Movimiento estudiantil: Avanzar en la organización desde las bases y la lucha

El proceso de lucha que protagonizan los estudiantes de distintos lugares reafirma nuevamente la capacidad de movilización y la combatividad de este sector. Profundizar la lucha para alcanzar las reivindicaciones de cada espacio y del movimiento es su conjunto, y ahondar en la organización antiburocrática, desde las bases, para poder avanzar en la construcción del movimiento estudiantil, son las tareas del momento.
La lucha por la educación pública sigue en pie. Tras semanas de movilización, cortes y tomas de colegios, profesorados y facultades, la lucha continúa en varios espacios, en busca de conquistar las justas reivindicaciones del movimiento.
Y, fundamentalmente, la lucha sigue adelante en la UBA , en las facultades de Sociales y Filosofía y Letras, donde los estudiantes llevan ya varias semanas sosteniendo la toma sin clases (más de tres en Filosofía y más de cuatro en Sociales, al momento del cierre de esta edición), con masivas asambleas y diversas actividades.
La importante disposición a la lucha del movimiento, donde se han destacado, y aun se destacan, el sostenimiento de las tomas sin clases, las movilizaciones y los cortes de calles, avenidas e, inclusive, el Puente Pueyrredón, realizados desde cada espacio o en coordinación, marcan el camino que debe ser profundizado para poder avanzar en la defensa de la educación pública.

El rol del kirchnerismo

A lo largo del conflicto, el kirchnerismo ha intentado, muchas veces, fundirse con el movimiento estudiantil, ocultando su rol como desfinanciador y vaciador de la educación pública. Y esto se dio, tanto a través de la participación de sus agrupaciones estudiantiles en el mismo movimiento, como a partir de declaraciones públicas de Cristina Fernández y varios ministros.
En el conflicto de los secundarios, el kirchnerismo ha buscado de todas las formas posibles descargar toda la responsabilidad sobre el gobierno de Macri, aprovechando la oportunidad, incluso, para hacer campaña. “Los alumnos saben cuáles son sus derechos y reclaman por ellos”, “no me parece demasiado”, dijeron a su turno Aníbal Fernández y la presidenta.
E incluso en la universidad, dónde el financiamiento es aún responsabilidad del gobierno nacional y, además, el kirchnerismo posee importantes espacios de dirección (como los decanatos de las dos facultades más movilizadas, con Trinchero, en Filosofía y Letras, y Caletti, en Sociales), han buscado desligarse de la responsabilidad del lamentable estado de la educación, acusando con total caradurez a la “camarilla radical que gobierna universidad” o a la “oposición” que boicotea el proyecto de presupuesto en el congreso, dónde estarían las partidas para solucionar los problemas edilicios de la UBA.
Un párrafo aparte merecen, sin dudas, Trinchero y Caletti que han ignorado y bastardeado la lucha de los estudiantes, hablando de “grupos minoritarios” o de la “falta de voluntad de dialogo del movimiento”, negándose, hasta el momento, a dar respuestas a los reclamos estudiantiles. Y esto, descaradamente, contra toda la evidencia que marcan las multitudinarias asambleas (donde han llegado a participar más de mil estudiantes por asamblea en cada facultad), la importante participación de base y el sostenimiento de las tomas sin clases (con facultades llenas de actividades de lucha) por ya más veinte días en Filosofía y treinta en Sociales.
Es imprescindible, por lo tanto, insistir una vez más sobre el rol del kirchnerismo como el responsable número uno del desfinanciamiento y el vaciamiento de la educación pública actual. Así se observa tanto en los espacios educativos que aún dependen del financiamiento nacional (como la universidad), dónde son moneda corriente las pésimas condiciones edilicias, los miles de docentes ad-honorem y los salarios de pobreza, como, fundamentalmente, en la aceptación e, incluso, la profundización de la descentralización del financiamiento educativo. Este hecho central, impulsado por la Ley Federal menemista, y consolidado con las leyes educativas kirchneristas, sigue al pie de la letra el manual de los organismo internacionales (BID, BM, FMI), dejando la responsabilidad del financiamiento, no en el estado nacional, sino en las provincias y municipios, siendo ésa la más firme garantía del vaciamiento y la destrucción de la educación pública.

Construir organización antiburocrática y avanzar en la lucha

El movimiento estudiantil protagoniza, sin dudas, su momento de mayor desarrollo en muchos años, tanto a nivel organizativo, como de lucha. Así lo demuestran el importantísimo nivel de convocatoria de las asambleas en cada espacio, la posibilidad efectiva de coordinación a través, por ejemplo, de las asambleas interestudiantiles, y el importante nivel de combatividad, marcado, principalmente, por las tomas, los cortes y las movilizaciones.

En muchos espacios, se ha ratificado la importancia de la organización de base y de la elaboración de un programa con reivindicaciones propias para salir a la lucha. Así había sucedido en Sociales, con la militancia de la Comisión por el Edificio, que condujo a la toma de la facultad en 2008, retomando esa lucha histórica de los estudiantes de la facultad, que se ha renovado este año. Así se evidencia, también, en Filosofía y Letras, donde la Comisión por el Presupuesto, tras más de dos años de militancia y organización, es la que ha contribuido a levantar el programa de lucha actual en la facultad.
Al mismo tiempo, durante el proceso, se han puesto en evidencia las limitaciones de una buena parte de la conducción actual del movimiento. El caso más grave es el de organizaciones como La Mella y Prisma, que han jugado el rol de defensores del kirchnerismo, ante los repudios masivos que bien merecidamente se han ganado los oradores progubernamentales en cada asamblea, y que han buscado, en más de una oportunidad, la forma de desactivar o de encauzar por las vías de la negociación y no de la lucha, el conflicto estudiantil.
Las tareas para el movimiento estudiantil están planteadas. Por un lado, avanzar en la lucha para arrancarle al gobierno (y a sus representantes en las facultades y la universidad) las reivindicaciones en defensa de la educación pública.
Por otra parte, es fundamental realizar todos los esfuerzos posibles para que este histórico conflicto deje un saldo organizativo positivo para el movimiento estudiantil. En ese camino, es preciso fortalecer la participación en los espacios de base y en las agrupaciones antiburocráticas y combativas, y avanzar en la disputa por la conducción de los centros de estudiantes que se encuentren en manos de direcciones vacilantes o negociadoras, o que no desarrollen la potencialidad del movimiento, al no convocar a la organización desde las bases y a la lucha.
Sólo de esta forma será posible continuar con la construcción de un movimiento estudiantil combativo y antiburocrático, que avance en la lucha por más y mejores conquistas en pos de la educación pública.