El Revolucionario Nº44 (Marzo de 2009)
Que el mundo está en crisis no hay duda. Y que eso tiene implicancias directas en nuestro país ya no hay quien lo niegue. La brusca caída de las exportaciones y las importaciones, la restricción del crédito, la caída en el conjunto de la actividad económica y en la recaudación fiscal son datos inocultables. Pero como lo ejemplifica muy bien el caso argentino, la crisis no significa una misma cosa para empresarios y trabajadores.
Para los más importantes capitalistas que operan en nuestro país, la reversión de la economía global y la consecuente baja en los volúmenes del comercio y los precios de las mercancías, no significa un “derrumbe”, ni siquiera “pérdidas” económicas para los grandes empresarios; más bien dan lugar a que sigan su ciclo de ganancias… aunque a un ritmo más lento de lo que pudo suceder en otro contexto.
Los últimos balances presentados en la bolsa de comercio por algunas de las empresas más importantes que operan en el país son un claro ejemplo de esa realidad. Grupos internacionales como Telefónica o Repsol (principal accionista de YPF) han ganado millonarias sumas en el mundo durante 2008: casi 14.000 millones de euros la primera y más de 2.700 millones la segunda. Y ambas han confirmado que el aporte argentino a ese engorde ha sido sustancial: Telefónica de Argentina obtuvo el año pasado una ganancia de 766 millones de dólares; YPF aún no presentó su balance pero sí aclaró que el argentino ha sido un aporte fundamental para sus ganancias.
Aun con el freno o caída del último trimestre de 2008, los saldos son positivos para numerosas empresas que superaron ampliamente las ganancias de 2007, como SanCor, que ganó más de $130 millones el año pasado; la Cementera Minetti. que obtuvo casi $100 millones, o el frigorífico Quickfood que alcanza los casi $50 millones. Uno de los casos más rimbombantes es el del empresario Paolo Rocca de Techint quien, amparado en la situación de crisis, ya suspendió a miles de trabajadores(1) y sólo en el 2008 se ha embolsado más de 3.000 millones de dólares.
La crisis existe y es importante, pero a diferencia de lo que dicen los capitalistas, su gobierno y sus medios de comunicación, no es “el país”, no son “los argentinos” en general los que están cargando con el peso de la contracción económica, sino sólo los trabajadores. A costa de despidos, suspensiones, restricciones salariales, bajos ingresos, trabajo en negro, y demás penurias para la clase obrera, el empresariado sigue llenando sus bolsillos con millones. Es imposible entender las cifras majestuosas que obtienen empresarios como Techint sin ver que esos negocios están garantizados por la pauperización de la clase obrera. Cada nueva familia en la calle, cada trabajador que no puede llegar a fin de mes, son para ellos una nueva cuota de ganancia. Incluso la crisis es para ellos un gran negocio. No, para la clase trabajadora.
La negociación salarial, crónica de una entrega anunciada
Durante todo 2008 y lo que va de 2009 el ingreso de la clase obrera ha bajado en forma constante, al ritmo de la inflación, la suba de tarifas y los recientes recortes salariales y despidos.
Tan evidente es el panorama sombrío de los trabajadores que, ya en diciembre, la cúpula de la CGT, central que lleva la voz cantante en la disputa salarial, buscó aliviar el disgusto de sus representados con la promesa de una insignificante suma fija de $500. La propuesta era una salida de compromiso, ya que no cubría en lo más mínimo el retraso salarial, pero pretendía ensanchar un poquito los bolsillos obreros antes de las fiestas y fin de año, para sacar el enojo y evitar mayores presiones contra los empresarios y el gobierno. Aun así, apenas alzaron la voz los capitalistas y su gobierno, la central moyanista retrocedió, marcando la pauta de lo que seguiría haciendo en el futuro. Con ese repliegue, la burocracia pateó hacia delante cualquier recomposición general y prometió que los aumentos serían discutidos a principio de año en el marco de las paritarias. Desde entonces la discusión se ha centrado en el porcentaje que sería pedido por Moyano y sus muchachos en las negociaciones anuales ordinarias. Una vez más, para congraciarse con la base obrera, y sabiendo que su planteo estaba muy por detrás del retraso salarial existente, la CGT habló a principio de año de “no ponerle techo” a la discusión salarial y de un aumento del 20%, que luego de la negociación con el empresariado (que hablaba de un 10%) se ubicaría en el orden del 15%, una cifra que debía ser ratificada por el gobierno. Se llegó a hablar incluso de que ese acuerdo saldría como un decreto gubernamental. Por ese entonces, en el trío empresarios-gobierno-burocracia, todos hablaban de “responsabilidad” en relación a las cifras pedidas, pero casi nadie insinuaba aún que el plan debía ser un ataque frontal contra los trabajadores, evitando cualquier tipo de aumento porcentual. Sin embargo, apenas unas semanas más tarde, en su reunión del 26/02 la cúpula de la CGT fue aún más lejos y decidió abandonar directamente el derecho adquirido a negociar cada año en paritarias el porcentaje de aumento que le corresponde a los trabajadores.
Al día siguiente los diarios titulaban “La CGT aprobó dejar para mitad de año la reapertura de las paritarias” y explicaban que la cúpula gremial “en forma unánime aceptó postergar las paritarias hasta mitad de año, para que cada gremio negocie sumas fijas o porcentajes acotados de aumentos”.(2)
En la disputa para el reparto de los ingresos entre los empresarios y la clase obrera, la burocracia se mantiene firme en su papel de primera defensora de los intereses… de los capitalistas y el gobierno, y enemiga de los trabajadores.
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NOTAS:
1) Ver “Mas despidos, más entrega”, en este número.
2) Clarín, 27/02/09.
Que el mundo está en crisis no hay duda. Y que eso tiene implicancias directas en nuestro país ya no hay quien lo niegue. La brusca caída de las exportaciones y las importaciones, la restricción del crédito, la caída en el conjunto de la actividad económica y en la recaudación fiscal son datos inocultables. Pero como lo ejemplifica muy bien el caso argentino, la crisis no significa una misma cosa para empresarios y trabajadores.
Para los más importantes capitalistas que operan en nuestro país, la reversión de la economía global y la consecuente baja en los volúmenes del comercio y los precios de las mercancías, no significa un “derrumbe”, ni siquiera “pérdidas” económicas para los grandes empresarios; más bien dan lugar a que sigan su ciclo de ganancias… aunque a un ritmo más lento de lo que pudo suceder en otro contexto.
Los últimos balances presentados en la bolsa de comercio por algunas de las empresas más importantes que operan en el país son un claro ejemplo de esa realidad. Grupos internacionales como Telefónica o Repsol (principal accionista de YPF) han ganado millonarias sumas en el mundo durante 2008: casi 14.000 millones de euros la primera y más de 2.700 millones la segunda. Y ambas han confirmado que el aporte argentino a ese engorde ha sido sustancial: Telefónica de Argentina obtuvo el año pasado una ganancia de 766 millones de dólares; YPF aún no presentó su balance pero sí aclaró que el argentino ha sido un aporte fundamental para sus ganancias.
Aun con el freno o caída del último trimestre de 2008, los saldos son positivos para numerosas empresas que superaron ampliamente las ganancias de 2007, como SanCor, que ganó más de $130 millones el año pasado; la Cementera Minetti. que obtuvo casi $100 millones, o el frigorífico Quickfood que alcanza los casi $50 millones. Uno de los casos más rimbombantes es el del empresario Paolo Rocca de Techint quien, amparado en la situación de crisis, ya suspendió a miles de trabajadores(1) y sólo en el 2008 se ha embolsado más de 3.000 millones de dólares.
La crisis existe y es importante, pero a diferencia de lo que dicen los capitalistas, su gobierno y sus medios de comunicación, no es “el país”, no son “los argentinos” en general los que están cargando con el peso de la contracción económica, sino sólo los trabajadores. A costa de despidos, suspensiones, restricciones salariales, bajos ingresos, trabajo en negro, y demás penurias para la clase obrera, el empresariado sigue llenando sus bolsillos con millones. Es imposible entender las cifras majestuosas que obtienen empresarios como Techint sin ver que esos negocios están garantizados por la pauperización de la clase obrera. Cada nueva familia en la calle, cada trabajador que no puede llegar a fin de mes, son para ellos una nueva cuota de ganancia. Incluso la crisis es para ellos un gran negocio. No, para la clase trabajadora.
La negociación salarial, crónica de una entrega anunciada
Durante todo 2008 y lo que va de 2009 el ingreso de la clase obrera ha bajado en forma constante, al ritmo de la inflación, la suba de tarifas y los recientes recortes salariales y despidos.
Tan evidente es el panorama sombrío de los trabajadores que, ya en diciembre, la cúpula de la CGT, central que lleva la voz cantante en la disputa salarial, buscó aliviar el disgusto de sus representados con la promesa de una insignificante suma fija de $500. La propuesta era una salida de compromiso, ya que no cubría en lo más mínimo el retraso salarial, pero pretendía ensanchar un poquito los bolsillos obreros antes de las fiestas y fin de año, para sacar el enojo y evitar mayores presiones contra los empresarios y el gobierno. Aun así, apenas alzaron la voz los capitalistas y su gobierno, la central moyanista retrocedió, marcando la pauta de lo que seguiría haciendo en el futuro. Con ese repliegue, la burocracia pateó hacia delante cualquier recomposición general y prometió que los aumentos serían discutidos a principio de año en el marco de las paritarias. Desde entonces la discusión se ha centrado en el porcentaje que sería pedido por Moyano y sus muchachos en las negociaciones anuales ordinarias. Una vez más, para congraciarse con la base obrera, y sabiendo que su planteo estaba muy por detrás del retraso salarial existente, la CGT habló a principio de año de “no ponerle techo” a la discusión salarial y de un aumento del 20%, que luego de la negociación con el empresariado (que hablaba de un 10%) se ubicaría en el orden del 15%, una cifra que debía ser ratificada por el gobierno. Se llegó a hablar incluso de que ese acuerdo saldría como un decreto gubernamental. Por ese entonces, en el trío empresarios-gobierno-burocracia, todos hablaban de “responsabilidad” en relación a las cifras pedidas, pero casi nadie insinuaba aún que el plan debía ser un ataque frontal contra los trabajadores, evitando cualquier tipo de aumento porcentual. Sin embargo, apenas unas semanas más tarde, en su reunión del 26/02 la cúpula de la CGT fue aún más lejos y decidió abandonar directamente el derecho adquirido a negociar cada año en paritarias el porcentaje de aumento que le corresponde a los trabajadores.
Al día siguiente los diarios titulaban “La CGT aprobó dejar para mitad de año la reapertura de las paritarias” y explicaban que la cúpula gremial “en forma unánime aceptó postergar las paritarias hasta mitad de año, para que cada gremio negocie sumas fijas o porcentajes acotados de aumentos”.(2)
En la disputa para el reparto de los ingresos entre los empresarios y la clase obrera, la burocracia se mantiene firme en su papel de primera defensora de los intereses… de los capitalistas y el gobierno, y enemiga de los trabajadores.
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NOTAS:
1) Ver “Mas despidos, más entrega”, en este número.
2) Clarín, 27/02/09.