Para acabar con el capitalismo y su explotación, La revolución es el único camino para los trabajadores

El capitalismo oprime y mata. El capitalismo argentino es una muestra: explotación y privaciones para la clase trabajadora, miseria, hambre y muerte para muchos hijos del pueblo que padecen la pobreza, la decadencia de hospitales y escuelas, la desnutrición, el gatillo fácil... Tanta provocación sólo tiene razón de ser en un sistema como éste, donde la enorme masa del pueblo trabajador está sometida a un régimen de hambre y explotación para garantizar las ganancias millonarias, los lujos y los placeres de un pequeño número de capitalistas.



Si la minoría de empresarios logra mantenerse en la cima del poder, oprimiendo al pueblo trabajador es porque cuenta con mecanismos de dominación. Para los capitalistas, el estado, administrado por los partidos y gobiernos burgueses, es su principal herramienta. Con él aplican su política de “la zanahoria y el garrote”. Por una parte, por medio de sus ministerios y sus planes de “acción social” otorgan pequeñas concesiones, dádivas que nunca atacan los problemas de fondo, mientras por la otra, las fuerzas represivas del estado reprimen e intentan asustar al pueblo trabajador buscando desanimarlo en sus esfuerzos de organización y lucha. La cooptación estatal de los sindicatos y el alineamiento de los burócratas con gobiernos y partidos burgueses es parte de este mismo mecanismo de dominación que intenta mantener la desorganización y pasividad del pueblo.

Para sostener esta maquinaria de opresión, los capitalistas apelan al circo de las elecciones. De esta forma, tratan de inculcarnos la idea de que los trabajadores somos partícipes y responsables de los gobiernos burgueses, aunque todos sabemos que en este régimen sólo tienen posibilidades de acceder al gobierno los políticos y partidos que sirven a los capitalistas en contra de los trabajadores.



Contra el capitalismo, la opción de los trabajadores es el socialismo

Ante un sistema que no tiene nada para darnos más que penurias y desgracia, los trabajadores tenemos una salida: barrer de su lugar de dominio a los capitalistas y a los parásitos que los defienden (políticos patronales, burócratas, represores...), y organizar, nosotros mismos, una sociedad sin explotación, el socialismo.

Somos los trabajadores los que hacemos andar la sociedad y generamos las riquezas que hoy son apropiadas por un pequeño grupo, y somos nosotros, los que conformamos la enorme mayoría de la sociedad, los que podemos tener la mayor fuerza y capacidad de determinación sobre su rumbo. Por eso es que alcanzar una sociedad sin explotación, sin parásitos que vivan del trabajo ajeno, no sólo es imprescindible para poder acabar con tanta opresión y miseria, sino que es, además, algo absolutamente posible, que depende de la claridad política y de la capacidad de organización y lucha que logre forjar el pueblo trabajador.

Conseguir que seamos nosotros mismos los que organicemos la sociedad, es algo que podemos alcanzar, siempre y cuando tomemos el camino de la lucha contra el capitalismo, siempre que nos organicemos para voltear a los gobiernos burgueses y remplazarlos por un gobierno de los trabajadores. Ese camino, el de la toma del poder por parte de los trabajadores, el de la revolución para alcanzar el socialismo, es el único que tenemos los trabajadores para conseguir una transformación profunda, radical, que garantice un futuro digno para nosotros y nuestros hijos.

Por supuesto, si lo que buscamos es sacarle los privilegios a los poderosos (porque sabemos que sus lujos conllevan nuestra explotación y miseria), debemos saber y asumir que ellos se defenderán con uñas y dientes, que apelarán a la violencia, pues lo que se cuestiona es su lugar de dominación. Los capitalistas siempre están dispuestos a usar la represión: es la forma en que intentan sobrevivir como explotadores y es, además, un mecanismo para intimidarnos, para que nos atemoricemos y abandonemos la lucha. Es que el miedo es una gran arma de la burguesía. En nuestro país, por ejemplo, la dictadura del ’76 cumplió un importante papel en defensa del capitalismo, evitando que la lucha de nuestro pueblo avance hacia la revolución, e infundiendo el temor a la organización y la lucha por una nueva sociedad. La democracia que le siguió, desde Alfonsín a la fecha, es la principal heredera y continuadora de ese éxito de la burguesía para imponer su sistema de explotación al pueblo trabajador.

Pero así como el miedo y la resignación son la base sobre la cual los explotadores avanzaron contra la clase trabajadora, por el contrario, la reacción de nuestro pueblo, su decisión de organización y lucha, su apuesta valiente a conseguir un futuro sin explotación para nuestros hijos, es el arma que tenemos los trabajadores para enfrentar a los capitalistas.



Nuestro camino es la revolución

Los trabajadores tenemos montones de ejemplos de solidaridad, coherencia y valentía. Hay miles de compañeros desconocidos que en cada fábrica, en cada barrio, o en cada escuela, se hacen cargo de impulsar la organización y la lucha por cambiar la sociedad. Podemos aprender también de los más grandes revolucionarios que conoce nuestra historia, aquellos que, como el Che Guevara, nos mostraron que con la organización, la perseverancia y el sacrificio, se puede cambiar de raíz una sociedad, luchando hasta el final contra los explotadores, tomando el poder y forjando las bases para un nuevo sistema social.

Los revolucionarios como el Che nos mostraron, justamente, que los trabajadores sólo podremos enfrentar seriamente la explotación y la miseria que trae el capitalismo si hacemos la revolución socialista. Asumir esa perspectiva es ir en contra de muchas voces que nos llaman a la resignación y a que nos mantengamos dentro del sistema. Allí están los defensores más acérrimos del capitalismo como los clásicos partidos patronales (PJ, UCR), pero también están los “progresistas” que sueñan con el imposible de mejorar las condiciones sociales sin abandonar el capitalismo, y está, además, la izquierda reformista, que, aún aceptando que el capitalismo no ofrece salida a nuestro pueblo, llama a los trabajadores a mantenerse dentro de los marcos del sistema, respetando la democracia burguesa, conformándose con funcionar como una oposición que pone límites sin poder cambiar las cosas de fondo y avalando sus mecanismos de dominación como las elecciones. Todos ellos, en el fondo, nos proponen lo mismo: no sacar los pies del plato, admitir las reglas de juego que pone la burguesía y, por lo tanto, resignarnos a vivir bajo el capitalismo sufriendo la explotación, la miseria y la descomposición a la que hoy asistimos.

El camino que debemos seguir los trabajadores es muy distinto: es el camino de la organización permanente y de la lucha consecuente con el propósito de lograr una transformación radical. Ese camino, por supuesto, implica el impulso de luchas sociales, de construcciones sindicales, de mucho trabajo de base, pero asumiendo el esfuerzo por encauzar toda esa energía de lucha en una perspectiva revolucionaria. Para ello, la primera gran meta que tenemos todos los que militamos por el triunfo de la clase trabajadora es lograr construir la organización política que nuclee al conjunto de los activistas que asumen como perspectiva la lucha revolucionaria por un gobierno de los trabajadores en nuestro país. Nuestra organización se propone aportar a esa tarea. Por eso mismo, para avanzar en ese camino, es que convocamos a acercarse a todos los compañeros que compartan la necesidad de dar impulso a la revolución socialista en Argentina.