Europa: Profundizan el ajuste sobre los trabajadores

La crisis económica, que muchos aseguraban ya superada, impacta de lleno en varios países de Europa. Los planes de ajuste ya anunciados en Grecia y en España demuestran que, como sucede en el resto del mundo, los empresarios europeos resuelven sus crisis con más explotación y empujando a la miseria al pueblo trabajador.


Grecia, España, Portugal, Irlanda e Italia, años atrás señalados como “el modelo a seguir”, son actualmente algunos de los países europeos más afectados por la crisis económica internacional. Su realidad viene a confirmar una vez más que la clase capitalista tiene una única salida para este tipo de situaciones que son inherentes a este sistema de explotación. Su plan pasa, nuevamente, por recomponer sus márgenes de ganancia ajustando sobre la clase trabajadora y los sectores populares, impulsando rebajas salariales, recortes brutales del gasto público y social, flexibilización laboral y despidos. Y, por supuesto, para quienes intenten enfrentar estos planes impuestos de conjunto por todos los sectores empresarios, los distintos gobiernos pondrán en acción a todas sus fuerzas policiales o militares para garantizar su orden social y el cumplimiento de las distintas medidas antipopulares a través de la represión.

En este contexto, el de Grecia es, sin dudas, el caso más paradigmático. La imposibilidad de garantizar el pago de los vencimientos de su gigantesca deuda externa y un déficit fiscal superior al 13% del PBI, llevaron al estallido de la crisis en el país helénico. La intervención de las potencias más poderosas de la Unión Europea (UE) y del FMI para aprovecharse de la situación fue inmediata. A su pedido, el primer ministro Yorgos Papandreu lanzó la primera parte del brutal plan de ajuste sobre el cual los empresarios planean salir de la crisis. Entre otras medidas, se aumentarán los impuestos, se reducirán jubilaciones y pensiones, se aumentará la edad jubilatoria y se impondrá una reducción general del gasto público. Con estas medidas, el gobierno griego recibirá crédito de parte del FMI y la UE, por un total de 100.000 millones de euros. Este “salvataje”, claro está, profundizará la ya crítica situación de la economía griega, con promesas de mayores ajustes sobre los trabajadores.

Similar es la situación que se vive en España. Siguiendo los pasos de su par griego, el gobierno de Zapatero ha anunciado un drástico plan de ajuste. Así lo explicaba la canciller alemana y mandamás de la UE, Angela Merkel: “Todos los expertos creen que Portugal, España e Irlanda están en un estado mucho mejor que Grecia. Estos países pueden ver que el camino seguido por Grecia a los lados del FMI no es fácil. Por lo tanto, ellos van a hacer todo lo posible para evitar encontrarse en esa situación y ya han anunciado sus planes de ajuste”. Y Zapatero no se ha quedado atrás a la hora de ajustar. Sobre una clase trabajadora que ya padece una tasa de desocupación que supera el 20%, el gobierno del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) ha anunciado rebajas salariales de un 5% para los empleados estatales para este año (y congelamiento para el próximo), congelamiento de pensiones, aumentos impositivos, reducción de gasto público y directa eliminación de planes sociales, como las ayudas a la maternidad. Y la aplicación del plan, que muchos denuncian como “el mayor plan de ajuste desde la Segunda Guerra Mundial” será supervisada periódicamente por las autoridades de la UE y el Fondo Monetario, que le han hecho llegar una primera felicitación a Zapatero, calificando sus medidas de “apropiadas y ajustadas”.

Desde luego que el ajuste no afectará en absoluto el bienestar de los grupos empresarios y sus servidores. Frente a las medidas anunciadas por el gobierno español y los altos índices de desocupación, contrastan la obscenidad de las ganancias de los directivos de las principales empresas ibéricas. En 2009, por ejemplo, el presidente de Repsol, Antonio Brufau, ha declarado que sus ingresos rondaron los 4.200.000 euros. Similares cifras declararon los responsables del banco BBVA, Iberdrola y Telefónica. A la cabeza del grupo de los “ejecutivos más millonarios”, uno de los máximos directivos del banco Santander confesó haber ganado más de 10 millones de euros en el último año.

Así las cosas, los capitalistas buscarán resolver su crisis con más ajuste y privaciones sobre la clase trabajadora, al tiempo que recomponen la economía y continúan facturando multimillonarias ganancias.

El rol del progresismo


Las respuestas de los gobiernos de la socialdemocracia europea ante la crisis económica ponen en evidencia (una vez más) cuál es el rol que este tipo de gobiernos viene a cumplir. Y ese rol no es otro que el de ser una cara distinta, una variable o alternativa para la clase capitalista a la hora de administrar sus negocios. Eso es lo que se ve en Grecia, con la subordinación a las directivas del FMI del gobierno de Papandreu, dirigente del Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK), que llegó al poder presentado como la “alternativa a la derecha”.

El caso del PSOE en España, con los gobiernos de Zapatero o Felipe González, ha sido levantado infinidad de veces por referentes locales y extranjeros del progresismo como el modelo a seguir para poder conseguir “una sociedad más justa e igualitaria”. Ha sido defendido como la alternativa a los “modelos neo-liberales imperantes antaño” o como el camino posible de “socialismo”. Sin embargo, los brutales planes de ajuste que ahora se aplican sobre la clase trabajadora demuestran qué cerca están el PSOE y el PP (Partido Popular, representante de los sectores más conservadores de la política española) cuando de defender a la clase capitalista se trata. Sus matices se borran y las diferencias que los separan desaparecen a la hora de alzarse como guardianes de la rentabilidad empresaria y de descargar el peso de la crisis, con cuanta medida de ajuste sea necesaria, sobre el pueblo trabajador.

Y así como queda hoy al desnudo en España o en Grecia, es una realidad que se ha repetido y se repite también en otras latitudes. El progresismo y la socialdemocracia no cuestionan ni enfrentan la base del actual sistema de explotación y, por lo tanto, no pueden representar ninguna alternativa para la clase trabajadora.