La crisis económica en Europa y en EEUU

La crisis mundial, que sigue manifestándose en Europa, está señalando también su importancia en EEUU, donde la magnitud de la deuda y el debate sobre como encarar el ajuste del gasto público está dando lugar a importantes tensiones políticas.



El desarrollo de la crisis en el centro de Europa no ha parado. Durante todo el mes pasado asistimos a las negociaciones de los países más importantes de la región para evaluar un paquete de rescate a Grecia, cuya economía se haya colapsada. En ese marco, las reticencias para el millonario desembolso que finamente se realizó, llegaron a plantear discusiones, incluso, sobre la permanencia o no de la moneda única europea, el euro. Al interior de Grecia, las condiciones impuestas por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional incluyen, como ya dijéramos, “un recorte del gasto público estatal de más de 28.000 millones de euros, lo que implica despidos y recortes sociales, junto a un aumento de la recaudación que pretende sostenerse por medio del aumento de impuestos y por una millonaria privatización que planea alcanzar los 50.000 millones de euros”(1). Esto en un país que ya cuenta con un 15% de desocupación.

Pero el escenario es mucho más amplio. Tiempo antes Irlanda cayó en un pozo similar al griego y hoy se plantea una recuperación por la misma receta fondomonetarista: recibió un préstamo de 85.000 millones de euros a condición de llevar adelante un agudo ajuste con recorte social. Estrategias similares se llevan adelante en otros países en donde tratan de evitar que se profundice su caída, como en Portugal, que ya entró en una aguda crisis, o Hungría, que hace tres años se orientaba en el mismo camino de Grecia. El caso italiano es significativo porque su economía estancada es la tercera de la región, y para sostener el pago de una deuda que asciende al 119% de su PBI ha impulsado un drástico ajuste de 70.000 millones de euros.

En todas estas economías que se estancan o desmoronan se repite el abultado endeudamiento y la salida por la vía del ajuste, y se manifiesta como uno de los fenómenos sociales más graves y evidentes, la enorme extensión de la desocupación. El caso más notorio es el español, donde la crisis ha llevado a una desocupación que supera el 20% de la población económicamente activa (casi cinco millones de personas).

Como lo expresan las movilizaciones en distintos países europeos y con distintas modalidades, desde Gran Bretaña hasta España, y con el ejemplo central de las huelgas generales y los combates callejeros en Grecia, la crisis económica abre el campo para una gran agitación social. Y en este marco, también, de crisis económica y movilizaciones, más de un gobierno se encuentra empantanado, como sucede en cierta medida con el italiano Berlusconi, y mucho más abiertamente con el gobierno del PSOE en España, donde Rodríguez Zapatero se vio obligado a convocar a elecciones adelantadas.

El mismo combo de enorme endeudamiento y gran tasa de desocupación está marcando también en EEUU, el peso de la crisis y las consecuencias políticas del caso. La magnitud del endeudamiento norteamericano ha llevado (una vez más) a que los préstamos para pagar vencimientos de deuda no alcancen para saldar esos vencimientos, lo que hizo que el gobierno promueva la ampliación del límite legal de la suma que el país puede pedir en préstamos. La discusión entre demócratas y republicanos sobre las vías del ajuste (que ambos defienden) ha llevado a una importante tensión política por la desaprobación de los proyectos presentados.

En este marco se multiplicaron las versiones sobre un posible default (cesación de pagos) y una consecuente recesión norteamericana, e incluso, “el FMI advirtió que peligra el dólar como moneda de reserva mundial”(2). Aunque es improbable que el próximo 2 de agosto, último día para la resolución de esta situación, el gobierno de EEUU no haya resulto una estrategia para evitar el default (imponiendo el proyecto demócrata por decreto, por ejemplo), lo cierto es que mientras tanto se difundió que el Departamento del Tesoro prepara una lista de aquellos a quienes pagará en la eventualidad de que EEUU entre en cesación de pagos y la Reserva Federal elabora una guía de instituciones financieras sobre cómo operar en ese caso. El ajuste seguro que se perfila, promete agravar una situación delicada, en donde hay más de 14 millones de desocupados (algo más del 9%), que golpeará a los sectores más desprotegidos, por ejemplo, en el caso del ya limitado sistema de salud. Pero además, en la salida al posible default y las formas de aplicación del ajuste, el presidente Barack Obama se juega en gran medida sus posibilidades para una reelección el año próximo, algo que está muy presente en la actual disputa política entre demócratas y republicanos en el congreso norteamericano.

Que los países más desarrollados en el mundo, como EEUU y Europa, estén amenazados por una crisis que nadie sabe hasta donde puede llegar, no es fruto de la casualidad, sino de la misma dinámica del capitalismo y su despiadada lógica de acumulación sin otro norte que la expansión de la ganancia. Una producción sin ningún tipo de planificación, sin límites y muchas veces sin necesidad, basada en la pura expectativa de lucro privado de cada capitalista, es la base sobre la cual se desarrolla también la especulación financiera que acaba en impactantes corridas bancarias con su derrumbe. La salida que impulsan los capitalistas y sus gobiernos ante su propio producto, las crisis, consiste en avanzar sobre las conquistas obreras y populares, profundizando las tendencias de ajuste económico, ampliando el desempleo, reduciendo los salarios, achicando las áreas estatales de salud y educación y privatizando los bienes públicos.

A pesar de que el discurso kirchnerista oficial, señala la supuesta fortaleza latinoamericana frente a la crisis que hoy está centrada en Europa, la realidad es que se trata de una realidad coyuntural, beneficiada por el circunstancial alto precio de los bienes que exporta nuestra región, que son principalmente bienes primarios, debido al atraso relativo de nuestras economías. Aunque el kirchnersimo y buena parte de los gobiernos de la región propagandizan la posibilidad de un supuesto capitalismo “distinto”, “humanizado”, “andino”, “del siglo XXI” o como quieran llamarle, lo cierto es que la dinámica de la explotación y la competencia es tan salvaje e imprevisible como la de sus hermanos mayores, y con ello las posibilidades de ser golpeados por nuevas crisis. Hoy mismo, algunos de los principales socios comerciales del país como China y Brasil están mirando con preocupación la situación puesto que parte de sus reservas las tienen en bonos del tesoro norteamericano.

Por supuesto, eso no quiere decir, como plantean algunos dirigentes de izquierda, que la crisis se está imponiendo en la Argentina, corroyendo gravemente a instituciones y gobiernos; y mucho menos que eso abra situaciones revolucionarias. Pero que nuestro país no esté hoy en el centro de la crisis (como si lo ha estado en 2001 y 2002, dónde se aplicó un brutal ajuste sobre el pueblo trabajador conducido por Duhalde y, posteriormente, Kirchner o dos años atrás cuando se avanzó con despidos y suspensiones generalizadas con la crisis como escusa) es, como decíamos, por factores puramente coyunturales, ya que la propia lógica de su “modelo de país” capitalista y dependiente es la que lleva a ese destino.

Y si ahora, con un crecimiento del que hablan maravillas, dejan sólo migajas para los trabajadores mientras se embolsan millones los empresarios y sus representantes, es claro que en situaciones de crisis, como ya lo hemos vivido, descargan los costos de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores.

Por eso es que no hay otra alternativa para la clase trabajadora que desarrollar la organización y la lucha hasta acabar con este sistema de injusticias, cuya lógica siempre lleva al beneficio de la burguesía y la penuria del pueblo trabajador.




NOTAS:

1) “Ajuste y resistencia en Grecia”, ER N°70, julio de 2011

2) Clarín, 29/07/11