Los empresarios, con el apoyo del gobierno, protegen su ganancia a costa de los trabajadores. Con las medidas que ya están aplicando, y las que tienen en estudio, crece el desempleo, se profundiza la precarización laboral y aumenta el trabajo en negro.
El Revolucionario Nº45 (Abril de 2009)
Ni la manipulación de las estadísticas oficiales ni el control de lo que publican los medios masivos de información alcanzan para que el gobierno pueda ocultar el crecimiento de la precarización laboral en Argentina. Es que, a veces, la propia burguesía revela la forma en que se profundiza la explotación. Por ejemplo, la Encuesta de Clima de Negocios del primer trimestre de 2009, relevada por SEL Consultores en 156 empresas líderes y medianas que ocupan más de 180.000 personas, muestra que un 62% de las consultadas congeló vacantes y suspendió el ingreso de personal. Más de la mitad redujo la cantidad de horas extras, y un 39% no renovó los contratos de personal temporario. Casi un 30% adelantó vacaciones, y un cuarto de las empresas suspendió turnos de trabajo. En diferentes combinaciones, ya se aplican, o se están estudiando, otras medidas como la revisión de las remuneraciones variables (comisiones, etc.); la renegociación de cláusulas de convenios; la reducción o suspensión de beneficios; los despidos eufemísticamente llamados “reducción de la dotación propia con pago de indemnizaciones”, las suspensiones y los planes de “retiro voluntario”.
En la desenfrenada carrera por bajar los costos laborales, aumentó también el trabajo en negro, produciendo más trabajadores con sueldos por debajo de los convenios, sin jubilación futura ni cobertura social actual, sin derecho a agremiarse, y, sobre todo, expuestos a despidos sin indemnización en cualquier momento. Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) de diciembre de 2008 realizada por el INDEC, comprueban que, entre el tercer y cuarto trimestre de 2008, unas 300.000 personas pasaron a engrosar la lista de trabajadores informales, llegando a un 37,8% respecto del total de empleados. No dejó de llamar la atención que, el mismo día, y a partir de los mismos datos, mientras algunos diarios titulaban “Volvió a crecer el trabajo informal, tras cuatro años de reducción”, el cable de la agencia de noticias oficial Telam, en un admirable ejemplo de manipulación de la información, afirmaba: “El trabajo en negro bajó al 37,8%”(1).
El mayor incremento relativo se registró en el conurbano bonaerense, donde, en sólo un trimestre, la cantidad de trabajadores sin beneficios sociales ni previsionales subió tres puntos. Claro que el cuadro es aún peor en el noroeste del país (45,3%), nordeste (44%) y Cuyo (39,9%). En la ciudad de Salta, por ejemplo, y siempre según la EPH, una de cada dos relaciones de trabajo es en negro. Similares guarismos hay en Santiago del Estero, Corrientes, Jujuy o Resistencia, con porcentajes que superan en un 20% la media nacional(2).
Los datos del gobierno fueron cuestionados por varias consultoras insospechadas de la menor preocupación por el bienestar de los trabajadores. El director ejecutivo de SEL Consultores, Ernesto Kritz, y Jorge Colina, investigador jefe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), coincidieron en señalar la “inconsistencia de algunos indicadores”, como la afirmación del organismo estatal de que, en el mismo período, la creación de empleo “se multiplicó por 25 en el país”. “No encuentro explicación al milagro este”, dijo Kritz, “porque los sectores líderes en la creación de empleo, como construcción e industria, muestran que hubo caída en el empleo. Es muy sorprendente”. Aunque el INDEC afirma que la tasa de desocupación es del 7,3%, para Kritz “debe estar en realidad entre uno y dos puntos más arriba”.
Respecto del trabajo en negro, también coinciden ambos en que no hay una relación inmediata con la crisis internacional, sino que, como explicó Colina, “Hay fundamentalmente factores locales (...) aunque haya coincidido con el estallido de la crisis global”. Esos factores, según Kritz, derivan de “los cambios que se están produciendo en el mercado de trabajo”, lo que “es una señal de alarma porque en 2009 la gente que pierda su trabajo se va a volver a reinsertar en la informalidad, ya sea en el empleo en negro o en el cuentapropismo, por lo que es altamente probable que esta tasa siga creciendo”. Nos dirán entonces que “bajó la desocupación”, porque los desempleados que subsistan con changas en negro contarán como ocupados.
Mientras 4,5 millones de personas, como mínimo, trabajan en negro, las mismas consultoras, a las que se suman Ecolatina, Prefinex y el Instituto de Estudios y Formación de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), duplican el cálculo oficial sobre pobreza e indigencia(3). El desfasaje se explica, por ejemplo, con la fuerte subestimación del INDEC del costo de la Canasta Básica de Alimentos. En el segundo semestre de 2008, esas consultoras valuaron los precios de mercado en un 41% más que el organismo oficial.
Con la desocupación y precarización laboral en aumento, los trabajadores siguen perdiendo derechos elementales, como la estabilidad, el derecho de agremiación y huelga, vacaciones, aguinaldo, y cobertura social y previsional. Así, a través de una mayor explotación, los empresarios, apoyados por el gobierno, garantizan la intangibilidad y crecimiento de sus ganancias.
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NOTAS:
1) Ver diarios Clarín y La Nación del 18/03/09, y cable de Telam del 17/03/09, reproducido por Infobae en la edición del día siguiente.
2) Como decíamos en la nota “Crece el trabajo en negro”, en ER Nº..., “A esos números hay que agregar el importante segmento, que crece día a día, de trabajadores que aparecen en las estadísticas como monotributistas que facturan sus servicios, ocultando bajo una máscara perfectamente ´legal´ una situación de híper explotación y mayúscula indefensión”.
3) Lo ubican en un 32% y 10% respectivamente.
Ni la manipulación de las estadísticas oficiales ni el control de lo que publican los medios masivos de información alcanzan para que el gobierno pueda ocultar el crecimiento de la precarización laboral en Argentina. Es que, a veces, la propia burguesía revela la forma en que se profundiza la explotación. Por ejemplo, la Encuesta de Clima de Negocios del primer trimestre de 2009, relevada por SEL Consultores en 156 empresas líderes y medianas que ocupan más de 180.000 personas, muestra que un 62% de las consultadas congeló vacantes y suspendió el ingreso de personal. Más de la mitad redujo la cantidad de horas extras, y un 39% no renovó los contratos de personal temporario. Casi un 30% adelantó vacaciones, y un cuarto de las empresas suspendió turnos de trabajo. En diferentes combinaciones, ya se aplican, o se están estudiando, otras medidas como la revisión de las remuneraciones variables (comisiones, etc.); la renegociación de cláusulas de convenios; la reducción o suspensión de beneficios; los despidos eufemísticamente llamados “reducción de la dotación propia con pago de indemnizaciones”, las suspensiones y los planes de “retiro voluntario”.
En la desenfrenada carrera por bajar los costos laborales, aumentó también el trabajo en negro, produciendo más trabajadores con sueldos por debajo de los convenios, sin jubilación futura ni cobertura social actual, sin derecho a agremiarse, y, sobre todo, expuestos a despidos sin indemnización en cualquier momento. Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) de diciembre de 2008 realizada por el INDEC, comprueban que, entre el tercer y cuarto trimestre de 2008, unas 300.000 personas pasaron a engrosar la lista de trabajadores informales, llegando a un 37,8% respecto del total de empleados. No dejó de llamar la atención que, el mismo día, y a partir de los mismos datos, mientras algunos diarios titulaban “Volvió a crecer el trabajo informal, tras cuatro años de reducción”, el cable de la agencia de noticias oficial Telam, en un admirable ejemplo de manipulación de la información, afirmaba: “El trabajo en negro bajó al 37,8%”(1).
El mayor incremento relativo se registró en el conurbano bonaerense, donde, en sólo un trimestre, la cantidad de trabajadores sin beneficios sociales ni previsionales subió tres puntos. Claro que el cuadro es aún peor en el noroeste del país (45,3%), nordeste (44%) y Cuyo (39,9%). En la ciudad de Salta, por ejemplo, y siempre según la EPH, una de cada dos relaciones de trabajo es en negro. Similares guarismos hay en Santiago del Estero, Corrientes, Jujuy o Resistencia, con porcentajes que superan en un 20% la media nacional(2).
Los datos del gobierno fueron cuestionados por varias consultoras insospechadas de la menor preocupación por el bienestar de los trabajadores. El director ejecutivo de SEL Consultores, Ernesto Kritz, y Jorge Colina, investigador jefe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), coincidieron en señalar la “inconsistencia de algunos indicadores”, como la afirmación del organismo estatal de que, en el mismo período, la creación de empleo “se multiplicó por 25 en el país”. “No encuentro explicación al milagro este”, dijo Kritz, “porque los sectores líderes en la creación de empleo, como construcción e industria, muestran que hubo caída en el empleo. Es muy sorprendente”. Aunque el INDEC afirma que la tasa de desocupación es del 7,3%, para Kritz “debe estar en realidad entre uno y dos puntos más arriba”.
Respecto del trabajo en negro, también coinciden ambos en que no hay una relación inmediata con la crisis internacional, sino que, como explicó Colina, “Hay fundamentalmente factores locales (...) aunque haya coincidido con el estallido de la crisis global”. Esos factores, según Kritz, derivan de “los cambios que se están produciendo en el mercado de trabajo”, lo que “es una señal de alarma porque en 2009 la gente que pierda su trabajo se va a volver a reinsertar en la informalidad, ya sea en el empleo en negro o en el cuentapropismo, por lo que es altamente probable que esta tasa siga creciendo”. Nos dirán entonces que “bajó la desocupación”, porque los desempleados que subsistan con changas en negro contarán como ocupados.
Mientras 4,5 millones de personas, como mínimo, trabajan en negro, las mismas consultoras, a las que se suman Ecolatina, Prefinex y el Instituto de Estudios y Formación de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), duplican el cálculo oficial sobre pobreza e indigencia(3). El desfasaje se explica, por ejemplo, con la fuerte subestimación del INDEC del costo de la Canasta Básica de Alimentos. En el segundo semestre de 2008, esas consultoras valuaron los precios de mercado en un 41% más que el organismo oficial.
Con la desocupación y precarización laboral en aumento, los trabajadores siguen perdiendo derechos elementales, como la estabilidad, el derecho de agremiación y huelga, vacaciones, aguinaldo, y cobertura social y previsional. Así, a través de una mayor explotación, los empresarios, apoyados por el gobierno, garantizan la intangibilidad y crecimiento de sus ganancias.
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NOTAS:
1) Ver diarios Clarín y La Nación del 18/03/09, y cable de Telam del 17/03/09, reproducido por Infobae en la edición del día siguiente.
2) Como decíamos en la nota “Crece el trabajo en negro”, en ER Nº..., “A esos números hay que agregar el importante segmento, que crece día a día, de trabajadores que aparecen en las estadísticas como monotributistas que facturan sus servicios, ocultando bajo una máscara perfectamente ´legal´ una situación de híper explotación y mayúscula indefensión”.
3) Lo ubican en un 32% y 10% respectivamente.