16 de abril de 1961: 50 años de la declaración del socialismo en Cuba
A sólo dos años de la toma del poder en 1959, avanzando con la expropiación y la reorganización social, Cuba definió la orientación socialista de su revolución.
En abril de 1961 un ejército de contrarrevolucionarios respaldado política, económica y militarmente por EEUU desembarcó en Bahía de Cochinos, para intentar derrocar a la revolución cubana. El 15 de abril de 1961 comenzaron los bombardeos y el 17 el presidente norteamericano John F. Kennedy ordenó el desembarco en Playa Girón, desplegando unos 1.500 mercenarios. La defensa que se inició con las milicias y se amplió con la llegada del ejército revolucionario logró contener el avance al finalizar la jornada, al tiempo que la aviación neutralizaba el ataque aéreo y a gran parte de los buques de apoyo. Al día siguiente se inició la contraofensiva revolucionaria y el 19 de abril el pueblo cubano alcanzó la victoria definitiva con la captura de casi 1.200 contrarrevolucionarios, la muerte de un centenar y la huida de los restantes.
El ataque, que intentaba derrotar a la revolución, no hizo más que fortalecerla. Al día siguiente del inicio de los bombardeos, el 16 de abril, el pueblo revolucionario movilizado y armas en mano, escuchó el discurso de Fidel Castro, en el que por primera vez se hacía explícito públicamente el carácter de la revolución que ya se estaba construyendo: ésta era, en palabras de su máximo dirigente, “una revolución socialista, aquí, bajo las mismas narices de los Estados Unidos”.
La revolución que triunfó en enero de 1959 no tenía una orientación predefinida. Para el combate común por un cambio de régimen frente a la opresión de la dictadura de Fulgencio Batista, se desplegó la resistencia urbana y la lucha guerrillera, y convergieron en ello nacionalistas, socialistas y miles de luchadores que iban definiendo su proyecto al calor de los acontecimientos, en la medida en que su propia fuerza iba evidenciando hasta qué punto podían cambiarse realmente las cosas. Además, era difícil definirse como socialista o comunista, cuando el único sector de peso en la isla que se consideraba como tal era el PSP pro soviético, que había apoyado a Batista y repudiaba abiertamente a la guerrilla revolucionaria.
En ese marco, el Movimiento 26 de Julio (M-26), encabezado por dirigentes como Fidel Castro, Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos, que en su decisión de lucha y vocación revolucionaria se ubicó a la vanguardia del proceso, no tenía una clara definición socialista, pero sí una voluntad de transformación radical.
Pronto, el mismo desarrollo de la revolución dejaría en evidencia que no existía alternativa. Limitarse a tímidas reformas equivalía a renunciar a resolver las causas profundas que habían dado lugar a la revolución: la pobreza, la desigualdad, el analfabetismo, la falta de tierras, la mortandad, la dependencia económica de EEUU; era renunciar a un proyecto de felicidad para el pueblo cubano, reproduciendo la explotación y la opresión.
De esta forma, el avance del proceso revolucionario se llevó adelante por medio de toda una serie de medidas sociales y económicas (ver recuadro) que en el plano político fueron poniendo en evidencia y crisis a las tendencias más conciliadoras y dando lugar a un inusitado ascenso de la participación popular en la organización de la sociedad. Luego de la toma del poder, al ritmo de los medidas revolucionarias renunciaron primero el primer ministro Miró Cardona y luego el presidente Manuel Urrutia. Y mientras algunos dirigentes de su ala nacionalista como Huber Matos se pasaban al lado de la contrarrevolución, en el M-26 se profundizaban las tendencias hacia el socialismo. Si este movimiento, que había sostenido la resistencia urbana y había bajado triunfal de la sierra, conformaba la dirección indiscutida de la revolución, lo hacía en base a un fenomenal proceso de movilización popular, que se había iniciado en el combate contra Batista y que se había multiplicado tras el triunfo del ’59. Prueba de ello era la conformación de organizaciones de base que se multiplicaron al punto de haber casi una por manzana, constituidas como Comités de Defensa de la Revolución (CDR) a partir de septiembre de 1960. En este marco, decenas de miles de cubanos, con gran participación de la juventud, se movilizaron para iniciar la campaña nacional alfabetizadora desde comienzos de 1961, que se planteaba reducir el analfabetismo de 25% al 4%, una meta que sería prontamente superada con la erradicación definitiva del analfabetismo y la extensión de la escolaridad a toda la población.
Así, en sólo dos años, la revolución cubana había transformado radicalmente las relaciones sociales y la estructura económica en la isla. El socialismo se había evidenciado como la única forma de enfrentar los problemas del pueblo cubano desde su raíz. Ante la apropiación de la tierra en pocas manos y la miseria de la población rural, expropiación y reforma agraria; ante el peso insoportable de los alquileres, expropiación y reforma urbana; frente a una economía regida por el interés privado y marcada por la desigualdad, expropiación de los grandes resortes económicos y planificación centralizada para el bienestar social, garantizando así el pleno empleo y la prestación de servicios sociales para todo el país; frente a un ejército represor que respondía a los intereses de los dueños de la empresas surgía un ejército popular organizado en base al ejército rebelde revolucionario que enfrentaba las incursiones contrarrevolucionarias como la de Playa Girón; en contraposición con las formas de acción política y gestión social restringidas a las clases dominantes y sus partidos y dictaduras aparecía la intervención directa del pueblo trabajador en la organización de la vida diaria y en la orientación de la política nacional.
Es que una lucha por la transformación social, cuando es verdadera, cuando no claudica ni se queda a mitad de camino dejando que se vuelvan a erigir como dominantes los intereses de los capitalistas, cuando lleva hasta las últimas consecuencias la defensa de los intereses del pueblo trabajador, es una revolución que liquida hasta el final las razones más profundas de la desigualdad y la opresión, terminando con la explotación del hombre por el hombre. Ese es el gran ejemplo que nos dejó la revolución socialista cubana: si queremos enfrentar las injusticias debemos ir al fondo de las cosas y eso es absolutamente posible si se asume una lucha firme contra los defensores del sistema actual, si se impulsa la revolución socialista.
Las medidas de 1959-1961
Desde su lucha en la sierra, el ejército rebelde comenzó a tomar medidas, al impulsar una primera reforma agraria, distribuyendo las tierras en las zonas controladas por el M-26.
Luego de la toma del poder en enero de 1959, el gobierno ordenó, en el mes de marzo, una reducción de los alquileres que alcanzaba hasta un 50%. En mayo impulsó la primera ley de reforma agraria(1), expropiando a los propietarios que excedieran las 402 hectáreas, avanzando sobre latifundios locales y grandes compañías azucareras norteamericanas, transformando al sector privado en un mosaico de más de 150.000 propietarios que no alcanzaban esa magnitud, y convirtiendo el 44% de la tierra cultivada en zonas bajo control estatal en “granjas del pueblo”. Ese año también se obligó a bajar las tarifas eléctricas a la compañía norteamericana responsable.
En enero de 1960 se sacaron las tierras a la United Fruit. En junio fueron nacionalizadas las refinerías petroleras de Shell, Esso y Texaco, luego de que se negaran a refinar petróleo crudo de origen soviético. Y en octubre se impulsó la ley de reforma urbana, que liquidaba la propiedad privada de los rentistas, con lo que las familias pasaron a pagar sumas mucho menores al estado para obtener su vivienda; y a su vez, se expropiaron todas las grandes empresas (industrias, transportes, comerciales) incluyendo las últimas que aún quedaban en manos norteamericanas en la isla.
Acompañando a este proceso Cuba avanzó e su independencia frente a EEUU (hasta entonces principal comprador e inversor), se retiró del Banco Mundial, reorientó la exportación de caña hacia el campo socialista y el estado se convirtió en el productor del 90% de las exportaciones.
Así, avanzando sobre la propiedad privada de los capitalistas locales y extranjeros, eliminando la explotación, garantizando el trabajo a toda la población, e impulsando la planificación y la participación de los trabajadores en la organización social, Cuba inició la construcción del socialismo.
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NOTAS
1) La segunda fue en 1963, cuando se bajo a 67 hectáreas el tope máximo para la propiedad individual, expropiando todo terreno mayor.