PABLO MICHELI

El Revolucionario Nº42 (Diciembre de 2008)
Pablo Micheli es secretario adjunto de la CTA y titular nacional de ATE desde 2003, uno de los gremios pilares de la misma. Hoy juega el papel de contestatario y crítico del gobierno, y hasta de “zurdo”, dentro de esa central oficialista y policlasista, que estrecha “alianzas estratégicas” con las patronales más negreras: las de las PyMES y Federación Agraria.
Micheli, como De Genaro y Lozano, fue uno más de aquellos que pusieron esperanzas en el proyecto “nacional y popular” de Néstor Kirchner, allá cuando hablaba de “transversalidad”, de “nueva política”, etc., todas frases huecas con las que sedujo a varias organizaciones “populares”. Hoy, ya despechado y desanimado, lanza su artillería verbal contra toda iniciativa kirchnerista. Hace poco, cuando el anuncio del pago al Club de París, calificó la medida como “un paso más del giro del gobierno hacia la derecha”, lo que delata sin más que el rentista creía de “izquierda” o “progresista” a este gobierno de derecha y gran pagador de deuda desde la primera hora.
El ataque contra la oposición en su gremio que enfrenta la política salarial negrera y flexibilizadora, con cantidad de personal contratado y fuera de planta, de la que Micheli es responsable, es elocuente. Cuando la lucha de los trabajadores del Garrahan, previa directiva del ministro Tomada, intervino en el hospital como portavoz del gobierno: “Esto está mal, tenemos una diferencia muy profunda con los delegados dentro del hospital. Era tiempo de conversar y discutir la posibilidad de levantar las medidas.”. Por otro lado, probó en varias ocasiones, hasta que lo logró, dividir la seccional “Gran Bs. As. Sur” en manos de la oposición, para quebrantar su fuerza, pero su lista no se impuso. Con igual fin, en la elección de delegados para la junta interna del ministerio de salud, infló los padrones incorporando dependencias por fuera de la sede central, convocatoria fraudulenta que no prosperó.
Micheli, quien difunde entre los estatales su política burocrática con el Ford Focus que le asigna ATE, o sea, que les hace pagar a sus afiliados, supo ganarse un lugar dentro de la burocracia sindical argentina.