La gira de Obama

El presidente norteamericano dedicó cinco días de su agenda a visitar Brasil, Chile y El Salvador. En la primera escala, todos los ex presidentes vivos de Brasil, José Sarney, Fernando Collor, Itamar Franco y Fernando Henrique Cardoso acompañaron a la actual presidenta, Dilma Rousseff, en la cena protocolar. Obama habrá extrañado a quien su antecesor llamó “su mejor amigo”, Lula Da Silva, que anunció que no asistiría “para no quitar protagonismo a Dilma”. Además de la cooperación militar contra el “narcoterrorismo”, el tema de fondo de las conversaciones fueron el petróleo brasileño y el comercio internacional (ya que Brasil es el país que más bienes y servicios importa de EEUU).

En Chile, Obama fue recibido por un exultante Sebastián Piñera, que se esforzó en mostrar lo bien que funciona el Tratado de Libre Comercio de 2004, que incrementó en un 300% las importaciones de bienes y servicios yanquis. En Santiago, Obama firmó un acuerdo para la construcción de una central de energía nuclear y recibió un documento de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL) en el cual el organismo regional se refiere a EEUU como “el principal socio comercial individual para América Latina y el Caribe”, y en función de ello le solicita más inversión, más tratados de libre comercio y el “lanzamiento de una nueva era de cooperación económica y comercial”, según dijo su secretaria ejecutiva.

La tercera escala fue El Salvador, donde Obama prometió “una sociedad en toda América Central para fomentar el comercio y el crecimiento económico, combatir el tráfico de drogas y generar oportunidades a fin de que la gente encuentre trabajo en sus países y no sienta que tiene que emigrar al norte para buscar el sustento de sus familias”. Es que El Salvador tiene uno de los mayores índices de emigración en América Central, particularmente hacia EEUU, con casi 3 millones de inmigrantes de ese origen, que anualmente envían a su país remesas por unos 3.500 millones de dólares. El endurecimiento de la represión a los inmigrantes y la política de deportación yanqui sólo preocupan al gobierno salvadoreño porque pueden afectar significativamente su economía.

En los tres países visitados, el énfasis norteamericano estuvo puesto en la apertura de mercados para los productos estadounidenses, y en la cooperación militar frente a las “amenazas de seguridad”, tal como las definen en Washington.

El presidente de El Salvador, Mauricio Funes, quien asumió con el amplio apoyo de los países del ALBA al FMLN, se mostró emocionado por la atención prestada por Obama a la región y señaló: “El tema de seguridad ha sido un punto clave en la reunión que hemos sostenido”. Como prueba de ello, el principal anuncio fue la creación de un nuevo fondo de 200 millones de dólares para financiar la reforma de los organismos de seguridad de Centroamérica.

Mientras Obama, que ordenó el bombardeo a Libia desde Río, ponía en línea a los gobernantes de su patio trasero y actualizaba su agenda de negocios y subordinación militar, miles de manifestantes realizaban marchas y concentraciones en los países que visitó, protestando contra el imperio.