El Revolucionario Nº33 (Marzo de 2008)
El partido radical, que cuando fue gobierno protagonizó las mayores masacres populares en tiempos no dictatoriales, como la Semana Trágica en 1919, el fusilamiento de obreros en las huelgas patagónicas en 1921, la masacre del Puente de Corrientes en diciembre de 1999 y la represión a la rebelión popular de diciembre de 2001, es hoy un patético rejunte cuya principal discusión sigue siendo, como en el curso de los últimos años, decidir a qué sector peronista se sumarán.
Los “radicales K” apostaron a la concertación plural, convencidos de que poner el vicepresidente de Cristina Fernández y dos o tres gobernadores o un puñado de intendentes les devolvería un lugar de poder. Hoy enfrentan la cruda realidad de que no se los cuenta ni para poner los cubiertos en la mesa.
El sector “oficial”, dirigido todavía por Alfonsín, armó otra concertación, por Una Nación Avanzada, con el peronista Lavagna. Ahora andan desconcertados porque el peronista Lavagna dijo que es peronista, y anunció que se suma al partido peronista... Sólo el viejo Alfonsín reaccionó, alertando contra el “antiperonismo rabioso que dividió la nación”, cosa de acomodarse a la nueva realidad.
Mientras Carrió y Macri están esperando, a ver si en el desbande atajan algún puntero que les aporte un comité y su pila de fichas, el peronismo, demostrando que se los tragó, les ordena la interna. Kirchner mandó al eterno operador en las sombras Enrique “Coti” Nosiglia, factotum del pacto de Olivos, amigo entrañable de José Luis Manzano y Luis Barrionuevo, a dirigir la movida para que el vicepresidente Cobos recupere la conducción partidaria de lo que ya es, en los hechos, una fracción secundaria del partido justicialista.
El partido radical, que cuando fue gobierno protagonizó las mayores masacres populares en tiempos no dictatoriales, como la Semana Trágica en 1919, el fusilamiento de obreros en las huelgas patagónicas en 1921, la masacre del Puente de Corrientes en diciembre de 1999 y la represión a la rebelión popular de diciembre de 2001, es hoy un patético rejunte cuya principal discusión sigue siendo, como en el curso de los últimos años, decidir a qué sector peronista se sumarán.
Los “radicales K” apostaron a la concertación plural, convencidos de que poner el vicepresidente de Cristina Fernández y dos o tres gobernadores o un puñado de intendentes les devolvería un lugar de poder. Hoy enfrentan la cruda realidad de que no se los cuenta ni para poner los cubiertos en la mesa.
El sector “oficial”, dirigido todavía por Alfonsín, armó otra concertación, por Una Nación Avanzada, con el peronista Lavagna. Ahora andan desconcertados porque el peronista Lavagna dijo que es peronista, y anunció que se suma al partido peronista... Sólo el viejo Alfonsín reaccionó, alertando contra el “antiperonismo rabioso que dividió la nación”, cosa de acomodarse a la nueva realidad.
Mientras Carrió y Macri están esperando, a ver si en el desbande atajan algún puntero que les aporte un comité y su pila de fichas, el peronismo, demostrando que se los tragó, les ordena la interna. Kirchner mandó al eterno operador en las sombras Enrique “Coti” Nosiglia, factotum del pacto de Olivos, amigo entrañable de José Luis Manzano y Luis Barrionuevo, a dirigir la movida para que el vicepresidente Cobos recupere la conducción partidaria de lo que ya es, en los hechos, una fracción secundaria del partido justicialista.