policiales han sido reprimidos, incluso alguna vez con dureza, por sus propios colegas o sus símiles de otras fuerzas. Esto sólo confirma que sobre todo y ante todo, las fuerzas de seguridad están para asegurar el orden instituido, aun cuando para ello deban reprimir a sus camaradas de armas, circunstancialmente enfrentados por razones ajenas a la lucha de clases. Y que, como citábamos más arriba, al no constituir una clase, ellos mismos se enfrentan unos con otros hostilmente en el plano de la competencia. En el conflicto de Mendoza de 1998, durante las negociaciones, el gobernador Lafalla demostró saber mejor que quienes defienden la sindicalización de la policía cuál es su verdadera naturaleza, cuando les dijo “Ustedes pertenecen al Estado”.
Menos aún tiene criterio la distinción que se pretende entre “trabajadores” policiales y “cúpula” o “jerarquía”. En los registros de hechos represivos hay tanto suboficiales como oficiales; agentes de 21 años recién recibidos o comisarios generales. Lo mismo ocurre con los pretensos “sindicatos”, cuyos dirigentes son, casi todos, jefes de alta graduación. El primer secretario general de APROPOBA fue el comisario inspector (RA) Hermes Vicente Acuña, quien fuera Director del Liceo Policial en el Instituto Juan Vucetich; segundo jefe de la UR La Plata, y Subsecretario de Formación y Capacitación del Ministerio de Justicia y Seguridad bonaerense. Detalle no tan menor, antes de esa brillante carrera, Hermes Acuña era el titular de la 1ª de Morón cuando el servicio de calle de esa comisaría torturó hasta la muerte al adolescente Sergio Durán. El primer secretario de organización de APROPOBA fue el comisario inspector (RA) Juan de Dios González, que recientemente hizo público su apoyo irrestricto al torturador Luis A. Patti, del que destaca las palabras “relacionadas al orgullo que siente por haber sido Policía y la defensa que hiciera de las Instituciones de la Nación ”. El pasado 23 de enero convocó a un acto “en homenaje a los héroes de Tablada” (no precisamente a los compañeros caídos, fusilados, torturados o desaparecidos), y pidió públicamente que algún fiscal procese a quienes nos movilizamos a los tribunales de Lomas de Zamora el día de la sentencia del Puente Pueyrredón, pues ese día “se cometió un delito, tipificado por el Código como Intimidación Pública y nadie actuó en consecuencia”. En la página web http://www.ladecadadel70.com.ar/ escribe que el Congreso de la Nación está poblado por “la trasnochada prole de terroristas setentistas y acomodaticios”, y se queja de que ve “a los impíos asolar nuestra religión y socavar nuestra fe”. El 14 de agosto de 2002, ambos “referentes sindicales” decían al Diario Hoy de La Plata , en respuesta a tibias críticas de Juan Pablo Cafiero a la policía bonaerense “Nos sentimos agraviados, toda vez que la Institución , de la que formamos parte, es maltratada y vituperada con expresiones injuriosas. Estos hechos contribuyen a desorientar mucho más a la ciudadanía, que impávida observa como la actividad delictiva es puesta en paridad discursiva con nuestra Policía, que cumple una de las funciones indelegables del Estado”.
Qué reclaman y defienden los “sindicatos” policiales
“La finalidad y propósito de APROPOBA es desarrollar una acción reivindicatoria y beneficiosa para los trabajadores policiales, sus familias, la Policía de la Provincia de Buenos Aires y para toda la sociedad”, declaran los Patas Negras agremiados. ¿Alguna vez se supo que la reinvindicación del patrón, de la empresa explotadora, sea la finalidad de un trabajador? Luego viene la queja: “Nadie nos defiende de los injustos ataques, nadie se ocupa de brindar una buena defensa en juicio de nuestros compañeros que en cumplimiento del deber se ven atrapados en los laberintos del derecho”. Con la misma lógica de defensa de los intereses de la burguesía, el Sindicato del Personal Superior de la Policía Federal Argentina emitió un comunicado en diciembre de 2001 defendiendo lo actuado por sus hombres en Plaza de Mayo el 19 y 20 de diciembre, y APROPOL exige “la participación de los trabajadores policiales en el diseño de políticas, planes y demás instrumentos que tengan relación con la seguridad pública”. No les alcanza con reprimir, también quieren que sus jefes los escuchen sobre cómo hacerlo mejor.
El Sindicato Unificado de Policía español reclama censura a los medios y exige a los políticos optimizar la persecución a Batasuna; pide más presupuesto, coordinación interfuerzas y cooperación internacional. En 2003 el SUP y la Unión Federal de Policía de España lograron una rebaja en las penas para policías y que se eliminaran varias figuras del régimen disciplinario. Los sindicatos españoles, más avanzados que los argentinos, prevén un seguro que abona el salario caido del policía suspendido por delitos cometidos en funciones, y un seguro de defensa penal, que supere“las deficiencias existentes en la defensa jurídica que se presta desde la Administración , cuando deban comparecer ante un tribunal en calidad de denunciados como consecuencia de su actividad.” Reclaman también legislación que permita acceder a datos de interés policial (bases de datos oficiales y privadas, empresas telefónicas, intervención de correspondencia, etc.), y cotidianamente coinciden con la Asociación de Víctimas del Terrorismo en cuanto a la forma en que se debe reprimir a los compañeros vascos.
El Sindicato de la Policía alemana tuvo suficiente influencia para imponer al ministro alemán de Interior que sean ellos, y no el ejército, quienes se ocupen de la seguridad durante el Mundial de Fútbol 2006, servicio especial que seguramente redundará en caras horas extras.
La Nederlandse Politiebond (sindicato de la policía holandesa) exige mayor presencia policial en la calle para combatir el incremento de la violencia, el crimen organizado… y las tensiones sociales. En Francia, durante la reciente rebelión juvenil desatada por el fusilamiento de dos jóvenes de origen inmigrante en un barrio, el sindicato que representa a los policías describió la situación como una "guerra civil" y reclamó al ministro del Interior que impusiera el toque de queda y ordenara la intervención del ejército.
En Portugal, el 20 de marzo de 2005 hubo una movilización policial reclamando que se permita a la policía “otro tipo de actuación cuando se trata de barrios problemáticos”, o sea, barrios pobres.
Los sindicatos policiales italianos (SAP, SIAP, SILP-CGIL, Rinnovamento Sindicale y SIULP) unánimemente repudiaron la investigación judicial por la represión policial durante el Foro Social de Génova, cuando fue asesinado el joven Carlo Giulianni, y reclamaron que las autoridades políticas se hicieran cargo de las órdenes que daban, en lugar de “mandarlos al frente”.
Veintiun sindicatos policiales europeos conforman la Federación Europea de Policía (EUROCOP), entre ellos los de todos los países de la Unión Europea –menos Austria y Portugal-, más Mónaco, Suiza, Eslovenia y Eslovaquia, totalizando la representación de 500.000 policías. Su influencia en las políticas de estado no puede obviarse, y no parece ser a favor del pueblo.
En EEUU, el sindicato de oficiales de policía de Filadelfia hizo una campaña contra la Junta Consultiva de la Policía , organismo de supuesto control de la fuerza, y logró que fuera desmantelada. La Orden Fraternal de Policía (OFP) fue definida por Human Rights Watch (que definitivamente no es una organización marxista) como con más influencia que el propio comisionado de policía, al punto que éste necesita su cooperación para poder despedir un funcionario. Rodney Hunt, responsable de dos gatillos fáciles en 1990 y 1991, fue reincorporado al departamento con restitución de los salarios caídos, a pesar de que mató a dos hombres (uno con nueve tiros en la espalda) e hirió a una mujer. La OFP hace campaña a favor de la ejecución de Mumia Abu-Jamal, además de ser el núcleo del complot para su injusta condena. Cuando se iba a realizar un concierto de rock para recaudar fondos para Mumia, el presidente de la OFP amenazó “Cualquiera que vaya al concierto o que le de publicidad está abogando por el asesinato de policías y así lo vamos a tratar".
En la democrática República del Uruguay, los “nuevos aires” frenteamplistas empujaron la conformación de varios sindicatos policiales con la bendición de “Pepe” Mujica, quien también plantea la sindicalización de las FFAA. Un dirigente del gremio oriental participó el 10 de noviembre de 2005 de una conferencia junto al ministro del interior José E. Díaz. El “sindicalista” comenzó su discurso diciendo que quería “felicitar al Señor Ministro del Interior en este suceso de la Ciudad Vieja de Montevideo, que fue en marco de la Ley y de la Constitución ” y expresó el apoyo policial al cuestionado ministro. Se refería, claro está, a la represión contra la manifestacíon en repudio de Bush y del tratado bilateral con EEUU. Hecha la venia al acto represivo, siguió con los reclamos salariales y previsionales.
Díaz devolvió la gentileza anunciando que en el nuevo Presupuesto uno de los Ministerios que va a tener mayor incremento es el de Interior, incluyendo las remuneraciones policiales, para las que prevén “un plan gradual de alguna manera privilegiado”.
Volviendo a la Argentina y a la precursora APROPOL, su secretario general, oficial ayudante Alberto Rubén Martínez, declaró recientemente a los medios santafesinos: “Mientras los ladrones entran por una puerta y salen por la otra se nos somete a sanciones administrativas con privación de la libertad”. El comisario Jose Daniel Aste, escribió en la web de APROPOBA: “esta necesidad de agremiarnos y defendernos, se debe a que nosotros (…) somos los que con las manos atadas, vemos como los delincuentes ganaron la calle, que ante cualquier procedimiento, primero las autoridades judiciales atienden los derechos del delincuente y observan el accionar policial, para establecer si cometieron un error, y así crucificarlo para siempre, sin derecho a defensa porque ya son juzgados desde el principio, con la gran presión que ejercen aquellos que parecieran enemigos de la Institución Policial. Cualquier grupo de inadaptados sociales cortan rutas, paran medios de transportes, toman edificios de empresas privadas, edificios públicos etc., nos insultan, golpean, escupitan en nuestro rostro, logrando con esas medidas de fuerzas ilegales y violentas, múltiples beneficios. (…) No podemos soportar más tantas humillaciones.”
El actual secretario de organización de APROPOBA, Miguel Angel Reynoso, opina: “¿Dónde están las pomposamente denominadas “entidades de derechos humanos”, que únicamente vemos actuar cuando se trata de enlodar las instituciones, cometer delitos o percibir subvenciones, o cuando consideran que a sus iguales ideológicos pueden habérseles violado tales garantías, pero disimulan mirando hacia otro costado cuando los afectados no les interesan?Hipócritas, mil veces hipócritas, no existe otra definición”.
Para terminar, leemos en el diario La Capital de Mar del Plata que el 20 de agosto “Integrantes de entidades que nuclean a policías y ex integrantes del cuerpo realizaron una concentración frente al edificio de Tribunales, para solicitar la puesta en libertad y el desprocesamiento del teniente primero de la Policía Bonaerense César Giménez, que permanece detenido imputado de dar muerte a un menor de edad.”
Estos son sólo unos pocos ejemplos, extraidos de crónicas periodísticas o del propio material de los “sindicatos policiales” de la Argentina y el mundo, para ilustrar lo que el Consejo Europeo de Sindicatos de Policía tan claramente expresa en la frase que transcribimos como copete de esta nota. Es más que suficiente para entender que policías, gendarmes, guardiacárceles, no son ni pueden ser nunca considerados compañeros que luchan por reinvindicaciones legítimas de la clase obrera, ni son transferibles en tiempo y espacio las experiencias históricas en circunstancias diferentes.
Equivocar tan rotundamente la caracterización de los integrantes del aparato represivo del estado, siempre un enemigo, representa también un grave problema. La policía o la gendarmería ya no precisarán infiltrar ámbitos sindicales, ni preocuparse por hacer tareas de inteligencia. Tendrán toda la información necesaria a través de quienes los reconozcan como “trabajadores”, o dialoguen con ellos, y podrán actuar con anticipación. Las posiciones favorables a la “sindicalización” policial, entonces, además de ser aberraciones teóricas comprobadas en la realidad, son profundamente perniciosas para el movimiento obrero en su conjunto, y como tales debemos denunciarlas y combatirlas.
“…Solamente aquellos que consideran al policía como la manifestación del poder ante el ciudadano y no como el poder del ciudadano, pueden juzgar al sindicalismo policial como un elemento negativo o perturbador”. Consejo Europeo de Sindicatos de Policía, citado como Frase del Mes en la web de APROPOBA (Asociación Profesional de Policías de la Provincia de Buenos Aires).
El 19 de octubre de 1998 los policías de Mendoza se concentraron frente a la legislatura provincial y montaron una “carpa azul”. Llevaban las manos esposadas para simbolizar la consigna “Tenemos las manos atadas”, y un petitorio de trece puntos, que incluía aumento salarial y reducción del horario de trabajo, pero más y mejor equipamiento, participación en las reformas institucionales y la reforma del Código Procesal Penal para tener más facultades en detenciones y allanamientos.
Las negociaciones con las autoridades civiles fueron tensas, con los “huelguistas” portando sus armas reglamentarias a la cintura. Gendarmería nacional fue convocada, pero los setecientos efectivos, lejos de actuar como en Cutral Co, Jujuy o Corrientes, se limitaron a reemplazar a los amotinados en las tareas de patrullaje urbano. Cuarenta y ocho horas después, el gobierno provincial del justicialista Lafalla, con el apoyo total del Partido Demócrata y la Alianza UCR-Frepaso , concedía los principales reclamos. El diario local Los Andes titularía días más tarde: “Otro reclamo encubierto pero no menos real”, en referencia a una de las principales conquistas: la reincorporación en situación de revista activa de los funcionarios en disponibilidad a raiz de hechos de corrupción y gatillo fácil.
Los policías mendocinos no estuvieron solos. Casi de inmediato recibieron el apoyo de los taxistas y de la clase media mendocina, unidos por el clamor de “seguridad” contra los robos. Luego se solidarizaron la CGT de Mendoza, el Sindicato de Camioneros, el gremio docente provincial y el Personal del Correccional de Menores. Lo más llamativo fue la posición de varios partidos políticos de izquierda que los acompañaron con el argumento general de que se trataba de trabajadores en lucha por mejoras salariales y de condiciones de trabajo.
El PCR-PTP distribuyó un volante en el que coreaban “¡Sí a la reivindicación salarial de la policía! ¡Por la reducción de la jornada laboral!”. Otro volante decía “Si no se limpia el pus de los torturadores, secuestradores y genocidas, ni la policía ni las fuerzas armadas se reconciliarán jamás con el pueblo”. El MST, en su periódico Semanario Socialista, publicó al día siguiente de la asonada: “Es importante solidarizarse con el reclamo de aumento salarial y de condiciones de trabajo que levantan los policías mendocinos”. El 4 de noviembre, el dirigente Juan Carlos Giordano sostenía que la izquierda debía apoyar “la huelga policial” ya que eran asalariados en lucha, y sostenía como solución de fondo el pase a retiro de las cúpulas involucradas en hechos de corrupción y gatillo fácil. Luego desarrollaba lo que seguiría repitiendo su partido hasta hoy: “Propiciamos que por ley se les impida a las fuerzas policiales reprimir las luchas obreras y populares y se les reconozca el derecho a desobedecer las órdenes superiores cuando sean injustas e ilegales como la tortura o apremios ilegales. (…) El Comisario debe ser elegido mediante el voto popular como ocurre con los Sheriff en Estados Unidos.” Finalmente, defendía a los policías “que provienen de los mismos sectores excluidos y marginales a los que ellos mismos tienen que reprimir. Por eso aparecen reclamando por salarios, viviendas y enojados con sus jefes, porque aparece allí una cuestión de clase”. También el PC y otros grupos menores asumieron similares posiciones.
Con pocas diferencias, esa sigue siendo la línea de los partidos que han saludado con entusiasmo el surgimiento de diversas variantes de sindicatos policiales o de otras fuerzas de seguridad. A la pionera APROPOL (Asociación Profesional Policial de Santa Fe), y su similar APROPOBA de la provincia de Buenos Aires, se han sumado sindicatos policiales en Río Negro, San Juan, Chaco, Tucumán, Mendoza, además de otros que nuclean personal de la PFA y del servicio penitenciario. A fines de 2001 se anunció la creación de una Federación Argentina de Sindicatos Policiales (FASIPOL) que en 2003 devino en FASiPP, Federación Argentina de Sindicatos Policiales y Penitenciarios. Muy recientemente se conoció en Córdoba la iniciativa de constituir un sindicato de militares, gendarmes y policías retirados.
La revista " La Gaceta Azul ", órgano de prensa de APROPOL, publica en su nº 7, de febrero/marzo de 2003, un artículo titulado "No estamos solos - Llegan los apoyos". Allí pueden verse fotos y declaraciones de Ripoll, Giordano, Vanella, Sobrero y otros dirigentes de esa corriente respaldando el reclamo del sindicato santafesino a la OIT por su personería gremial. Vilma Ripoll afirmó a fin de 2005 en el periódico de su partido que “… La policía debe tener derecho a sindicalizarse, por su salario, sus reclamos y también para poder denunciar la corrupción de las cúpulas. La organización de los policías de APROPOL, en Santa Fe, es un paso en ese sentido.” Una legisladora provincial de la alianza Izquierda Unida (MST/PC) de Córdoba fue convocante en agosto de 2005 de la autodenominada Marcha de la Gorra y defendió los reclamos policiales como "reinvindicaciones gremiales de trabajadores".
Ya en 2002, cuando era tapa de los diarios el “policía piquetero” Ricardo Santillán, que marchaba del brazo del hoy ultrakirchnerista D’Elia, Néstor Pitrola del Polo Obrero dijo que “una iniciativa de este tipo naturalmente cuenta con toda nuestra simpatía, ya que en épocas de cambio social es fundamental el quiebre de los aparatos represivos”. No es un debate nuevo, como vemos. Hoy está planteado en el seno del Movimiento Intersindical Clasista de Rosario si se debe adherir al pedido de solidaridad formulado por APROPOL por la cesantía de cinco policías integrantes de sus filas, y algunos partidos que participan del MIC ya han expresado, por ejemplo, que “la propia destrucción de esas instituciones corruptas y vendidas al capital (fuerzas armadas y de seguridad, parlamento, justicia, etc.) requieren de un trabajo revolucionario desde su propio vientre, que sepa intervenir ante las contradicciones que existen entre los explotados y los explotadores.”
Los policías no son parte de la clase obrera ni se van a negar a reprimir
Pocos son, con variantes, los argumentos usados por diferentes corrientes en la defensa de la sindicalización policial: 1.- Que los policías venden su fuerza de trabajo por un salario, por ende son trabajadores, y como tales, integrantes de la clase obrera. Quienes sostienen esta idea diferencian a veces las “cúpulas” o el “personal jerárquico” del subalterno, lo que provocaría lucha de clases al interior de las fuerzas. 2.- Que es imposible la toma del poder por parte de los trabajadores y la izquierda si no se fracturan -sin entrar en combate- las fuerzas armadas y de seguridad de la burguesía y un sector asume una actitud favorable a la revolución o por lo menos pasiva, negándose a reprimir. Así, fomentar la sindicalización policial permitiría que los policías o gendarmes agremiados desarrollen conciencia de clase. 3.- Que si la sindicalización policial y su posibilidad de ejercer el derecho de huelga, propio del obrero, no fuera anticapitalista, el estado no reprimiría esas situaciones.
Esos ejes imponen repasar algunos conceptos básicos desde un punto de vista marxista, empezando por reiterar que la “clase” es un concepto teórico, no una categoría descriptiva. “Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción (…), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo y, consiguientemente, por el modo de percibir y la proporción en que perciben la parte de la riqueza social de que disponen”, escribió Lenin. Por su parte Marx enseña que los diferentes individuos sólo forman una clase en cuanto se ven obligados a sostener una lucha común contra otra clase, pues por lo demás ellos mismos se enfrentan unos con otros hostilmente en el plano de la competencia.
Tenemos entonces que el concepto de clase social (y por ende de clase obrera) no tiene por base exclusiva los criterios laborales, si se percibe un salario o se tiene un patrón, sino que incluye aspectos sociales y políticos, entre los que destaca el papel que se desempeña en la organización social del trabajo y los intereses que se defienden. Así, aunque vendan su fuerza de trabajo a un patrón, no forman parte de la clase obrera los asalariados que realizan un trabajo “de explotación”, ya que su función es una prolongación del papel del capitalista, en cuyo nombre actúan, ni los empleados que ejercen funciones de dirección, o los que obtienen una parte de sus ingresos de la plusvalía, aun cuando puedan ser sectores intermedios que se encuentren en situaciones contradictorias y eventualmente –dadas ciertas circunstancias- puedan vacilar. Esas capas laborales se parecen a la clase obrera porque están obligadas a vender su fuerza de trabajo a cambio de un sueldo, pero se oponen a ella porque su oficio o función consiste en someter y dominar al proletariado. El capitalista los elige, los forma y utiliza para defender sus intereses y garantizar la opresión. En su novela Levantado del Suelo Saramago dice que el policía “Es un perro elegido entre los perros para morder a los perros. Conviene que sea perro para conocer las mañas y defensas de los perros”. Con más rigor científico lo explica Trotsky: “El hecho de que los agentes de policía fueran reclutados en gran parte entre los obreros socialdemócratas no quiere decir absolutamente nada. Aquí también la existencia determina la conciencia. El obrero que se hace policía al servicio del estado capitalista es un policía burgués y no obrero. (…) Pero lo más importante es que cada policía sabe que los gobiernos cambian, pero que la policía queda.” (Alemania, la revolución y el fascismo). Por eso en el programa de transición definía a todas las policías como “ejecutoras de la voluntad del capitalismo, del estado burgués y de sus pandillas de políticos corruptos.”
Es cierto que, en oportunidades, –no muchas- los levantamientos policiales han sido reprimidos, incluso alguna vez con dureza, por sus propios colegas o sus símiles de otras fuerzas. Esto sólo confirma que sobre todo y ante todo, las fuerzas de seguridad están para asegurar el orden instituido, aun cuando para ello deban reprimir a sus camaradas de armas, circunstancialmente enfrentados por razones ajenas a la lucha de clases. Y que, como citábamos más arriba, al no constituir una clase, ellos mismos se enfrentan unos con otros hostilmente en el plano de la competencia. En el conflicto de Mendoza de 1998, durante las negociaciones, el gobernador Lafalla demostró saber mejor que quienes defienden la sindicalización de la policía cuál es su verdadera naturaleza, cuando les dijo “Ustedes pertenecen al Estado”.
Menos aún tiene criterio la distinción que se pretende entre “trabajadores” policiales y “cúpula” o “jerarquía”. En los registros de hechos represivos hay tanto suboficiales como oficiales; agentes de 21 años recién recibidos o comisarios generales. Lo mismo ocurre con los pretensos “sindicatos”, cuyos dirigentes son, casi todos, jefes de alta graduación. El primer secretario general de APROPOBA fue el comisario inspector (RA) Hermes Vicente Acuña, quien fuera Director del Liceo Policial en el Instituto Juan Vucetich; segundo jefe de la UR La Plata, y Subsecretario de Formación y Capacitación del Ministerio de Justicia y Seguridad bonaerense. Detalle no tan menor, antes de esa brillante carrera, Hermes Acuña era el titular de la 1ª de Morón cuando el servicio de calle de esa comisaría torturó hasta la muerte al adolescente Sergio Durán. El primer secretario de organización de APROPOBA fue el comisario inspector (RA) Juan de Dios González, que recientemente hizo público su apoyo irrestricto al torturador Luis A. Patti, del que destaca las palabras “relacionadas al orgullo que siente por haber sido Policía y la defensa que hiciera de las Instituciones de la Nación ”. El pasado 23 de enero convocó a un acto “en homenaje a los héroes de Tablada” (no precisamente a los compañeros caídos, fusilados, torturados o desaparecidos), y pidió públicamente que algún fiscal procese a quienes nos movilizamos a los tribunales de Lomas de Zamora el día de la sentencia del Puente Pueyrredón, pues ese día “se cometió un delito, tipificado por el Código como Intimidación Pública y nadie actuó en consecuencia”. En la página web http://www.ladecadadel70.com.ar/ escribe que el Congreso de la Nación está poblado por “la trasnochada prole de terroristas setentistas y acomodaticios”, y se queja de que ve “a los impíos asolar nuestra religión y socavar nuestra fe”. El 14 de agosto de 2002, ambos “referentes sindicales” decían al Diario Hoy de La Plata , en respuesta a tibias críticas de Juan Pablo Cafiero a la policía bonaerense “Nos sentimos agraviados, toda vez que la Institución , de la que formamos parte, es maltratada y vituperada con expresiones injuriosas. Estos hechos contribuyen a desorientar mucho más a la ciudadanía, que impávida observa como la actividad delictiva es puesta en paridad discursiva con nuestra Policía, que cumple una de las funciones indelegables del Estado”.
Qué reclaman y defienden los “sindicatos” policiales
“La finalidad y propósito de APROPOBA es desarrollar una acción reivindicatoria y beneficiosa para los trabajadores policiales, sus familias, la Policía de la Provincia de Buenos Aires y para toda la sociedad”, declaran los Patas Negras agremiados. ¿Alguna vez se supo que la reinvindicación del patrón, de la empresa explotadora, sea la finalidad de un trabajador? Luego viene la queja: “Nadie nos defiende de los injustos ataques, nadie se ocupa de brindar una buena defensa en juicio de nuestros compañeros que en cumplimiento del deber se ven atrapados en los laberintos del derecho”. Con la misma lógica de defensa de los intereses de la burguesía, el Sindicato del Personal Superior de la Policía Federal Argentina emitió un comunicado en diciembre de 2001 defendiendo lo actuado por sus hombres en Plaza de Mayo el 19 y 20 de diciembre, y APROPOL exige “la participación de los trabajadores policiales en el diseño de políticas, planes y demás instrumentos que tengan relación con la seguridad pública”. No les alcanza con reprimir, también quieren que sus jefes los escuchen sobre cómo hacerlo mejor.
El Sindicato Unificado de Policía español reclama censura a los medios y exige a los políticos optimizar la persecución a Batasuna; pide más presupuesto, coordinación interfuerzas y cooperación internacional. En 2003 el SUP y la Unión Federal de Policía de España lograron una rebaja en las penas para policías y que se eliminaran varias figuras del régimen disciplinario. Los sindicatos españoles, más avanzados que los argentinos, prevén un seguro que abona el salario caido del policía suspendido por delitos cometidos en funciones, y un seguro de defensa penal, que supere“las deficiencias existentes en la defensa jurídica que se presta desde la Administración , cuando deban comparecer ante un tribunal en calidad de denunciados como consecuencia de su actividad.” Reclaman también legislación que permita acceder a datos de interés policial (bases de datos oficiales y privadas, empresas telefónicas, intervención de correspondencia, etc.), y cotidianamente coinciden con la Asociación de Víctimas del Terrorismo en cuanto a la forma en que se debe reprimir a los compañeros vascos.
El Sindicato de la Policía alemana tuvo suficiente influencia para imponer al ministro alemán de Interior que sean ellos, y no el ejército, quienes se ocupen de la seguridad durante el Mundial de Fútbol 2006, servicio especial que seguramente redundará en caras horas extras.
La Nederlandse Politiebond (sindicato de la policía holandesa) exige mayor presencia policial en la calle para combatir el incremento de la violencia, el crimen organizado… y las tensiones sociales. En Francia, durante la reciente rebelión juvenil desatada por el fusilamiento de dos jóvenes de origen inmigrante en un barrio, el sindicato que representa a los policías describió la situación como una "guerra civil" y reclamó al ministro del Interior que impusiera el toque de queda y ordenara la intervención del ejército.
En Portugal, el 20 de marzo de 2005 hubo una movilización policial reclamando que se permita a la policía “otro tipo de actuación cuando se trata de barrios problemáticos”, o sea, barrios pobres.
Los sindicatos policiales italianos (SAP, SIAP, SILP-CGIL, Rinnovamento Sindicale y SIULP) unánimemente repudiaron la investigación judicial por la represión policial durante el Foro Social de Génova, cuando fue asesinado el joven Carlo Giulianni, y reclamaron que las autoridades políticas se hicieran cargo de las órdenes que daban, en lugar de “mandarlos al frente”.
Veintiun sindicatos policiales europeos conforman la Federación Europea de Policía (EUROCOP), entre ellos los de todos los países de la Unión Europea –menos Austria y Portugal-, más Mónaco, Suiza, Eslovenia y Eslovaquia, totalizando la representación de 500.000 policías. Su influencia en las políticas de estado no puede obviarse, y no parece ser a favor del pueblo.
En EEUU, el sindicato de oficiales de policía de Filadelfia hizo una campaña contra la Junta Consultiva de la Policía , organismo de supuesto control de la fuerza, y logró que fuera desmantelada. La Orden Fraternal de Policía (OFP) fue definida por Human Rights Watch (que definitivamente no es una organización marxista) como con más influencia que el propio comisionado de policía, al punto que éste necesita su cooperación para poder despedir un funcionario. Rodney Hunt, responsable de dos gatillos fáciles en 1990 y 1991, fue reincorporado al departamento con restitución de los salarios caídos, a pesar de que mató a dos hombres (uno con nueve tiros en la espalda) e hirió a una mujer. La OFP hace campaña a favor de la ejecución de Mumia Abu-Jamal, además de ser el núcleo del complot para su injusta condena. Cuando se iba a realizar un concierto de rock para recaudar fondos para Mumia, el presidente de la OFP amenazó “Cualquiera que vaya al concierto o que le de publicidad está abogando por el asesinato de policías y así lo vamos a tratar".
En la democrática República del Uruguay, los “nuevos aires” frenteamplistas empujaron la conformación de varios sindicatos policiales con la bendición de “Pepe” Mujica, quien también plantea la sindicalización de las FFAA. Un dirigente del gremio oriental participó el 10 de noviembre de 2005 de una conferencia junto al ministro del interior José E. Díaz. El “sindicalista” comenzó su discurso diciendo que quería “felicitar al Señor Ministro del Interior en este suceso de la Ciudad Vieja de Montevideo, que fue en marco de la Ley y de la Constitución ” y expresó el apoyo policial al cuestionado ministro. Se refería, claro está, a la represión contra la manifestacíon en repudio de Bush y del tratado bilateral con EEUU. Hecha la venia al acto represivo, siguió con los reclamos salariales y previsionales.
Díaz devolvió la gentileza anunciando que en el nuevo Presupuesto uno de los Ministerios que va a tener mayor incremento es el de Interior, incluyendo las remuneraciones policiales, para las que prevén “un plan gradual de alguna manera privilegiado”.
Volviendo a la Argentina y a la precursora APROPOL, su secretario general, oficial ayudante Alberto Rubén Martínez, declaró recientemente a los medios santafesinos: “Mientras los ladrones entran por una puerta y salen por la otra se nos somete a sanciones administrativas con privación de la libertad”. El comisario Jose Daniel Aste, escribió en la web de APROPOBA: “esta necesidad de agremiarnos y defendernos, se debe a que nosotros (…) somos los que con las manos atadas, vemos como los delincuentes ganaron la calle, que ante cualquier procedimiento, primero las autoridades judiciales atienden los derechos del delincuente y observan el accionar policial, para establecer si cometieron un error, y así crucificarlo para siempre, sin derecho a defensa porque ya son juzgados desde el principio, con la gran presión que ejercen aquellos que parecieran enemigos de la Institución Policial. Cualquier grupo de inadaptados sociales cortan rutas, paran medios de transportes, toman edificios de empresas privadas, edificios públicos etc., nos insultan, golpean, escupitan en nuestro rostro, logrando con esas medidas de fuerzas ilegales y violentas, múltiples beneficios. (…) No podemos soportar más tantas humillaciones.”
El actual secretario de organización de APROPOBA, Miguel Angel Reynoso, opina: “¿Dónde están las pomposamente denominadas “entidades de derechos humanos”, que únicamente vemos actuar cuando se trata de enlodar las instituciones, cometer delitos o percibir subvenciones, o cuando consideran que a sus iguales ideológicos pueden habérseles violado tales garantías, pero disimulan mirando hacia otro costado cuando los afectados no les interesan?Hipócritas, mil veces hipócritas, no existe otra definición”.
Para terminar, leemos en el diario La Capital de Mar del Plata que el 20 de agosto “Integrantes de entidades que nuclean a policías y ex integrantes del cuerpo realizaron una concentración frente al edificio de Tribunales, para solicitar la puesta en libertad y el desprocesamiento del teniente primero de la Policía Bonaerense César Giménez, que permanece detenido imputado de dar muerte a un menor de edad.”
Estos son sólo unos pocos ejemplos, extraidos de crónicas periodísticas o del propio material de los “sindicatos policiales” de la Argentina y el mundo, para ilustrar lo que el Consejo Europeo de Sindicatos de Policía tan claramente expresa en la frase que transcribimos como copete de esta nota. Es más que suficiente para entender que policías, gendarmes, guardiacárceles, no son ni pueden ser nunca considerados compañeros que luchan por reinvindicaciones legítimas de la clase obrera, ni son transferibles en tiempo y espacio las experiencias históricas en circunstancias diferentes.
Equivocar tan rotundamente la caracterización de los integrantes del aparato represivo del estado, siempre un enemigo, representa también un grave problema. La policía o la gendarmería ya no precisarán infiltrar ámbitos sindicales, ni preocuparse por hacer tareas de inteligencia. Tendrán toda la información necesaria a través de quienes los reconozcan como “trabajadores”, o dialoguen con ellos, y podrán actuar con anticipación. Las posiciones favorables a la “sindicalización” policial, entonces, además de ser aberraciones teóricas comprobadas en la realidad, son profundamente perniciosas para el movimiento obrero en su conjunto, y como tales debemos denunciarlas y combatirlas.