El gobierno de Cristina Fernández lanzó un nuevo canje de deuda para los bonos en default. Una nueva entrega del kirchnerismo, que sigue pagando la deuda externa, garantizando excelentes ganancias para la banca internacional, sobre el ajuste del pueblo trabajador.
Rápidamente, consiguió el kirchnerismo la aprobación de EEUU, Japón y la comunidad europea para lanzar el canje de deuda para los bonistas que no aceptaron la oferta previa en 2005. Son, en total, casi u$s20.000 millones. La propuesta fue elaborada por el ministro de economía, Amado Boudou, y el secretario de finanzas, Hernán Lorenzino. Entre los bancos acreedores e intermediarios, impulsaron la operación el Citibank, el Deutsche y, fundamentalmente, el Barclays. Este último está a la cabeza del proceso, al tiempo que hace lobby por la compra de nuevos bonos argentinos.
Como no podría ser de otra manera, el canje es sumamente favorable para los acreedores y la banca intencional. “A estos valores pensamos que lo que está ofreciendo Argentina es una propuesta atractiva y esperamos un alto nivel de participación”, dijo claramente Vladimir Werning, directivo del JP Morgan. En el mismo sentido, llegó la felicitación para el kirchnerismo de parte del Banco Mundial. “Junto con la comunidad internacional vemos con buenos ojos y nos parece muy bien el proceso iniciado en Argentina para normalizar las relaciones con los mercados internacionales”, señaló su economista jefe para América Latina, Augusto de la Torre. Y a raíz del debate sobre el uso de reservas para realizar los pagos, restándole importancia, agregó que “hay muchas cosas que se dicen y no necesariamente reflejan la realidad; en cierto sentido las reservas siempre se usan para pagar la deuda”.
En concreto, los analistas pronostican que el canje dejará ganancias para los bancos y para los acreedores (incluidos, claro, los denominados “fondos buitres”, tan criticados por el kirchnerismo) de hasta el 100%. Es decir, en muchos casos recibirán el doble de lo que desembolsaron para comprar los bonos originales. El ex ministro kirchnerista, responsable del anterior canje en 2005 y ahora realineado con Duhalde, Roberto Lavagna lo describió diciendo que “hay una fiesta en el sector financiero, porque la oferta es tremendamente favorable a los de afuera y no al país”.
Una vez finalizado el canje por esta porción de la deuda, el kirchnerismo planea reflotar el acuerdo para pagarle al Club de París. El ministro Boudou aprovechó sus viajes por Europa y EEUU para avanzar con esas gestiones. Así, el gobierno de Cristina Fernández planea cumplir con los pagos que le exigen los organismos internacionales para poder acceder al crédito nuevamente, a tasas más bajas, y continuar expandiendo (y pagando) la deuda externa, para el bien de sus negocios, los de los capitalistas locales y, desde luego, los de la banca internacional.