Es indignante la situación en la que nos encontramos y que está afectando al conjunto de nuestro pueblo trabajador. Las condiciones laborales son pésimas, y por eso se multiplican las muertes de obreros, los accidentes de trabajo, la insalubridad... Los capitalistas sostienen estas condiciones con altos índices de trabajo en negro, con leyes de flexibilización que les permiten despedir a su gusto, con una persistente desocupación y un alto grado de subocupación, con acuerdos contra los trabajadores hechos con la burocracia sindical y el gobierno. Acceder a una vivienda digna se ha vuelto un lujo, el vaciamiento de la educación es grosero y al sistema público de salud lo están quebrando. En este marco, nuestro país está lleno de pobres: desocupados, changarines, jubilados, trabajadores en negro o con salarios que no llegan a la canasta familiar… Y quienes logran evitar la pobreza lo hacen muchas veces obligados a sumergirse en interminables jornadas de trabajo, entregando casi todo su tiempo a las patronales, para poder llegar a fin de mes. En fin… estamos girando sobre lo mismo con la permanente lógica capitalista de la explotación. La clase trabajadora sostiene con su esfuerzo y sus privaciones el funcionamiento de toda la sociedad pero obtiene sólo migajas, porque el fruto de su trabajo es apropiado por los explotadores: los dueños de las fábricas y los campos, los banqueros, los comerciantes y sus socios de la política y el estado. Sólo con tanta pobreza, tanta opresión, tanta explotación los empresarios como Cristóbal López (Paraná Metal, Casinos), Paolo Rocca (Techint) o Cristiano Rattazzi (Fiat) pueden vivir, como lo hacen, en medio del lujo y la opulencia. Es la dinámica permanente del capitalismo, contra la que debemos luchar si queremos conquistar una sociedad digna para nosotros y nuestros hijos.
Nada de esto ha sido ni puede ser resuelto por los distintos gobiernos y proyectos capitalistas que se suceden y compiten entre sí. Ni peronistas ni radicales, ni “derechistas” ni “progresistas”, ni los proyectos que ya alcanzaron el poder (PJ, UCR, Alianza, el PS, el PRO) ni los que se proponen como alternativa dentro del sistema (Proyecto Sur) tienen la menor intención ni posibilidad de acabar con las condiciones de explotación que someten al pueblo trabajador a semejantes injusticias. Es que al capitalismo no se lo puede enfrentar con más capitalismo. A la burguesía no la pueden enfrentar sus propios socios y representantes. Sólo el pueblo trabajador puede plantear algo distinto y superador y esto sólo puede hacerse con la lucha y la organización independiente. Ninguna medida enmarcada en los límites institucionales impuestos por la burguesía, ninguna reforma parlamentaria, puede resolver un problema tan profundo como es la imposibilidad del bienestar colectivo en esta sociedad que está estructurada a partir de la explotación de todos los trabajadores para el beneficio exclusivo de una reducida clase de capitalistas. Sólo con una lucha a fondo, para desbancar del poder a los capitalistas y sus socios, con una lucha contra el poder de la burguesía y por el poder de la clase trabajadora, podremos transformar realmente la sociedad y organizarla nosotros mismos, estableciendo el único sistema social que se basa en la no explotación y en el trabajo colectivo para el bienestar común: el socialismo. Sólo con la lucha revolucionaria podremos alcanzar ese cambio fundamental, conquistando un gobierno de los trabajadores.
Por todo esto es que, frente al capitalismo y todos sus lastres, planteamos como perspectiva estratégica, lo que constituye el único camino posible para la liberación del pueblo trabajador: la revolución socialista.
Con la revolución socialista como un norte claro que nos marca un objetivo a alcanzar, la tarea central que se nos plantea es desarrollar la organización, la lucha y el debate político buscando aportar lo más fuertemente posible a esa perspectiva estratégica. Esto implica, por supuesto, evaluar con absoluta rigurosidad la situación que vivimos, sin exagerar ni depositar expectativas en pronósticos catastrofistas, sino poniendo todos nuestros esfuerzos en lo que permitirá realmente impulsar la revolución socialista: el desarrollo de la lucha, la organización y la conciencia política de la clase trabajadora y su vanguardia organizada.
Para ello una tarea de gran importancia es desarrollar nuestra actividad militante, cotidiana, en los ámbitos de organización sindical de la clase trabajadora. Esta tarea implica una completa responsabilidad por parte de los militantes comprometidos con la revolución socialista. Nos plantea impulsar la lucha y ser actores de primera línea en la organización desde las bases de la clase trabajadora, proponiéndonos como delegados, impulsando la formación de comisiones internas, cuerpos de delegados, o disputándoselas a sectores burocráticos y vacilantes, conformando nucleamientos, listas y agrupaciones antiburocráticas, así como cualquier otra forma de organización de base para el desarrollo de la lucha y la conciencia obrera contra las patronales, la burocracia y el gobierno.
El surgimiento de un sector del activismo obrero que lleva adelante su militancia en forma independiente e incluso enfrentando a las burocracias de la CGT y la CTA, es un punto central a desarrollar. Debemos tener en cuenta que en la actualidad, si bien existen estos sectores del movimiento obrero que van despegándose de la ideología dominante, su acercamiento hacia posiciones de independencia de clase está marcado fundamentalmente por la influencia de los partidos reformistas que ponen sus propios límites a partir de concepciones y prácticas como el marcado institucionalismo, el pacifismo, el sectarismo, o la confusión entre las tareas sindicales y las políticas. En este marco, quienes nos planteamos la perspectiva de la revolución, tenemos la necesidad de participar e impulsar la organización y la lucha en estos sectores, para ser los más consecuentes militantes clasistas, defendiendo la unidad de acción con independencia de clase e impulsando los métodos de acción directa de la clase trabajadora. Con esta intervención real, con peso propio, podremos avanzar en la influencia política de las ideas revolucionarias sobre parte del activismo obrero, estableciendo una perspectiva política más allá de la mera lucha sindical, para el combate por un gobierno de los trabajadores.
Junto a este sector vital, también es importante impulsar la lucha y organización de otros sectores populares que pueden aportar a la lucha de la clase trabajadora y a la perspectiva revolucionaria, cuyo actor más importante es el movimiento estudiantil. También aquí se nos plantea desarrollar la militancia desde las bases para impulsar la formación de un movimiento de lucha, combativo y antiburocrático. Sosteniendo esta práctica militante podremos y debemos difundir también las ideas de la revolución socialista, desnudando tanto el papel de la burguesía, como los límites de las corrientes reformistas.
Por otra parte, los compañeros que estamos comprometidos con el programa de la revolución socialista debemos llevar a cabo una tarea central: la organización política de la vanguardia revolucionaria, es decir, la construcción del partido de los trabajadores revolucionarios. El ejemplo destacado del PRT en nuestro país, es un aporte histórico para la definición del tipo de tareas que nos plantea la lucha revolucionaria, cuyos pasos inmediatos y futuros debemos ir estableciendo a partir de una clara y realista lectura de la situación actual.
Es claro que la construcción del partido es un proceso que se desarrolla dialécticamente en relación con la organización y la lucha social. Es decir, que no puede hacerse al margen de la intervención en la lucha del pueblo trabajador (de hecho un partido se nutre de los compañeros que, en el marco de la lucha popular, se acercan a los planteos revolucionarios y a la necesidad del partido). Esto no quita que su impulso hoy depende de los compañeros que ya se han definido por la perspectiva estratégica de la revolución socialista.
En este sentido, los distintos nucleamientos que plantemos una estrategia revolucionaria tenemos responsabilidades. Sobre la base del reconocimiento de que en el momento actual conformamos organizaciones con prácticas y planteos tácticos distintos, debemos desarrollar un debate político franco y profundo y la búsqueda de la práctica común, como aporte para la necesaria tarea de construcción partidaria.
Es importante tener presente que, por la ausencia de un partido de los trabajadores revolucionarios, en la actualidad tenemos importantes carencias.
En primer lugar porque no contamos con una referencia política a la que puedan mirar las masas y sus activistas y que esté planteando una estrategia revolucionara para la toma del poder como perspectiva que se contraponga a los planteos de la burguesía y del reformismo. Existimos organizaciones que tenemos este planteo pero es claro que ninguna cuenta con el nivel de desarrollo e intervención política y práctica que marque efectivamente un camino revolucionario al activismo y a sectores más amplios de las masas.
En segundo lugar, porque carecemos de la necesaria organización y centralización para llevar adelante el conjunto de las tareas que se nos plantean a los revolucionarios. Y esto va desde la sistematización de la militancia sindical para avanzar en el desarrollo en los ámbitos prioritarios, hasta el impulso de tareas partidarias propias de las organizaciones revolucionarias en todos los planos, tanto prácticos como políticos e ideológicos.
Sin una organización revolucionaria distintos compañeros desarrollan su militancia o buscan hacerlo, tomando decisiones individuales, dispersando fuerzas y, en algunos casos, incluso, sin saber cómo pueden aportar con su militancia a la lucha por el socialismo. Sin embargo, los militantes por la revolución socialista debemos organizarnos en un partido que nos permita planificar las tareas de conjunto, estableciendo prioridades, organizándolas desde la realidad cotidiana de los compañeros, para que todos aportemos en un mismo sentido. Esta es la base, además, para prepararse para tareas aún más avanzadas, que sabemos que deberemos ir abordando para poder continuar por el camino de la revolución.
Con esta perspectiva, desde hace algunos años venimos forjando la Organización de Trabajadores Revolucionarios, una organización que, además de que debe ser una contribución para la construcción futura de un partido de los trabajadores revolucionarios, se desarrolla desde el presente, reconociendo las limitaciones propias, pero asumiendo responsabilidades que consideramos centrales para el desarrollo de la organización política de los revolucionarios, como son la planificación colectiva de la intervención militante, el análisis político y la preparación para las tareas estratégicas. Para profundizar esta tarea de construcción, desde la OTR convocamos a acompañarnos en este proceso de organización a los compañeros que asumen la necesidad de la revolución socialista.
Sólo organizándonos desde hoy mismo con una perspectiva revolucionaria, podremos acelerar el paso para alcanzar los objetivos estratégicos para la emancipación de la clase trabajadora en Argentina: la construcción del partido y el impulso de la lucha revolucionaria para la toma del poder y la construcción del socialismo.