(Ernesto Che Guevara)
El Revolucionario Nº29 (Octubre de 2007)
La opresión del gran gendarme es insoportable. Una y otra vez las tropas imperiales arremeten contra este o aquel pueblo. Y allí donde la ley marcial de los invasores ha marcado a fuego la vida cotidiana y la conciencia, prácticamente toda la población asume la lucha de resistencia, alzando su dignidad y llevando esa lucha hasta la muerte o hasta la victoria.
A mediados de septiembre una nueva incursión de los soldados israelíes (estimulados y financiados por los EEUU) arrasó lo que quedaba del desolado territorio de Gaza, descompuesto ya de tanta bomba y topadora imperialista. Cada tanque, cada bulldozer (esas topadoras llevadas especialmente para derribar las casas palestinas) cuesta más que lo que cualquiera de estos palestinos pobres gastará en toda su vida.
Años de repetida violencia, de bombardeos, violaciones, torturas, saqueos, años de explotación, miseria y hambre, han templado el odio de un pueblo contra su opresor. Hombres, mujeres, viejos y niños resisten y se levantan contra el ejército israelí, recibiendo cada nueva incursión imperial con una lucha que incluye tanto el combate armado como la resistencia popular sostenida a pedradas hasta por los más pequeños.
La escena palestina del 20 de septiembre es imborrable: entra una vez más el ejército y la lluvia de piedras es tal que es imposible individualizar entre los que resisten activamente y la masa del pueblo; el soldado israelí, fiel a su podrida ideología imperialista, defensor hasta la médula de su “Israel-potencia-capitalista”, no vacila, avanza con su topadora sobre la multitud, encuentra en su camino a un niño de 12 años y arremete contra él, la aplanadora lo embiste y tritura como una compactadora de basura, todo el desprecio de la máquina de guerra israelí-norteamericana aplasta hasta reventar el pequeño cuerpo de ese niño insurgente… es la forma de sostener y extender su dominio imperialista, es el recurso de la burguesía para mantener a como dé lugar el sistema capitalista, es a lo que en su próxima conferencia, burlando la sangre de los caídos, le llamarán “esfuerzos para ampliar la democracia”.
Hace algo más de 40 años la figura más grande de la revolución latinoamericana, el Che Guevara, en su “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental” advertía justamente sobre el carácter ficticio de la paz y el progreso pregonados por los voceros del capitalismo. Las guerras que se extendían entonces principalmente en Asia, África y América Latina, con centro en la revolución vietnamita que acabaría luego con la derrota yanqui, no hacían más que corroborar la descripción de Lenin sobre el carácter guerrerista y devastador del imperialismo, decidido a mantener el control del mundo y, como decía el Che, ostentando un “pretendido derecho a intervenir en cada lugar del globo en que sus monopolios olfateen buenas ganancias o la existencia de grandes reservas de materias primas”.(1)
En su esencia, no son distintas aquellas guerras a las actuales invasiones que EEUU junto a sus aliados de la ONU, la OTAN, o la OEA llevan adelante en Irak, Afganistán, o Haití. “Esa política (advertía el Che) cuenta con una impunidad casi absoluta; la OEA es una máscara cómoda, por desprestigiada que esté; la ONU es de una ineficiencia rayana en el ridículo o en lo trágico, los ejércitos de todos los países de América están listos a intervenir para aplastar a sus pueblos. Se ha formado, de hecho, la internacional del crimen y la traición”.
Sólo en Irak y Afganistán los EEUU, la máquina consumista más grande del mundo (devoradora de petróleo y demás recursos naturales) gasta 56 millones de litros de petróleo diarios (hoy a más de 80 dólares el barril) para abastecer su ejército intervencionista. Y a eso hay que sumar la invasión llevada a cabo por estados satélite como Israel, convertido en un enclave de EEUU en Medio Oriente, culpable de la opresión del pueblo palestino desde hace medio siglo y responsable de la reciente incursión sobre el Líbano.
Todos los recursos de la guerra son blandidos por el imperio para sostener su dominio.
Se encarga de entrenar y financiar a los ejércitos locales al mismo tiempo que hace lo propio con los grupos de mercenarios paramilitares, constituidos a veces en verdaderos ejércitos paralelos digitados directamente por los EEUU. Esta práctica, repetida en nuestro continente ante cada intento revolucionario como en Nicaragua o El Salvador, se ha ampliado y perfeccionado ahora, con los ejércitos paraestatales colombianos que buscan a toda costa la derrota de la insurgencia en ese país, y que son financiados directamente por EEUU a través de sus empresas (como la multinacional bananera “Chiquita”) o indirectamente con partidas gubernamentales (gracias al Plan Colombia) y con dinero del narcotráfico.
Pero cuando no son suficientes las tropas locales, no se escatiman gastos tampoco para la invasión. “Poco a poco, (decía el Che) las armas obsoletas que bastan para la represión de pequeñas bandas armadas, irán convirtiéndose en armas modernas y los grupos de asesores en combatientes norteamericanos, hasta que, en un momento dado, se vean obligados a enviar cantidades crecientes de tropas regulares para asegurar la relativa estabilidad de un poder cuyo ejército nacional títere se desintegra ante los combates de las guerrilla”.
No se escatimaban tropas entonces en Vietnam y no se ahorran ahora tampoco en Medio Oriente. Y a los miles de marines oficiales, el imperialismo ha sumado también sus grupos de mercenarios internacionales, que suman en Irak más de 50.000 sicarios profesionales, financiados directamente por el empresariado yanqui, y que han sido los responsables de varias de las más famosas masacres de los últimos tiempos.
Es la única forma de mantener un sistema en todo el mundo que tiene a la enorme mayoría viviendo en la miseria, para que sólo algunos pocos se enriquezcan, para que sólo un puñado de capitalistas conozca los beneficios de su pregonado “desarrollo”, y que sólo en contados países, como los EEUU, se consuma escandalosamente, derrochando bienes preciados, mientras en medio planeta no alcanza siquiera el agua para saciar la sed.
Realmente hace falta mucho saqueo para que una ONG enamorada del capitalismo “con rostro humano” como Amnistía Internacional deba salir a denunciar (basándose en las rebajadas cifras gubernamentales) que sólo en la última década se ha cuadruplicado la brecha entre ricos y pobres, agravando en forma gigantesca las condiciones miserables de vida de nuestros pueblos.
Todo su poderío se constituye en base al saqueo de los pueblos oprimidos por parte del imperialismo y la explotación de sus trabajadores. Cuando el sometimiento de los gobiernos cipayos lo permite, ese desangre se da en forma relativamente pacífica, por medio del pago de la deuda externa, la exportación de capitales, el aprovechamiento de la fuerza de trabajo a precios irrisorios… pero cuando las aspiraciones imperiales imponen arrasar directamente con todo, como sucede con el petróleo iraquí, o cuando los pueblos oprimidos se levantan contra tanto cinismo, la intervención armada del imperio aparece una y otra vez.
Por eso, decía el Che, “La participación que nos toca a nosotros, los explotados y atrasados del mundo, es la de eliminar las bases de sustentación del imperialismo: nuestros pueblos oprimidos, de donde extraen capitales, materias primas, técnicos y obreros baratos y a donde exportan nuevos capitales (instrumentos de dominación), armas y toda clase de artículos, sumiéndonos en una dependencia absoluta. El elemento fundamental de esa finalidad estratégica será, entonces, la liberación real de los pueblos; liberación que se producirá, a través de lucha armada, en la mayoría de los casos, y que tendrá, en América, casi indefectiblemente, la propiedad de convertirse en una revolución socialista”… “no podemos hacernos ninguna ilusión, ni tenemos derecho a ello de lograr la libertad sin combatir. Y los combates no serán meras luchas callejeras de piedras contra gases lacrimógenos, ni de huelgas generales pacíficas; ni será la lucha de un pueblo enfurecido que destruya en dos o tres días el andamiaje represivo de las oligarquías gobernantes; será una lucha larga, cruenta…”
Hoy mismo el imperio intenta escarmentar a los insurrectos. Crea aquí y allá cárceles para la tortura y la muerte de los luchadores a los que eufemísticamente llama “terroristas”. En campos de concentración “legales” como Guantánamo, o Abu Graib o en las cárceles clandestinas que por decenas se esparcen por Europa, EEUU busca doblegar a los combatientes antiimperialistas.
Convertida en la meca que resguarda a sicarios y gusanos, Norteamérica se adjudica el derecho de detener y juzgar (léase torturar y condenar a cadena perpetua) a los más destacados hombres de la resistencia, manteniendo presos en su propio país a los cinco revolucionarios cubanos y a tres importantes guerrilleros colombianos de las FARC: Sonia, Simón Trinidad, y ahora Herminio (“Mincho”) Cabrera Cuevas, entregado por el gobierno proyanqui de Uribe a los EEUU, mientras le miente al mundo diciendo que está dispuesto a un canje humanitario con la insurgencia.
Con mano de hierro el imperialismo intenta aplastar la resistencia inevitable de los pueblos oprimidos que por las más diversas latitudes se levantan con toda dignidad para llevar la lucha hasta sus últimas consecuencias. Pero esta lucha intransigente pone en tela de juicio la estabilidad del gran gendarme mundial.
Los duros golpes sufridos en sus incursiones guerreristas, incluyendo las significativas bajas en Irak y Afganistán (que han provocado el reclamo de retorno de los soldados hasta en EEUU) y el reanimamiento de luchas sociales y políticas a lo largo del planeta, muestra cómo la resistencia organizada de los pueblos es capaz de poner límites al avance imperial y abrir el camino para una verdadera lucha de emancipación.
“En definitiva, (decía el Che) hay que tener en cuenta, que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo”
La organización de la lucha por la liberación de los pueblos oprimidos por el imperialismo, por la emancipación de los pobres del mundo, es la lucha por la definitiva derrota del imperialismo y de su sistema social, el capitalismo. Por eso el Che nos marcó en sus escritos, pero sobre todo con su ejemplo como combatiente de primera línea en la revolución latinoamericana, cual es el camino que debemos seguir para enfrentar al imperialismo y luchar por la redención definitiva de la humanidad:“No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución”.
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NOTAS
1) Todas las citas han sido tomadas del “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental” escrito en abril de 1967; un texto fundamental del Comandante Ernesto Che Guevara que publicamos íntegramente en edición especial de este mes, con motivo del 40 aniversario de su caída en combate.