1º DE ENERO: VIVA LA REVOLUCIÓN CUBANA

El Revolucionario Nº9 (Diciembre de 2005)

El Movimiento “26 de julio” tomó el poder en Cuba derrotando por la vía armada a un ejercito regular con casi nada de recursos materiales en los comienzos de la lucha, infringió luego las más ejemplares derrotas en la región a la burguesía y al imperialismo cuantas veces quisieron recomponer “la gusanera” en la Isla, expropió debidamente y ordenó las bases materiales para la construcción del socialismo.
La Revolución Cubana valoró la violencia revolucionaria como única vía de destrucción del estado burgués y como garante de la construcción del socialismo a través de la dictadura del proletariado.
En el exilio en México, luego de cinco años del asalto al Moncada que sirvió para el abastecimiento de pertrechos mínimos para seguir la lucha, se dieron cita los compañeros combatientes y organizaron la vuelta a Cuba para emprender el camino hacia la Revolución. Bajo la dirección de Fidel Castro sólo embarcaron 82 héroes. Este hecho no fue poca cosa, a la luz del recibimiento que los esperaba en la otra costa (no había pasado ni un mes de la insurrección y con el proceso revolucionario en marcha, el Che aludía públicamente a la estrecha relación que tuvo el M26 y su ejército rebelde con la población civil, tanto en México como en La Habana, desde el Granma hasta el desarrollo del Frente Oriental pasando por Alegría de Pío)
La discreción de la Sierra Maestra en manos de tanta energía conspiradora de los revolucionarios, le fue dando al M26 poco a poco un ejército campesino. A su vez, el campesinado, educado en la intemperie de lo ajeno, le arrancó al M26 el primer programa revolucionario: el de la reforma agraria, con expropiación de latifundios y ajusticiamientos incluidos, con alfabetización, con atención de la salud, programas de urbanización y demás mejoras en sus condiciones de vida. En su primera fase, la interrelación dialéctica de obreros-campesinos con ejército revolucionario, había prosperado mucho más lejos de los ocasionales éxitos o fracasos militares. “...No fue invento nuestro, fue conminación de los campesinos...” dijo el Che en referencia de los primeros pasos de la reforma agraria en “Proyecciones sociales del ejército rebelde” en 1959.
Para el mismo tiempo, en Santiago de Cuba, son asesinados Frank País García, máximo jefe de la lucha clandestina urbana, junto a su compañero Raúl Pujol Arancibia. Ellos impulsaron el alzamiento armado de Santiago de Cuba en apoyo al desembarco de los expedicionarios del “Granma”, junto a Celia Sánchez y otros luchadores fueron el soporte logístico para el M26. Frank no había cumplido 23 años de edad, Pujol tenía 35. El primero era maestro, el segundo comerciante. A ambos los unía el ideal revolucionario por el cual dieron el bien más preciado que tiene un ser humano: la vida. La población santiaguera y de toda Cuba, reaccionó de inmediato. Una huelga general se realizó de forma espontánea, la tiranía que reprimía a la población supo de la ira popular. El pueblo santiaguero con conciencia de lo que había perdido se adueñó de la ciudad. Así lo describiría la combatiente y dirigente del Movimiento 26 de Julio, Vilma Espín: “... en los primeros momentos la gente quería llegar hasta el cadáver y hubo forcejeos con los guardias. Es que la reacción popular fue espontánea, muy poderosa y desde ese momento se paralizó la ciudad, la gente se dedicó a ir a donde estaba Frank...”. Sin todavía una dirección revolucionaria, igualmente se produce la primera huelga general de apoyo al M26 y repudio al régimen de Batista. Así se hace cada vez más evidente la necesidad de fortalecer la vinculación con las ciudades y con el proletariado urbano.
El desarrollo en las sierras cobraba cuerpo a una velocidad increíble, evidentemente el acierto en la línea política era su germen; en las ciudades, en cambio, el 9 de abril de 1958 fracasó una nueva huelga general por falta de coordinación, y a raíz de la desvinculación física entre la dirección revolucionaria y las organizaciones de base. Estas circunstancias van madurando en el interior del núcleo más avanzado, las condiciones para exponer un programa político de agitación a los obreros y a las capas populares sumergidas. “...Por eso tuvimos nuestro 9 de Abril, fecha de triste recordación que representa en lo social lo que la Alegría de Pío, nuestra única derrota en el campo bélico, significó en el desarrollo de la lucha armada. De la Alegría de Pío extrajimos la enseñanza revolucionaria necesaria para no perder una sola batalla más; del 9 de Abril hemos aprendido también que la estrategia de la lucha de masas responde a leyes definidas que no se pueden burlar ni torcer...” (“Proyecciones sociales…” Che, 1959).
La estabilización de la guerrilla en la sierra da como resultado la creación de las primeras “industrias caseras” para la fabricación de armamento. Para mayo del 58 se frena una ofensiva de 10 mil soldados, se capturan 600 fusiles, se infringen mil bajas al enemigo, con solo trescientos revolucionarios imponiendo la voluntad del pueblo.
Fidel, el Che y el resto de la dirección, cargan nuevamente con la tarea de agitar en los núcleos urbanos: “...Al trabajo de las masas campesinas, a las que hemos unido sin distinción de banderas en la lucha por la posesión de la tierra, agregamos hoy la exposición de reivindicaciones obreras que unen a la masa proletaria bajo una sola bandera de lucha, el Frente Obrero Nacional Unificado, con una sola meta táctica cercana: la huelga general revolucionaria...”. “...No significa esto el uso de tácticas demagógicas como expresión de habilidad política; no investigamos el sentimiento de las masas como una simple curiosidad científica, respondemos a su llamado, porque nosotros, vanguardia combativa de los obreros y campesinos que derraman su sangre en las sierras y llanos de Cuba, no somos elementos aislados de la masa popular, somos parte misma del pueblo...” (“Lo que aprendimos y lo que enseñamos” Che, 1959). El trabajo era entonces por la unidad de los sindicatos obreros, de las organizaciones partidarias progresistas y demás organizaciones intermedias. Las sierras eran un sólo fusil apuntando hacia el futuro en reclamo de las voluntades necesarias para el alumbramiento.
Finalmente el primero de enero de 1959 entra el ejército rebelde a La Habana, a una ciudad levantada, dispuesta a seguir combatiendo hasta el final para defender esto que con tanto sacrificio por fin habrían conseguido: HACER LA REVOLUCIÓN.
Nuestro mejor homenaje para los luchadores revolucionarios de Cuba y el mundo entero es ser honrados continuadores de la tarea, y tener la deuda del deber cumplido siempre al día, ya que “... No es de revolucionarios sentarse en la puerta de su casa para ver pasar el cadáver de imperialismo...”. “... El deber de todo revolucionario es hacer la revolución...” (Segunda Declaración de La Habana).