El Revolucionario Nº31 (Diciembre de 2007)
Eduardo Alfredo Fellner fue fiel a Menem y Duhalde, pero sobre todo, fiel a Kirchner. Gobernador de Jujuy desde 1998, fue el primero en apoyar públicamente la candidatura presidencial del santacruceño en 2003. Aunque fue impulsado entonces por Kirchner, se frustró su designación como ministro del interior, y el jujeño tuvo que esperar varios años para cosechar su premio. Mientras tanto, manejó su provincia con mano de hierro, reprimiendo todo tipo de manifestación popular.
El 10 de octubre de 2003 hubo una masiva manifestación frente a la comisaría de Libertador General San Martín, donde días antes había sido asesinado en la tortura el joven Cristian Ibáñez. Fellner mandó al Cuerpo Especial de Operaciones Policiales (CEOP) a “poner orden” a fuerza de balas y gases. Luis Marcelo Cuéllar, de 19 años, se convirtió en el primer muerto en la represión a una manifestación popular del entonces nuevo gobierno. Ningún funcionario nacional, mucho menos el presidente, calificó de criminal a su aliado, como harían cuatro años después con su circunstancial opositor electoral, el neuquino Sobisch, tras el asesinato de Carlos Fuentealba. En un primer pago a la lealtad, ese muerto, fusilado en una movilización igual que Fuentealba, fue cuidadosamente sepultado en el olvido.
A fines del año pasado, Kirchner puso nuevamente a prueba al jujeño. Después de la derrota electoral del candidato oficial Rovira en Misiones, le exigió a su aliado incondicional que desistiera de ser nuevamente reelecto, y se conformara con una banca en el congreso nacional a partir de diciembre de 2007. Fellner obedeció una vez más, y se ganó que el presidente le dedicara una catarata de elogios, destacando “la actitud cívica (...) del gobernador que dijo primero la patria y después cualquier aspiración personal”.
La lealtad de Fellner ya produjo buenos frutos bajo la forma de aportes del tesoro nacional a la provincia. Sólo en 2006 se adjudicaron a Jujuy $ 181.582.429 para planes sociales, pensiones asistenciales, construcción de complejos habitacionales o programas como “El Hambre Urgente” o el “Riesgo Nutricional”, todos discrecionalmente administrados por el gobernador.
Pero el verdadero premio al fiel ladero norteño llegará a partir de que sea ungido titular de la cámara de diputados, en reemplazo del electo vicegobernador bonaerense Alberto Balestrini, y desplazando al candidato natural, el nuevo diputado Felipe Solá. Fellner será el cuarto hombre en la línea sucesoria de Cristina Kirchner, y el tercero en ejercicio de poder efectivo. Justa retribución para cuatro años de abnegada función al servicio de la explotación.
Eduardo Alfredo Fellner fue fiel a Menem y Duhalde, pero sobre todo, fiel a Kirchner. Gobernador de Jujuy desde 1998, fue el primero en apoyar públicamente la candidatura presidencial del santacruceño en 2003. Aunque fue impulsado entonces por Kirchner, se frustró su designación como ministro del interior, y el jujeño tuvo que esperar varios años para cosechar su premio. Mientras tanto, manejó su provincia con mano de hierro, reprimiendo todo tipo de manifestación popular.
El 10 de octubre de 2003 hubo una masiva manifestación frente a la comisaría de Libertador General San Martín, donde días antes había sido asesinado en la tortura el joven Cristian Ibáñez. Fellner mandó al Cuerpo Especial de Operaciones Policiales (CEOP) a “poner orden” a fuerza de balas y gases. Luis Marcelo Cuéllar, de 19 años, se convirtió en el primer muerto en la represión a una manifestación popular del entonces nuevo gobierno. Ningún funcionario nacional, mucho menos el presidente, calificó de criminal a su aliado, como harían cuatro años después con su circunstancial opositor electoral, el neuquino Sobisch, tras el asesinato de Carlos Fuentealba. En un primer pago a la lealtad, ese muerto, fusilado en una movilización igual que Fuentealba, fue cuidadosamente sepultado en el olvido.
A fines del año pasado, Kirchner puso nuevamente a prueba al jujeño. Después de la derrota electoral del candidato oficial Rovira en Misiones, le exigió a su aliado incondicional que desistiera de ser nuevamente reelecto, y se conformara con una banca en el congreso nacional a partir de diciembre de 2007. Fellner obedeció una vez más, y se ganó que el presidente le dedicara una catarata de elogios, destacando “la actitud cívica (...) del gobernador que dijo primero la patria y después cualquier aspiración personal”.
La lealtad de Fellner ya produjo buenos frutos bajo la forma de aportes del tesoro nacional a la provincia. Sólo en 2006 se adjudicaron a Jujuy $ 181.582.429 para planes sociales, pensiones asistenciales, construcción de complejos habitacionales o programas como “El Hambre Urgente” o el “Riesgo Nutricional”, todos discrecionalmente administrados por el gobernador.
Pero el verdadero premio al fiel ladero norteño llegará a partir de que sea ungido titular de la cámara de diputados, en reemplazo del electo vicegobernador bonaerense Alberto Balestrini, y desplazando al candidato natural, el nuevo diputado Felipe Solá. Fellner será el cuarto hombre en la línea sucesoria de Cristina Kirchner, y el tercero en ejercicio de poder efectivo. Justa retribución para cuatro años de abnegada función al servicio de la explotación.