El Revolucionario Nº46 (Mayo de 2009)
“El dengue vino para quedarse. La batalla está perdida”, sentenció la ministra de salud, Graciela Ocaña, a principios de abril. Sus pares de la provincia de Buenos Aires, Claudio Zin, y de la ciudad, Jorge Lemus, asintieron con expresión grave. La frase sintetiza la política sanitaria del gobierno, que se niega a reconocer la gravedad de la epidemia, e inventa excusas para esquivar su responsabilidad.
El dengue, según la ministra Ocaña, sería una especie de “desgracia natural inevitable”, frente a la cual sólo cabe resignarse y desear que el frío interrumpa el ciclo vital del mosquito. Ni una palabra sobre lo que denuncia la organización Médicos del Mundo, cuyo presidente afirmó en declaraciones radiales que “Desde el 96, 97 tenemos la presencia del vector en el NOA, NEA y la región pampeana. En estos últimos diez años no hicieron casi nada por la situación, en prevenir, promover la salud, controlar el vector, modificar las condiciones de vida estructurales que potencian la distribución de estas enfermedades, que son enfermedades de países pobres”. La misma ONG asegura que la cantidad real de personas enfermas es de casi 100.000 hasta fines de abril, más del triple de las cifras reconocidas oficialmente.
Además de falsear los datos, el esfuerzo de los funcionarios se dirige a negar el alcance de la epidemia, y a responsabilizar por su avance a los inmigrantes de países vecinos, a los medios, al clima o a la oposición. Ocaña atribuyó la propagación del dengue al “cambio climático”, y también “a la deforestación y los basurales a cielo abierto”, emprendimientos empresariales que cuentan con la autorización y apoyo del gobierno. Otro argumento oficial es el de “la cultura y la educación”, como lo dijo la senadora bonaerense Edda Acuña: “Se puede observar cómo se limpian los basurales y las chatarrerías donde se juntan las larvas y al mismo tiempo se ve que la gente no cuida ya que al otro día vuelven a dejar basura en esos ámbitos”. Hasta inventaron las categorías de “casos importados” y “casos autóctonos”, como si no debiera preocuparnos demasiado que se enferme o muera de dengue alguien con la impropia actitud de tener parientes en Bolivia o Paraguay. Así lo dijo el secretario de salud de Lomas de Zamora, Roberto Panno, ante la denuncia de la alarmante propagación de la enfermedad en Ingeniero Budge y Villa Fiorito: “No tenemos ningún caso autóctono de dengue en Lomas de Zamora. (...) No queremos tener falsa información, no ocultamos ningún dato. Todos los casos fueron importados”. Para que quedara bien claro, agregó: “Existen zonas de riesgo, como Cuartel IX y las inmediaciones a la feria La Salada. En esos espacios hay una gran cantidad de comunidades bolivianas, paraguayas y muchas personas que viajan al norte”. En la misma conferencia de prensa, el director ejecutivo del Hospital Gandulfo, Carlos Oviedo, se quejó de las denuncias de la oposición: “Nos preocupa que se utilice este tipo de situaciones para sacar un rédito político”. Finalmente, el titular de la Región Sanitaria VI, Vicente Ierace, cargó contra la difusión pública del tema: “El incremento de casos estudiados tiene relación directa con una mayor exposición de la enfermedad en los medios masivos de comunicación y la alarma instaurada entre los vecinos”.
Casi al mismo tiempo que nacieron dos bebés con dengue congénito, contagiados intrauterinamente en la última semana del embarazo, una llamada de la Rosada a su operador, el senador Miguel Ángel Pichetto, frenó la sesión legislativa en la que se iba a declarar el alerta epidemiológico nacional y la emergencia sanitaria en las zonas más afectadas. Las explicaciones del ex ultramenemista, hoy híperkirchnerista, no pudieron ser más explícitas: “No vamos a plantear situaciones de catástrofe... que pueden complicar a la Argentina, imposibilitándola como destino turístico. No vaya a ser cosa que coloquemos al país en el mapa rojo del mundo del dengue. Es importante cuidar la imagen del país. Estamos jugando con el destino de muchos destinos turísticos argentinos. No nos negamos a volver a analizar el tema, pero no con esta terminología. Tenemos que ser responsables y no suicidarnos. El tema no tiene ni la dimensión ni la envergadura de los titulares de los medios... nos preocupa la vida de la gente, pero también nos preocupa la vida de nuestro país. El alerta epidemiológica nacional impacta sobre los productos, sobre el comercio y sobre el turismo. Los países no hacen acto de autodestrucción y poner hoy en emergencia a todo el país es establecer una cuestión dramática que no se condice con la realidad. No hay una emergencia nacional cuando la ministra está recorriendo el país y funcionan todos los instrumentos de control. No sé si hay necesidad de una ley”. Cuando se la consultó por la fallida sesión, Ocaña se limitó a decir que, como estaba en Catamarca, no conocía los detalles...
Mientras las noticias sobre el dengue desaparecieron de los medios para ser remplazadas por las novedades sobre la muy conveniente fiebre porcina, las provincias con gobiernos menos cercanos al kirchnerismo denuncian que no les llegan los prometidos fondos nacionales, y los datos oficiales muestran una fuerte subejecución del presupuesto del Ministerio de Salud. A pesar de la gravedad de la situación, se ha utilizado en el primer trimestre apenas el 8,1% del ya mísero presupuesto anual, un 42% menos de lo que se tendría que haber gastado entre enero y marzo. Seguramente el gobierno destinará esos dineros públicos a cosas que realmente le importan, como la campaña electoral.
“El dengue vino para quedarse. La batalla está perdida”, sentenció la ministra de salud, Graciela Ocaña, a principios de abril. Sus pares de la provincia de Buenos Aires, Claudio Zin, y de la ciudad, Jorge Lemus, asintieron con expresión grave. La frase sintetiza la política sanitaria del gobierno, que se niega a reconocer la gravedad de la epidemia, e inventa excusas para esquivar su responsabilidad.
El dengue, según la ministra Ocaña, sería una especie de “desgracia natural inevitable”, frente a la cual sólo cabe resignarse y desear que el frío interrumpa el ciclo vital del mosquito. Ni una palabra sobre lo que denuncia la organización Médicos del Mundo, cuyo presidente afirmó en declaraciones radiales que “Desde el 96, 97 tenemos la presencia del vector en el NOA, NEA y la región pampeana. En estos últimos diez años no hicieron casi nada por la situación, en prevenir, promover la salud, controlar el vector, modificar las condiciones de vida estructurales que potencian la distribución de estas enfermedades, que son enfermedades de países pobres”. La misma ONG asegura que la cantidad real de personas enfermas es de casi 100.000 hasta fines de abril, más del triple de las cifras reconocidas oficialmente.
Además de falsear los datos, el esfuerzo de los funcionarios se dirige a negar el alcance de la epidemia, y a responsabilizar por su avance a los inmigrantes de países vecinos, a los medios, al clima o a la oposición. Ocaña atribuyó la propagación del dengue al “cambio climático”, y también “a la deforestación y los basurales a cielo abierto”, emprendimientos empresariales que cuentan con la autorización y apoyo del gobierno. Otro argumento oficial es el de “la cultura y la educación”, como lo dijo la senadora bonaerense Edda Acuña: “Se puede observar cómo se limpian los basurales y las chatarrerías donde se juntan las larvas y al mismo tiempo se ve que la gente no cuida ya que al otro día vuelven a dejar basura en esos ámbitos”. Hasta inventaron las categorías de “casos importados” y “casos autóctonos”, como si no debiera preocuparnos demasiado que se enferme o muera de dengue alguien con la impropia actitud de tener parientes en Bolivia o Paraguay. Así lo dijo el secretario de salud de Lomas de Zamora, Roberto Panno, ante la denuncia de la alarmante propagación de la enfermedad en Ingeniero Budge y Villa Fiorito: “No tenemos ningún caso autóctono de dengue en Lomas de Zamora. (...) No queremos tener falsa información, no ocultamos ningún dato. Todos los casos fueron importados”. Para que quedara bien claro, agregó: “Existen zonas de riesgo, como Cuartel IX y las inmediaciones a la feria La Salada. En esos espacios hay una gran cantidad de comunidades bolivianas, paraguayas y muchas personas que viajan al norte”. En la misma conferencia de prensa, el director ejecutivo del Hospital Gandulfo, Carlos Oviedo, se quejó de las denuncias de la oposición: “Nos preocupa que se utilice este tipo de situaciones para sacar un rédito político”. Finalmente, el titular de la Región Sanitaria VI, Vicente Ierace, cargó contra la difusión pública del tema: “El incremento de casos estudiados tiene relación directa con una mayor exposición de la enfermedad en los medios masivos de comunicación y la alarma instaurada entre los vecinos”.
Casi al mismo tiempo que nacieron dos bebés con dengue congénito, contagiados intrauterinamente en la última semana del embarazo, una llamada de la Rosada a su operador, el senador Miguel Ángel Pichetto, frenó la sesión legislativa en la que se iba a declarar el alerta epidemiológico nacional y la emergencia sanitaria en las zonas más afectadas. Las explicaciones del ex ultramenemista, hoy híperkirchnerista, no pudieron ser más explícitas: “No vamos a plantear situaciones de catástrofe... que pueden complicar a la Argentina, imposibilitándola como destino turístico. No vaya a ser cosa que coloquemos al país en el mapa rojo del mundo del dengue. Es importante cuidar la imagen del país. Estamos jugando con el destino de muchos destinos turísticos argentinos. No nos negamos a volver a analizar el tema, pero no con esta terminología. Tenemos que ser responsables y no suicidarnos. El tema no tiene ni la dimensión ni la envergadura de los titulares de los medios... nos preocupa la vida de la gente, pero también nos preocupa la vida de nuestro país. El alerta epidemiológica nacional impacta sobre los productos, sobre el comercio y sobre el turismo. Los países no hacen acto de autodestrucción y poner hoy en emergencia a todo el país es establecer una cuestión dramática que no se condice con la realidad. No hay una emergencia nacional cuando la ministra está recorriendo el país y funcionan todos los instrumentos de control. No sé si hay necesidad de una ley”. Cuando se la consultó por la fallida sesión, Ocaña se limitó a decir que, como estaba en Catamarca, no conocía los detalles...
Mientras las noticias sobre el dengue desaparecieron de los medios para ser remplazadas por las novedades sobre la muy conveniente fiebre porcina, las provincias con gobiernos menos cercanos al kirchnerismo denuncian que no les llegan los prometidos fondos nacionales, y los datos oficiales muestran una fuerte subejecución del presupuesto del Ministerio de Salud. A pesar de la gravedad de la situación, se ha utilizado en el primer trimestre apenas el 8,1% del ya mísero presupuesto anual, un 42% menos de lo que se tendría que haber gastado entre enero y marzo. Seguramente el gobierno destinará esos dineros públicos a cosas que realmente le importan, como la campaña electoral.