Editorial

Avanzar en la organización independiente

Ayer, la televisación del fútbol y la ley de medios. Hoy, las asignaciones familiares.
Es evidente que desde la derrota electoral del kirchnersimo, el pasado 28 de junio, el gobierno procura posicionarse de la mejor manera posible para ganar terreno de cara a las próximas presidenciales. Las medidas de puro carácter demagógico impulsadas por Cristina Fernández persiguen un solo fin: recomponer su desgastada imagen para negociar, en las mejores condiciones posibles, el nombre de un sucesor al frente de la rosada. Y hasta el momento, el kirchnerismo no sale tan mal parado de la disputa contra sus adversarios políticos.
Pero mientras el gobierno de los Kirchner intenta desempolvar un discurso teñido de popular, avanza con una batería de medidas que, claramente, golpean al pueblo trabajador. Por un lado, la inflación prosigue su camino ascendente en forma ininterrumpida y los tarifazos, tan sentidos en las boletas de luz y gas, por ejemplo, coronan los aumentos permanentes de los precios.
Además, el gobierno de los Kirchner avanza en la segunda etapa del canje de la deuda en default y en las negociaciones con el Club de París para demostrar, por enésima vez, su decisión de pagar la deuda por sobre todas las cosas. De este modo, los Kirchner, después de años de despotricar contra el FMI, se encaminan hacia un afianzamiento de las relaciones con el organismo, ayer, tan denostado. Una realidad que no sólo demuestra la dependencia gubernamental hacia el imperialismo, sino también, la absoluta impunidad con la que los Kirchner dan vuelta 180º su discurso.
Entretanto, los partidos de la “oposición”, es decir el PJ no kirchnerista, la UCR , el PRO, el ACyS y Proyecto Sur, entre otros, se debaten entre quién es más crítico del kirchnerismo para ocupar un buen lugar en la carrera presidencial. Pero ninguno de ellos cuestiona en lo más mínimo el sistema de explotación, que arroja a miles de trabajadores a la desocupación y a la pobreza, mientras enriquece exponencialmente al empresariado. Así se evidenció en el Coloquio de IDEA, convertido, este año, en tribuna del antikirchnerismo, con la presencia de Duhalde, De Narváez, Aguad (UCR), Pérez (CC) y Pinedo (PRO). Claro, no sólo los partidos de la “oposición” se mostraron críticos al gobierno, sino que fueron los representantes de las principales cámaras empresariales quienes dejaron ver claramente su decisión de reemplazar al kirchnerismo por otra expresión política que continúe garantizando la rentabilidad empresaria.
Pero, por sobre todas estas discusiones, que nada sustancial cambiarán en la realidad del pueblo trabajador, se organiza, no sin sacrificios, paciente y abnegadamente, la clase trabajadora. Se organiza al margen, y muchas veces en contra, de las direcciones burocráticas de la CGT y la CTA. Son los casos de los trabajadores de Kraft y del Subte, por mencionar sólo a los que por estos días protagonizan conflictos no sólo contra el gobierno y la patronal, sino también contra la burocracia sindical. Y éstas, junto a un sinnúmero de otras experiencias, constituyen una seria preocupación para el empresariado, ya que las reivindicaciones de los trabajadores no se estrellan contra las maniobras burocráticas de los jerarcas sindicales y obligan a las patronales a ofrecer respuestas a los reclamos, sin la mediación del sindicato burocratizado y socio empresarial. El desarrollo de cuerpos de delegados y comisiones internas antiburocráticas también son un grave problema para la burocracia sindical, que pone en evidencia su relativa incapacidad para mantener encorsetados a los trabajadores, que ya no confían en sus promesas o, directamente, han padecido demasiadas veces sus entregas.
Ante este cuadro, el empresariado, con la inestimable colaboración de la burocracia, recurre a una y mil maniobras para desarticular el proceso, incipiente aún, de organización independiente. A los intentos de “comprar” delegados, se sucede la persecución sindical, la intervención de las patotas de la burocracia, y, cuando la situación se lo permite, avanzan con el plan de despidos selectivos bajo el brazo.
Se hace necesario perseverar en el camino de organización antiburocrática, delimitando cada vez con mayor claridad la independencia de los trabajadores de la burocracia sindical y de todos los sectores que, sin formar abiertamente parte de la burocracia, apuestan a un entendimiento con ella. Es indudable que los trabajadores no pueden depositar ninguna confianza, ninguna expectativa en la burocracia sindical. No pueden confiar en las direcciones abiertamente propatronales, representadas, fundamentalmente, por los burócratas de la CGT , que, además de ser socios de los empresarios, cuando no empresarios ellos mismos, se fusionan con los sucesivos gobiernos capitalistas, como ocurrió con Duhalde y sigue hoy con los Kirchner. Tampoco pueden confiar en las direcciones que posan de progresistas, cuyos exponentes más claros vemos en la CTA de De Genaro, Yasky y Micheli, que, en nombre de la democracia sindical, encolumnan a parte de la clase trabajadora en un proyecto de conciliación y, en no pocas ocasiones, de apoyo y seguidismo al gobierno de turno, como ocurriera con la Alianza y el kirchnerismo.
En el terreno de la lucha se mide a cada quien. Y en esta batalla no puede haber medias tintas. O se está del lado de la clase trabajadora o se está del lado de los capitalistas, de su gobierno y de su burocracia.
Hoy, mientras el oficialismo y la “oposición” se reorganizan para repartirse los cargos y los negocios del estado, los trabajadores debemos avanzar en la organización independiente, única forma cierta para resistir los permanentes ataques de los capitalistas.