El progresismo ha sido impulsor y sostén de los dos últimos ciclos gubernamentales, por no ir más atrás.
La Alianza se constituyó gracias a la labor de muchos de esos progresistas. Varios antiguos menemistas formaron en 1991, con Pino Solanas a la cabeza y la participación del Partido Comunista (PC), el Frente del Sur, que luego de juntarse con el Frejuso de Chacho Álvarez, conformaría el Frente Grande en 1993. A esta orgánica sumaron, luego, a figuras de la UCR , el Frecilina y el PJ (como Bordón), formando el Frepaso y, luego, tras sumar al radicalismo en pleno, La Alianza. Para entonces, con la participación del Partido Socialista (PS), gran parte del PC disuelto con figurones como Sabatella e Ibarra y con el importante apoyo de la CTA , llegó al poder la fórmula De la Rúa-Álvarez , que pronto dejaría el ministerio de economía en manos de Cavallo y acabaría en desbarranque el 20 de diciembre de 2001.
Por supuesto, como siempre pasa, ya a esa altura los progresistas se estaban reacomodando, Algunos, encantados con las mieles del poder y el dinero fácil del estado no volverían más al ruedo “progre”. Pero muchos otros se fueron bajando paulatinamente del gobierno que habían construido, para pasar a criticarlo y, luego de finalizado, volver a la misma empresa.
Pasado el fiasco de La Alianza , el kirchnerismo vino a cumplir un rol similar. De hecho, para que se sostenga su gobierno, fue (y aún sigue siendo) fundamental el aporte de muchos de estos “progresistas”, Es el rol jugado por organismos de DDHH como madres y abuelas de plaza de mayo, el apoyo y participación de varios ex frepasistas (figuras como Álvarez, Garré, o Ibarra son o han sido parte importante del gobierno), de gran parte del PS, del PC (que hasta organizó la campaña en la ciudad con Heller a la cabeza) y de otros grupos o figuras como Sabatella y Libres del Sur. En este marco, ha sido fundamental el inicial apoyo y la virtual tregua de más de cinco años otorgada por la CTA , que incluye la defensa explícita del gobierno por parte de dirigentes de primer nivel, como su secretario general Hugo Yasky y los chupamedias Depetri y D'Elía.
Y una vez más, como sucedió cuando se desmoronó el menemismo, al que muchos de ellos apoyaron, y como sucedió también al caer La Alianza que construyeron, los progresistas vuelven a acomodarse, ahora que se agota el kirchnerismo, al que han estado apoyando. Se recauchutan, se disfrazan y vuelven a salir a escena para prometer una “nueva alternativa”. Ahí están ¡una vez más! los “progres”: Pino Solanas, Sabatella, De Genaro, Lozano, Libres del Sur, el PS y el PC... La misma CTA que juntaba firmas “contra la pobreza” en diciembre de 2001, mientras miles luchábamos en las calles para voltear al gobierno, la misma CTA que hoy sigue, una y otra vez, guiñándole el ojo al kirchnerismo, se distribuye entre los partidos de Solanas o Sabatella buscando ser eje articulador del progresismo que vendrá.
Para los trabajadores y sus organizaciones, lo fundamental, ante esta grotesca reiteración, es poder sacar un justo balance de las recurrentes bancarrotas a las que nos ha llevado el “progresismo”, que ahora buscará arrastramos de nuevo, si lo dejamos.
Hoy, junto a tantos luchadores honestos y valiosos, veremos aparecer nuevamente (ya estamos viendo) a muchos de estos “progres” que intentan mezclarse entre nosotros, en las asambleas, en las movilizaciones y en las organizaciones obreras y populares.
Así, por ejemplo, Barrios de Pie, que ayer le hacía de patovica al gobierno represor, trata de mostrarse hoy como uno más de nosotros. Lo mismo, los burócratas de la CTA , que se robaron con fraude la seccional docente de La Plata , que atacaron sistemáticamente las luchas independientes en Fate o en el Garrahan, que se codearon con este gobierno hambreador y evitaron permanentemente el paro y la confrontación necesaria para defender los intereses de los trabajadores, son ahora ¡una vez más! los articuladores del progresismo. También el PC y el PS desempolvarán seguramente sus banderas rojas cuando lo crean necesario, aunque para tratar de llevamos, nuevamente, al gran “frente progresista” que contribuirá a recomponer este régimen podrido y colocar en el gobierno a una nueva figura patronal. Ahí están viejos “nuevos líderes”, como Solanas para darles paraguas a todos ellos.
Sacar un balance de tantos fiascos progresistas, significa, para los trabajadores, defender como un baluarte nuestra lucha y nuestra independencia de clase.
Muchas veces nos han querido convencer de que no es posible luchar hasta cambiar realmente las cosas, que la revolución “no es viable” y que el socialismo “es inalcanzable”. Con ese cuento nos han convocado una y otra vez a buscar las salidas “posibles” del progresismo y el populismo, las cuales terminaron con la desocupación masiva y las privatizaciones del menemismo, con la bancarrota y la represión de La Alianza , y con el empobrecimiento y la degradación social de la que somos testigos con el kirchnerismo.
Cada vez que el pueblo trabajador le ha creído a los partidos patronales, y muy particularmente a su versión remozada de los progresistas, lo único que ha hecho es patear hacia delante la posibilidad de organizarse para un cambio profundo y verdadero, y, mientras tanto, entregar su vida y la de sus hijos al saqueo de los empresarios que nos gobiernan.
Contrariamente, nuestra organización independiente y nuestra lucha consecuente son nuestro único camino.